Juan Cuvi, director de Donum y docente universitario

“No hay otra opción que la renuncia del Presidente y la Vicepresidenta”

- 15 de julio de 2018 - 00:00

En ese país llevan 86 días de protestas y hay 351 muertos. La ONU y la OEA deben tener una postura clara.

Es exdirigente de Alfaro Vive Carajo. Fue a Nicaragua en 1979 y se quedó hasta 1980 para apoyar la revolución sandinista que luchó contra Anastasio Somoza. Allí fue integrante de las juventudes rojo-negras. Juan Cuvi es máster en Desarrollo Local y  Director de la Fundación Donum, en Cuenca. También es docente en la Universidad Salesiana.

Él conversó con este Diario sobre la situación del país de los poetas Rubén Darío y Ernesto Cardenal.

La situación en Nicaragua empeoró. Hay 351 muertos y el Gobierno se niega a adelantar las elecciones.

Creo que las elecciones adelantadas son un saludo a la bandera. En Nicaragua no hay otra opción que renuncie el presidente Daniel Ortega y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo. Tienen 351 muertos encima y sería una vergüenza que no respondieran por ellos. Para preservar la paz, la democracia y los derechos de la gente tienen que dimitir. En estos casos esos autoritarios se sostienen por cualquier medio y la violencia es el primero.

Pero Daniel Ortega dice que no renunciará.

Esa nación debe seguir protestando en las calles hasta que la situación sea insostenible y Ortega tenga que renunciar. Hay que ver lo que dicen las Fuerzas Armadas, que han mantenido un silencio cómplice con el poder. Han actuado de forma  irresponsable porque la situación es gravísima. El problema es que esta lógica de violencia termine en una confrontación civil que no sería raro. Nicaragua tiene fresca todavía la insurrección contra Somoza, que fue hace 40 años. Eso sería catastrófico para ese país, habría que llevar a la justicia a todos los responsables de estos crímenes.

Personalidades como el escritor y exsandinista, Sergio Ramírez, pidieron que Ortega diera un paso atrás y la intervención de las Naciones Unidas (ONU).

Los organismos internacionales debían plantearse, como en la época de Somoza, una postura clara para defender los derechos y la democracia nicaragüense. Ortega traspasó todo límite de manejo racional de la política. Y no podemos admitir que tenga hordas de encapuchados agrediendo y asesinando a civiles. Eso es inaceptable. Por ello se requiere que la comunidad internacional asuma una postura firme, no de intervención, frente a un gobierno que ya está totalmente ilegitimado. Hay que buscar a los organismos de Derechos Humanos y pedir su intervención de manera directa para precautelar la vida de la gente y dar informes imparciales que señalen a los responsables de esos crímenes. Tampoco Ortega se va a ir y dejar en la impunidad esos asesinatos.

La OEA también se ha pronunciado en contra de la violencia de Nicaragua.

Los organismos internacionales deben condenar el régimen de Daniel Ortega y pedir veedores de distintos países para visitar Nicaragua.

No es conveniente que la OEA defina una expulsión porque Ortega tendrá un discurso nacionalista en contra de la OEA para ratificar su política de masacre al pueblo.

Nicaragua está viviendo algo parecido a Venezuela. Nicolás Maduro también está aferrado al poder y consiguió la reelección con todas las funciones del Estado en sus manos.

En Nicaragua es peor porque hay homicidios. Ya existen fuerzas dedicadas a eliminar a los que salen a las calles, de manera selectiva. La situación del país centroamericano es mucho más grave que la de Venezuela. En Nicaragua están matando a gente para sostener una serie de negocios privados, muchos de ellos articulados con capitales transnacionales que no tienen coherencia con el sandinismo de los años 70. Este condujo a la derrota de Somoza, es decir, de sandinista a Daniel Ortega no le queda ni la más mínima expresión.

En cambio, en Venezuela hay un régimen que se desapegó de las aspiraciones de una sociedad que quería un cambio. No es sostenible que expulsen a los venezolanos a otras naciones vecinas. Siempre he dicho que allí se necesita una salida democrática y de respeto por los derechos y la libertad del pueblo.

¿Qué pasa con los gobiernos que quieren eternizarse en el poder y son populistas?

Los populistas no son de izquierda, sino de derecha. Nunca comprendieron la importancia de la democracia, no como una formalidad electoral, sino como la posibilidad de que las bases sociales y el pueblo construyan su futuro. Esto implica de alguna manera ceder el poder y permitir que sea manejado por la sociedad. Los populistas simplemente se quedaron como burócratas “indispensables”, pero con una gravedad: ese esquema para mantenerse en el poder siempre termina en violencia desde el poder. Eso ocurre en Nicaragua, en Venezuela y sucedió en Ecuador, pero ventajosamente ya nos libramos del expresidente Rafael Correa.

Un denominador común en estos gobiernos autoritarios es la corrupción. En Ecuador se han destapado muchos casos, ¿qué significa esto?

Los gobiernos populistas, como el de Correa, se asientan en 3 pilares: corrupción, nepotismo y arbitrariedad. Gobiernan con la gallada, administran alegremente los fondos y roban. Por eso no existe el populismo de izquierda, sino un proyecto reaccionario, autoritario, de control político de la sociedad para beneficiar a grupos  reducidos. Ese populismo ya lo hemos vivido en Ecuador, con Correa; en Argentina, y hoy en Venezuela y en Nicaragua. (I)  

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