Líderes políticos españoles chocan en un intenso debate

- 23 de abril de 2019 - 19:36
El debate, en el canal privado Antena 3, fue más intenso y tenso que el mantenido un día antes en la estatal TVE.
Foto: EFE

Los aspirantes a gobernar España mantuvieron la noche del martes 23 de abril un debate televisado duro e intenso, con acusaciones constantes, en un intento de atraer al importante número de votantes indecisos.

Entre reproches, interrupciones y reiteradas acusaciones de mentir, el presidente del Gobierno, el socialista Pedro Sánchez; Pablo Casado, principal líder de la oposición (PP, centroderecha); Albert Rivera (Ciudadanos, liberal), y Pablo Iglesias (Podemos, izquierda) disputaron agriamente sobre impuestos, empleo, la cuestión del separatismo en Cataluña, corrupción, aborto o servicios públicos.

El debate, en el canal privado Antena 3, fue más intenso y tenso que el mantenido un día antes en la estatal TVE, con un formato más dinámico pero que favoreció también los enfrentamientos.

Sánchez insistió en su estrategia de recordar las medidas que ha tomado su Gobierno en los diez meses que lleva en el poder, especialmente las de carácter social, y las que su partido (el PSOE) promete implantar si continúa en el poder, "mirando al futuro" y promoviendo la justicia social.

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Intentando mostrar un tono más presidencial que sus rivales, Sánchez reprochó repetidamente a Casado y Rivera el pacto de sus partidos con el ultraderechista Vox para alcanzar el gobierno de la región de Andalucía.

Con el PSOE por delante en las encuestas, el jefe del Ejecutivo optó por no arriesgar y pidió "concentrar todo el voto posible en el único partido que puede derrotar a las dos derechas y a la ultraderecha".

El conservador Casado, cuyo Partido Popular es actualmente el más numeroso en el Parlamento, insistió en atacar a Sánchez por sus políticas económicas, que según aseguró llevarán al país a la ruina. En cambio, prometió bajar los impuestos, algo que prometió creará 400.000 puestos de trabajo. "Somos la única alternativa a Sánchez", afirmó.

Casado, ante el peligro de que Ciudadanos y Vox le están arrebatando buena parte de sus votantes tradicionales, apeló a los ciudadanos a "unir ese voto" en el PP, especialmente contra los independentistas.

Rivera, igual que el lunes, adoptó un papel más dinámico y agresivo, tanto contra Sánchez como contra Casado, y de nuevo se apoyó de forma abundante en documentos o gráficos. Aseguró que España afronta "una situación de emergencia nacional" por la cuestión de Cataluña.

Campeón de debate cuando era estudiante universitario, el dirigente liberal miró en varias ocasiones a la cámara, apelando directamente a los espectadores, e intentó posicionarse como una alternativa a Sánchez más moderna que el PP de Casado, como por ejemplo en su apoyo a una ley de eutanasia, algo que rechazan los conservadores.

Su actividad fue tal que Pablo Iglesias le reprochó en una ocasión: "esa táctica de usted de interrumpir todo el rato es propia de maleducados".

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Iglesias adoptó de nuevo el papel de mantenerse al margen de la forma en que se desarrollaba la discusión, lamentó el tono del debate y reconociendo tener "muchísima vergüenza" y pidió a sus tres rivales mejores formas, "sin insultar", por respeto a los espectadores y votantes.

No dejó de desgranar con tono metódico sus propuestas sociales a favor de aumentar los impuestos a los más favorecidos para mejorar la financiación de las pensiones, la educación, la sanidad o la vivienda. Y también fue el único que planteó temas olvidados, como las zonas rurales y en recordar que tras las elecciones habrá que pactar de forma constructiva un gobierno de coalición.

El Partido Popular y Ciudadanos reiteraron sus acusaciones a Sánchez de pactar con los independentistas catalanes, algo que el líder socialista rechazó nuevamente de plano: "No es no. Falso es falso", recalcó Sánchez.

En una discusión que se prolongó durante dos horas, los cuatro se esforzaron en mostrar sus diferencias, no hablaron mucho sobre posibles pactos, algo que será necesario porque todas las encuestas, si bien coinciden en la victoria socialista, también recalcan que harán falta dos o más partidos para forjar una mayoría de gobierno.

La ley electoral española impide publicar encuestas desde el martes 23 de abril hasta los comicios del domingo 28 de abril, por lo que no será posible medir el impacto de los dos debates televisados en los aproximadamente seis millones de indecisos que se calcula que hay todavía en estas elecciones, posiblemente las más disputadas de las últimas décadas. (I)

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