En Gaza, ni siquiera los gatos o los perros del vecindario pueden beber agua

22 de marzo de 2018 10:30

Desde hace meses, el palestino Salim Miqdad, de 42 años, y dos de sus hijos, recorren medio kilómetro con tres cubetas de plásticos que rellenan cada una con 18 litros de agua de la desalinizadora local del campo de refugiados de la playa, Shati, en el oeste de Gaza capital.

"Desde hace tiempo, el agua que sale por el grifo de casa se ha vuelto gradualmente salada y nadie en la familia puede beberla, ni usarla para cocinar o para preparar té o café", explica a Efe Miqdad: "Ni los gatos ni los perros del vecindario pueden beberla", sentencia.

El padre de esta familia de nueve miembros, que trabaja como profesor, asegura que el agua corriente de su hogar solo puede usarse para baños y para lavar platos y ropa porque la que necesitan potable para consumir hay que comprarla y supone un gasto de 100 séqueles al mes (30 dólares), de un salario de 400 dólares.

Cuando el mundo conmemora el Día del Agua, los expertos coinciden en que la Franja de Gaza está en riesgo de quedarse sin agua potable en los próximos meses, debido al aumento de la contaminación en un 97% que ha despertado un profundo temor entre la población por la propagación de enfermedades graves.

Miqdad no es el único ciudadano de la Franja de Gaza que se queja de esta crisis, los más de dos millones de personas del enclave costero, bajo un estrecho bloqueo israelí desde 2007, están afectados por la falta de este recurso básico.

La polución en la Franja de Gaza ha crecido debido a que el agua del mar del enclave costero registra un 73% de contaminación y los casos de diarrea entre niños menores de tres años han aumentado un 80%, según el centro local Al Mizan de Derechos Humanos.

Su último informe afirma que "estas cifras horribles son un indicador de la contaminación del agua y su falta de calidad", y la atribuye "al incremento de sales y al alto porcentaje de nitratos que tienen efectos negativos en la salud humana, especialmente los niños y las mujeres embarazadas".

Camiones, camionetas y carros tirados por burros y caballos llenan estos días, día y noche, pequeños tanques con agua potable de las desalinizadoras locales, principalmente en los barrios superpoblados, para vender a los residentes.

"La grave crisis del agua en Gaza obliga a los ciudadanos a comprar agua potable de plantas privadas de desalinización que también enfrentan problemas relacionados con la contaminación biológica", alerta Sheij.

Esto supone otro riesgo, ya que según el dirigente los procesos de llenado y descarga de agua aumentan la contaminación que, nuevamente, empeora en los depósitos informales de los ciudadanos. (I)

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