Ecuador está cerca de la Alianza del Pacífico

- 17 de marzo de 2019 - 00:00

La actual situación de Nicaragua, Venezuela y Haití, por solo poner tres ejemplos, nos recuerda a los demás países de América Latina y el Caribe que las cosas siempre pueden ir peor. 

Pero, ¿las circunstancias también pueden cambiar?  Si nos atreviéramos a desarmar nuestros viejos paradigmas, que a estas alturas tienen estatus de monumentos de acero, quizá podríamos considerar la opción de ir contra nuestra corriente y no hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes.

En materias internacionales ir contra la corriente supone no oponerse al mainstream, o corriente principal, simplemente por estar en contra de algo que parece provenir del Hegemón, sino que implica mirar de manera verdaderamente crítica, aquellas decisiones de política internacional que una y otra vez han demostrado fracasar y considerar las decisiones de política internacional que a otros países parecen haberles reportado mejores resultados.

En consecuencia, los países deben definir si quieren una política internacional para aislarse, para combatir a algún enemigo global, para confrontar a un vecino, para sumarse a algún esquema de integración sin más consideración, o para producir desarrollo. Estas son las que hemos usado en América Latina y el Caribe. De todas ellas, solo la última ha tenido éxito, si consideramos que éxito es conectar una política pública con el mayor bienestar de su población y no solo satisfacer el ego de alguna clase o grupo en el poder. Si bien es cierto que la política debe escuchar la voz del pueblo en su sentido más profundo, como alguna vez sentenció François Mitterrand, también debe atender a sus urgencias de corto plazo. Balancear la insalvable tensión entre los principios y los intereses del país supone una dosis importante de pragmatismo, lo que no implica vaciarse de moral y de ética, sino que más bien supone priorizar por aquello que le permitirá a los ecuatorianos tener la opción de elegir los caminos siguientes. El bienestar, no solo el espiritual, no puede ser postergado eternamente.

Entre muchos, ¿qué paradigmas deberíamos desarmar o reconsiderar? A mi juicio, nuestra clásica idea de interactuar con el mundo mediante esquemas de integración cerrados y solo desde un tipo de apertura. Un país pequeño no puede darse el lujo de ser maximalista, está obligado a ser pragmático y práctico. Frente a las enormes oportunidades que ofrece Asia, esto implica tener conciencia de las escalas.

Por ejemplo, durante el Primer Foro Académico de Alto Nivel CELAC-China (FAANCC), realizado en Cepal (Chile) los días 17 y 18 de octubre de 2017, en el que me correspondió intervenir, tuve la oportunidad de escuchar una idea que me parece muy inspiradora para nuestra región y especialmente para los países que pertenecen y que deberían pertenecer a la Alianza del Pacífico, como es el caso de Ecuador.

Un representante chino planteó que ellos pensaban que esa era una discusión sin sentido. En términos muy claros, porque era una reunión bajo la Regla de Chatham House (sinceridad y reserva plena), nos planteó que no estábamos comprendiendo los datos básicos de la economía global y, menos aún las oportunidades que pueden abrirse a nuestros países para incorporarse a las cadenas globales de valor de Asia.

La costa que va entre Panamá y Magallanes es casi simétrica a la costa que integran los países miembros de la Alianza del Pacífico, con la excepción de Panamá y Ecuador. Por su ubicación estratégica y por su infraestructura portuaria, Panamá tiene vida comercial propia, pero no es el caso de Ecuador.

Ecuador necesita ingresar a la Alianza del Pacífico, como un esquema de integración global, que le permita acceder a cadenas de valor regional para participar más eficientemente de las oportunidades de Asia, donde ha estado el mayor dinamismo económico mundial en los últimos 50 años.

Para alcanzar este objetivo, el país ya ha hecho las gestiones diplomáticas, por lo que Ecuador tiene estatus de observador, pero junto a un total de 54 países.

Este panorama desafiante puede ser compensado con una estrategia y con una preparación adecuada, reforzando el vínculo del país con Colombia, Chile, México y Perú. Sin embargo, y dadas las contingencias de aquellos países, este no es un logro que se pueda alcanzar con el solo gesto de haberse convertido en observador.

Se requiere más, porque otros pujan por entrar, porque las oportunidades en Asia no esperan por nadie y se requiere más por el imperativo del desarrollo, el bienestar y la equidad que demanda el pueblo ecuatoriano. Sobre esta posibilidad, se debe tener plena conciencia de la feroz urgencia del ahora, como dijo alguna vez Martin Luther King. (I)  

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