Demócratas y republicanos ofrecen caras distintas ante las primarias

- 01 de marzo de 2020 - 00:00

Según analistas, el relativo éxito económico del presidente Donald Trump hará el trabajo de los demócratas para llegar a la Casa Blanca un poco más difícil. Estos, por su parte, muestran división interna, lo que lastra su camino.

Con la elección presidencial que se avecina, la atmósfera política en EE.UU. está más tensa. Desde que ganó el cargo en noviembre de 2016, Donald Trump ha roto los tabúes con su estilo de liderazgo, “único en su clase”.

Las señales apuntan a la continuación de una administración al estilo de Trump. Luego de que Trump fuera declarado inocente en su juicio político, o impeachment, con el apoyo de la mayoría republicana, Estados Unidos ha cambiado su enfoque únicamente hacia las elecciones.

El hecho de que las primarias presidenciales del Partido Demócrata hayan comenzado con los contendientes en conflicto entre sí, ha puesto el foco en la política interna estadounidense.

El proceso de las primarias demócratas comenzaron con las asambleas electorales de Iowa y New Hampshire, pero el resultado no será definitivo sino hasta el “supermartes” (3 de marzo), como se le conoce en Estados Unidos al día en el que un mayor número de estados realizan elecciones primarias.

En el contexto del “supermartes” se decidirá la posición de estados, como California, Colorado, Virginia, Carolina del Norte, Texas, Arkansas, Alabama, Maine, Massachusetts y Minnesota, todos ellos con poblaciones y delegados diversos. Por esa razón, el 3 de marzo será una fecha significativa y decisiva para los demócratas.

Caos electoral

Las irregularidades y errores en las primarias de Iowa podrían llevar a una erosión del apoyo público a los demócratas. Los demócratas pidieron una investigación sobre las irregularidades y errores después de las elecciones de 2016, alegando que había fuertes dudas sobre la participación de Rusia, lo que no resultó concreto desde el punto de vista jurídico.

El público estadounidense podría apoyar a Trump al creer que el Partido Demócrata ya no funciona correctamente, y que acusó falsamente al presidente de irregularidades en las elecciones e intentó destituirlo con un caso relacionado con Ucrania.

Las últimas encuestas de Gallup indican que el presidente republicano tiene al menos un 10% más de apoyo público que antes del juicio político.

Así, los problemas de los demócratas en las primarias y en el juicio de destitución les ha costado un poco de apoyo de los ciudadanos estadounidenses. Uno de los asuntos más importantes para los demócratas es probar que Trump es una “elección equivocada”.

Uno de los argumentos de los demócratas es que su uso de los medios de comunicación social y los debates públicos con altos funcionarios, e incluso con sus propios secretarios de gabinete están en abierto conflicto con los valores estadounidenses y hacen que el aparato estatal carezca de sentido.

Además, los problemas con los aliados europeos de Estados Unidos en la era Trump (especialmente en materia de comercio y seguridad), el debilitamiento del bloque euroatlántico y las críticas porque los desacuerdos en el seno de la OTAN benefician a Rusia y a China también reflejan el enfoque de los demócratas en materia de política exterior.

Una cuestión es que después de ciertos desacuerdos con algunos aliados “tradicionales”, estos países se están alejando más de EE. UU.

En este contexto, parece que las posturas de países como Pakistán y Turquía estarán entre las cuestiones que los demócratas mencionarán con frecuencia, porque la convergencia entre Turquía y Rusia suscita más interés entre los demócratas que Trump.

La ventaja de Trump

Según analistas, el éxito económico de Trump hará el trabajo de los demócratas un poco más difícil. Durante su presidencia, Trump ha priorizado la producción y el crecimiento, y ha logrado reducir el desempleo.

Con el acuerdo comercial con China, firmado en enero de 2020, se dio un paso para proteger los mercados estadounidenses. La actualización del Tratado de Libre Comercio de América del Norte o TLCAN (creado por EE. UU. junto con Canadá y México) en dirección a los intereses de empresas estadounidenses que empiezan a volver a invertir en el país también se cuentan entre los logros.

La reforma de la salud de Barack Obama, la retirada de los acuerdos medioambientales en la ONU y las medidas agresivas para la producción de gas y petróleo también se consideran logros, mientras los demócratas los consideran pasos en falso. Los cambios en la ley de inmigración, aún en suspenso, han decepcionado a los partidarios de Trump y al ala conservadora del Partido Republicano.

Pero para los demócratas la ley de inmigración es un intento por construir muros en la frontera mexicana y dar una bofetada de doble rasero a los inmigrantes.

Una situación similar se ve en el control de armas. Aunque Trump quiere una legislación para atraer a los partidarios de las armas, los demócratas se oponen a esto. En este tema el país no halla un término medio, junto con la ley de inmigración y la reforma de la salud.

Las políticas de Trump en Oriente Medio no son totalmente rechazadas por los demócratas, pero iniciativas como el “Acuerdo del Siglo”, para impulsar las perspectivas electorales del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, son vistas como intentos que podrían alejar a los aliados estadounidenses en la región.

Una situación similar se aplica a las relaciones con Rusia. En la época de Trump, los demócratas hacen hincapié en la convergencia de Rusia con las regiones de la antigua Unión Soviética e incluso en su visibilidad en Oriente Medio.

También ven la profundización de las relaciones entre China y Rusia, y entre Rusia e India como acontecimientos negativos para EE.UU., y acusan a Trump de no haber trabajado en estos temas.

Trump está casi seguro de que será el candidato presidencial de los republicanos. Varios candidatos que aspiraban a presentarse contra él no han encontrado suficiente apoyo y se han retirado. El único que sigue en carrera es el exgobernador de Massachusetts, William F. Weld.

Aunque hay facciones que critican a Trump dentro del partido republicano, este ha logrado dar sus pasos al unísono. Esta unidad también se vio en ambas alas del Congreso durante el juicio político. Solo Mitt Romney votó en contra de Trump entre los republicanos del Senado.

Incluso el presidente ha cortejado a los evangélicos, dándole su vicepresidencia a Mike Pence, y quienes además apoyan sus planes en Medio Oriente y el llamado “Acuerdo del Siglo”. Los estados del sur y los estados republicanos del medio oeste están contentos con las políticas de administración de Trump.

A pesar del apoyo que esperan, los demócratas siguen lidiando con sus desacuerdos y fragmentaciones internas. Los demócratas se enfrentan a una confusión, a pesar de mantener la mayoría en la Cámara de Representantes.

El enfoque izquierdista, representado por el senador de Vermont, Bernie Sanders, que se presentó contra Hillary Clinton y perdió en las elecciones de 2016, y el enfoque general “liberal moderado” del partido están en conflicto.

Los demócratas están preocupados por esta cuestión, que también siembra divisiones entre los votantes urbanos y rurales. (I)

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