Caos y cuerpos apilados por crisis sanitaria en la Amazonía

- 12 de mayo de 2020 - 00:00
En el cementerio municipal de Manaos, Nossa Senhora Aparecida, están abriendo fosas comunes para sepultar a las víctimas mortales de covid-19.
Anadolu

Amazonas, al norte de Brasil, es el decimotercer Estado del país en cantidad de habitantes. Sin embargo, hoy ocupa un trágico quinto lugar entre los Estados con mayor cantidad de muertos por coronavirus, con 1.004 fallecimientos y la primera posición entre casos confirmados y víctimas mortales por habitantes.

Son 12.599 casos confirmados y 12 profesionales de la salud fallecidos (más de mil ya fueron separados de sus funciones por prevención) desde que la pandemia llegó al Estado, el pasado 13 de marzo, cuando se confirmó el positivo de una mujer de 39 años que aterrizó en Manaos el 11 del mismo mes, proveniente de Londres.

Amazonas es hoy el ejemplo de lo que muchos especialistas advirtieron cuando hablaban de “colapsos en el sistema de salud”.

Manaos, la capital, tiene casi dos millones de habitantes entre los cuatro millones de amazonenses y allí se encuentran casi todas las unidades de terapia intensiva del Estado, que no son muchas. De hecho, tiene solo 19 por cada 100.000 habitantes. 

En Manaos, la Secretaría Estatal de Salud contabiliza 680 muertos por coronavirus y 7.198 casos confirmados.

Sin embargo, la feria que vende pescados está abierta y por las calles cercanas al puerto personas deambulan, con y sin máscaras médicas.

Desde comienzos de abril, una imagen que se replica en la mayoría de los hospitales de la capital es la de personas en los corredores, otras muriendo antes de ser atendidas, ambulancias sin lugar para dejar a los pacientes y, sobre todo, mucha desesperación. Las unidades de terapia intensiva ya superaron el 90% de ocupación total.

El caos también se refleja en el sistema funerario estatal. El cementerio municipal de Manaos, Nossa Senhora Aparecida, llamó la atención por una serie de fotos desoladoras en las cuales los fallecidos por coronavirus eran enterrados en fosas comunes.

“Apilan cuerpos, uno encima de otro, sin ninguna identificación. Tuvimos que arriesgarnos dentro de los frigoríficos para encontrar el cuerpo de nuestro padre”, comentó su hijo Máximo. (I)

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