El caos en Washington enmudeció al mundo

Cada pronunciamiento de Donald Trump tiene un alcance global e inmediato.
07 de enero de 2021 08:31

Si el planeta entero se sorprendió en 2020 por el acelerado avance del coronavirus, seguramente con lo sucedido en Estados Unidos –este miércoles- se quedaría estupefacto. Las imágenes transmitidas en directo por los principales medios de comunicación de ese país solo nos hubiésemos imaginado en una producción de Hollywood.

En la memoria del mundo entero quedarán por mucho tiempo con claridad los cientos de manifestantes que intentaron irrumpir en el Capitolio, considerado como uno de los “símbolos más reconocidos de la democracia representativa del mundo”, frase que reza en la guía que reciben los turistas cuando llegan al Centro de Visitantes de esta enorme infraestructura, localizada en el corazón de Washington.

Se trató de un caso insólito, mucho más si se considera que a la hora de los hechos vandálicos en la capital estadounidense se cumplía una trascendental sesión, que muchos preveían que podría finalizar con la certificación del triunfo del demócrata Joe Biden en las elecciones del pasado 3 de noviembre. Sin embargo, no sucedió así, al menos no en un primer momento.

Transcurridas algunas horas de aquel nefasto episodio para el olvido, todos nos preguntamos: ¿Cómo llegó a suceder? La respuesta no es sencilla porque la política es dinámica y, al igual que otros lugares del mundo, genera posiciones (y también pasiones) encontradas.

Sin embargo, lo que sí queda claro es el enorme poder que hoy en día puede llegar a tener un mensaje transmitido a través de los medios de comunicación y las redes sociales. No se trata de una exageración: solo en su cuenta personal en Twitter, el mandatario estadounidense -al que apenas le restan dos semanas en el poder- posee más de 88 millones de seguidores en todo el mundo y cada paso que da es seguido de cerca y hasta en directo por las principales cadenas de ese país.

Cada pronunciamiento de Donald Trump tiene un alcance global e inmediato. Eso fue lo que se evidenció luego de que insistiera en lo que ha repetido desde hace dos meses, que “la elección fue robada”. No contento con eso, llamó a sus seguidores a que fueran al Capitolio. Lo que siguió formará parte de la historia de ese país.

Y está claro también que la democracia en Estados Unidos, a pesar del alto nivel de desarrollo que presume, también evidencia fracturas. Ya vimos -durante el verano pasado- cómo el tema de la justicia racial llevó a miles de personas, provenientes de distintos Estados, a concentrarse en esa misma ciudad, luego de la muerte por asfixia de George Floyd, paradójicamente, por un grupo de policías.

Los ‘sui géneris’ acontecimientos de este miércoles en la capital federal, que bajaron de tono tras un pedido del mismo Trump, también motivaron pronunciamientos y comunicados que llegaron de todas partes, incluido del Presidente del Ecuador.

Los que más repercusión tuvieron fueron los de los exmandatarios Bill Clinton, Barack Obama y George Bush. Este último mencionó algo que seguramente también será motivo de exhaustivos análisis posteriores, que de igual manera encienden una luz roja en la democracia estadounidense, debido a su connotación: “Así es como se disputan los resultados de las elecciones en una república bananera, no en nuestra república democrática”.

La afirmación del expresidente Bush está dirigida a su colega republicano Donald Trump, que cierra así un mandato fiel a su estilo y caracterizado por la permanente polémica, incluso dentro de su mismo partido, por ser el promotor de una jornada que muchos querrán olvidar, que amenazó la democracia, la Constitución y las instituciones, así como valores fundamentales para los estadounidenses.

Los retos para el nuevo Presidente de Estados Unidos son enormes: no solo se trata de encaminar la economía, luego del feroz ataque del covid-19, que deja hasta la fecha más de 361 mil fallecidos. De un momento a otro emerge una necesidad urgente: reconciliar a una nación dividida, que ahora mostró un rostro de caos y violencia, sin precedentes en el último siglo. (O)

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