Una aproximación al contexto electoral boliviano

Hay tensiones con relación al peso entre el voto rural y el voto urbano, cuyo falso debate asentado en la desinformación está alentando el enfrentamiento.
15 de octubre 00:00

Con la intención de favorecer una participación democrática más amplia, el sistema electoral boliviano a partir de la Constitución (2009) opta por un diseño institucional de gestión complejo más descentralizado y un proyecto geográfico electoral asentado en fórmulas mixtas tanto proporcionales, como de simple mayoría y de mayoría absoluta.

Este diseño además contempla criterios de discriminación positiva a favor de pueblos indígenas considerados minoritarios y/o en estado de vulnerabilidad y la participación en equidad de género expresada en principios obligatorios de paridad y alternancia.

A pesar de la lucidez de la propuesta, en la práctica tanto la gobernanza electoral como la dinámica del sistema electoral, sufrieron continuos y severos golpes que dañaron la institucionalidad. Estas agresiones fueron evidentes durante los tres periodos de gobierno de Evo Morales, en el que las autoridades nacionales del Órgano Electoral Plurinacional (OEP) y el Tribunal Supremo Electoral (TSE) estaban claramente politizadas y parcializadas hacia el partido de gobierno MAS.

Así, la gestión electoral, perdió credibilidad en varios momentos, por nombrar algunos: la complicidad en la socialización de un instrumento direccionado para la post consulta en el caso del territorio indígena TIPNIS, el desconocimiento de los resultados del Referéndum del año 2016 que dictaminó la no re-postulación de Evo Morales, y la polémica reforma electoral el año 2018 sobre organizaciones políticas que pretendía por un lado legitimar la re-elección de Evo Morales a la vez de servir como un mini test para conocer la aceptación militante a los líderes del partido de gobierno. Eventos que como sabemos, sumados al fraude y al conjunto de irregularidades en las elecciones nacionales del 2019, decantó en una crisis política social que terminó con la renuncia de Morales y la sucesión del gobierno transitorio de Jeanine Áñez. 

Por otro lado, se encuentran las críticas y sospechas sobre al mapa electoral y la conformación de circunscripciones, esto porque se tiene de referencia un mapa electoral pasado (2014) sustentado en un censo poblacional antiguo (2012) y un padrón electoral con irregularidades groseras, que si bien trató de depurarse para este 2020 aún reporta varias disonancias. Al mismo tiempo, se presentaron tensiones con relación al peso entre el voto rural y el voto urbano, cuyo falso debate asentado en la desinformación, están alentando el enfrentamiento.

Un tercer tema tiene que ver con las circunscripciones especiales indígenas que pese a postular a sus candidatos de manera directa o a través de sus organizaciones no están exentas de la cooptación político partidaria, de la imposición, instrumentalización o desplazamiento.

Un cuarto tema, es el referido al enfoque de género, por la resistencia de los partidos en viabilizar la participación de mujeres en las listas o por el carácter instrumental de su participación en tanto que la sola presencia de una mujer no garantiza necesariamente la mirada de género. Sumado a esto, sobreviene el silencio y la impunidad escalofriante ante hechos pasados de violencia política que incluso han cobrado la vida de mujeres que fueron electas democráticamente como autoridades y que ahora sigue poniendo en riesgo a las que quieren mantenerse en la lucha por hacer prevalecer sus derechos políticos.

No menos importante y determinante resulta ser el contexto pandémico, que desde ya modificó los procedimientos logísticos expresados en el cambio de algunos recintos de votación y han sumado pasos y medidas de bioseguridad en las mesas de sufragio.Ahora bien, tomando en consideración las largas distancias hacia los nuevos recintos y que la circulación el próximo 18 es restringida , es posible que personas en situación de riesgo frente al covid-19 presenten su excusa ante el OEP o directamente eviten asistir a los centros de votación, por lo que se espera un marcado ausentismo en las urnas en comparación a los años anteriores.

Finalmente, es urgente anotar que la polarización ha decantado en una campaña electoral violenta, en exhibiciones múltiples de grupos civiles armados, situación que refleja una alta probabilidad de que se desconozca el resultado por parte de quienes sean los perdedores en la elección y por tanto se escale en una violencia sin precedentes. (O) 

* Investigadora, académica, candidata a Doctor en Estudios Latinoamericanos.