Algunas familias evacuaron, otras esperaban información

12 de marzo de 2011 - 00:17

 

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Andrés Alvear, de 12 años, tenía previsto trasladarse a la casa de sus abuelos, en el sur de Guayaquil. foto: marcos pin / El Telégrafo

 

Las familias que residen  a menos de un metro del  Estero Salado, en las cooperativas aledañas a la vía Perimetral, se encontraban literalmente pegadas al televisor y a la radio para escuchar las novedades sobre un posible tsunami.

Otros moradores se reunieron en grupos al pie del estero. Eran mujeres, amas de casa, que acompañadas de sus hijos veían las orillas intentando desentrañar lo que podría ocurrir.

Desde las 10:00 hasta el mediodía de ayer, los moradores se hacían preguntas y esperaban conocer la incidencia del tsunami que se produciría en Hawái.

En la Coop.  Nuevo Ecuador III, Daniela Anchundia, quien vive al pie del Estero Salado, frente al Trinipuerto, lavaba con preocupación su ropa. “Aquí vivimos 22 personas. Si tuviéramos que salir, pues no sabría cómo hacerlo porque no tenemos un carro”, manifestó la joven mujer.

Unas cuadras más adelante, Tania López, migrante de Esmeraldas, intentaba comunicarse vía telefónica con sus parientes en esa provincia. “Sé que dos primos han podido salir evacuados. Acá en mi casa, cuando sube la marea, el agua llega hasta adentro, pero seguiremos escuchando las informaciones para saber si salir o no”, dijo.

Algunas familias prefirieron tomar precauciones desde la mañana. Cerraron sus casas de caña y madera con gruesos candados para encaminarse en sus automóviles a otros lugares. “Me voy a la casa de mis suegros”, indicó Jéssica Aguilar mientras se alejaba de su hogar en el sector de las Malvinas. Esperaba  reunirse con toda su familia, que salió de Santa Elena con el primer grupo de evacuados. Jorge Domínguez estaba preparando los enseres y vituallas necesarias para salir de su vivienda en caso de emergencia.

Los pocos centímetros que separan a su casa del estero motivaban todos estos preparativos.
“Estoy esperando que den las cinco. Dependiendo de lo que pase en Galápagos, cojo  a mis hijos y a Chiripa (su perro) y nos vamos”, señaló el hombre, con visible preocupación.
En Brisas del Salado la preocupación era mayor, pues, en septiembre del año pasado, dos casas cayeron al río al subir las aguas, contó Susana Ruiz.

Miembros de la Policía Nacional, que laboran en el sector, se encontraban recorriendo las calles para vigilar las casas que fueron  evacuadas.   (MFC)

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