2.000 africanos están varados en México

- 06 de abril de 2019 - 00:00
Miles de migrantes de diversas nacionalidades pernoctan en estaciones migratorias en la ciudad fronteriza de Tapachula, estado mexicano de Chiapas, en espera de que las autoridades les otorguen los respectivos salvoconductos.
Foto: EFE

En la localidad de Tapachula permanecen los migrantes originarios del Caribe, Camerún y la República del Congo. Solicitan visado para cruzar el país y llegar a EE.UU.

Miles de migrantes, muchos de ellos africanos, suavizan su dura realidad al recibir la solidaridad de mexicanos del sureste de México, que contrasta con la actitud fría de las autoridades.

Los migrantes -que se calcula son 2.000-, muchos de ellos caribeños y africanos, llegaron de Camerún o la República del Congo.

Viajaron en avión hasta Brasil y de allí emprendieron un periplo por autobuses, botes y caminando, entre Perú, Ecuador, Colombia, Centroamérica y el sur de México, donde permanecen varados esperando un visado que les permita cruzar el país y llegar a Estados Unidos.

Aunque ya se reinició el registro ante el Instituto Nacional de Migración (INM), hasta el momento la inmensa mayoría de migrantes en Tapachula, en el suroriental estado de Chiapas, no han obtenido una respuesta favorable a su solicitud.

Es el primer oleaje de extracontinentales de este año que ha logrado cruzar al menos una decena de fronteras, y aguarda ya con desesperación cumplir su periplo tras 16 días de su llegada a la estación migratoria siglo XXI, en Tapachula, a 60 km de Suchiate, frontera con Guatemala.

Viajan niños, mujeres, algunas de ellas embarazadas o cargando sus niños en brazos.

Se han establecido frente a la estación migratoria con casas de campaña de plástico.

A menudo se escucha el llanto de los niños migrantes quienes apenas comen una vez al día. “No hay para más”, exclama consternado un joven matrimonio de la República del Congo conformado por Michee Nkumu y Sivi Paulina Neola Jpierre, con su pequeño Manasse Mpela, de tres años de edad.

La situación se complica aún más con su mujer con un embarazo de alto riesgo, ya afectada en su salud, desde que tuvo un accidente cuando venían por Panamá, en donde sufrió una caída.

Leydi Dávila de la Rosa es la joven madre mexicana que, pese a tener muy pocos bienes, ayuda a esta pareja y al pequeño Manasse.

“Pues aquí han pasado una situación muy dura porque no les quieren dar documentos, los han estado esperando y a los africanos no les quieren dar entrada”, explica la mexicana.

Los migrantes señalaron que además de las carencias, el sufrimiento y las enfermedades que están padeciendo, también sufren discriminación por su color y su condición de africanos. (I)

Lectura estimada:
Contiene: palabras
Visitas:
Enlace corto: