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23 grupos armados disidentes se disociaron del pacto de paz

Los rebeldes operan en 85 municipios colombianos, compuestos por 1.800 miembros. El presidente Duque declaró la guerra y desplegó una operación militar a gran escala, que en el primer ataque dejó nueve combatientes muertos.
31 de agosto de 2019 00:00

Bombardeos. Ese es el “mensaje claro” que envió el  presidente colombiano, Iván Duque, a los disidentes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) que retomaron las armas.

Nueve guerrilleros murieron, en el primer ataque de la operación militar a gran escala que ejecuta el Ejército colombiano para enfrentar a estos grupos rebeldes, confirmó el comandante de las Fuerzas Militares, general Luis Fernando Navarro.

Así el Gobierno colombiano pone los ojos en una disidencia que inició en 2016 cuando el Frente 1 de las FARC repudió los acuerdos de paz. Entonces lo integraban 150 hombres al mando de Gentil Duarte, Iván Mordisco y Géner Garcia Molina, alias “Jhon 40”.

Posteriormente se incorporándose otras disidencias también del Bloque Oriental, especialmente las del Frente 17. Después empezó la explosión de grupos rearmados en casi todas las regiones donde las FARC tuvieron presencia.

La Fundación Paz y Reconciliación reveló que las disidencias suman ahora 23 grupos armados que operan en 85 municipios colombianos y están compuestos por alrededor de 1.800 guerrilleros y entre 300 a 400 nuevos reclutas.

Además, el estudio explica que hay dos disidencias. Una armada, encabezada por Gentil Duarte, que se fue a la disidencia antes de la dejación de armas, y una política de Iván Márquez, líder negociador de las FARC en el proceso de paz.

Para Ariel Ávila, director de la Fundación, el escenario es preocupante y podría dar paso al nacimiento de un nuevo grupo guerrillero y poner en peligro los acuerdos de paz, que involucran a 11.000 guerrilleros en procesos de reincorporación a la sociedad civil.

María Fernanda Noboa, académica  e investigadora experta en el área de seguridad e inteligencia estratégica, explicó que Iván Márquez es el director del bloque El Caribe de las FARC, por lo cual el anuncio del rearme debe ser tomado con el rigor del caso.

“Antes de la firma de la paz hubo indicios de que varios bloques fuertes de las FARC no estaban apegados a la postura orgánica del acuerdo. El Caribe pertenece al Frente 59, uno de los bloques apartados, y que funciona en la frontera con Venezuela”, detalló Noboa.

La experta indicó que técnicamente, en materia de seguridad e inteligencia, el anuncio significa poner en blanco y negro que estructuras macrocriminales, como el cartel de Sinaloa -que lidera la ruta del Pacífico con la droga y todos los negocios ilícitos-, se comenzarán a confrontar con el cartel de Jalisco Nueva Generación -al mando del Atlántico del lado de Venezuela-.

“Existen indicios de que el cartel de Sinaloa opera directamente en Ecuador. No es difícil suponer que un futuro enfrentamiento entre los dos carteles genere una dispersión  hacia la frontera”.

Noboa manifestó que todos los carteles tienen flujos transnacionales o transfronterizos, pero en medio de fronteras porosas forman alianzas o crean amenazas híbridas.

Los conflictos híbridos combinan el uso de la fuerza militar con otros elementos. Es decir, unirían a la guerrilla con grupos delincuenciales, carteles de la droga y grupos ideológicos, como el Ejército de Liberación Nacional (ELN), puntualizó la experta.

Duque acusó al gobierno venezolano de Venezuela, Nicolás Maduro, de  apoyar a los exlíderes de las FARC, pero su gobierno negó esta acusación.

El expresidente, Juan Manuel Santos, por su parte, insistió en una unidad política para sacar adelante la implementación de los acuerdos de paz, pero el gobierno de Duque indicó que no lo ve necesario.

Xavier Rodas Garcés, profesor del Instituto de Diplomacia de la Universidad de Guayaquil, consideró que es un error histórico retomar las armas y optar por la clandestinidad, como vía para reivindicar intereses sociales y nacionales en el contexto colombiano.

Rodas enfatizó que la violencia armada volvería a afectar la región, en particular a Ecuador y Venezuela, que se verían involucrados por sus  “fronteras vulnerables”.

Otro problema sería que en  países latinoamericanos podrían replicarse las estrategias insurgentes.

Esto sumado a otros factores, como la pobreza, la exclusión, la injusticia y la corrupción, podría convertirse en un polvorín en Latinoamérica, advirtió Rodas. (I)  

Folleto publicado por las FARC muestra al comandante Pablo Catatumbo con una columna de guerrilleros que entregarán sus armas en Cauca.
Foto: Archivo / EL TELÉGRAFO
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