Hace 100 años la gripe española devastó al planeta

- 09 de diciembre de 2018 - 00:00
Víctimas de la gripe española en un hospital cercano a Fort Riley (Kansas) en 1918.
Foto: Archivo

Uno de cada tres habitantes contrajo la enfermedad. Soldados que sobrevivieron a la Primera Guerra Mundial murieron en los hospitales afectados por el virus.

En apenas un año mató más gente que toda la Segunda Guerra Mundial, incluyendo las víctimas de los campos de concentración nazis y las dos bombas atómicas lanzadas sobre Japón. Se la llamó “gripe española” y puede regresar en cualquier momento.

Todo comenzó, hace justo un siglo, con un cocinero enfermo en un campamento militar de Kansas. Estados Unidos estaba involucrado en la Primera Guerra Mundial y los soldados, ya contagiados, llevaron el virus a las trincheras de Francia.

En abril de 1918 se extendió a Inglaterra, Italia y España, el primer país que advirtió sobre la gravedad de la peste, tanta que hasta el rey Alfonso XIII la padeció durante dos meses. Al ser neutral, allí no hubo censura de prensa para informar sobre la enfermedad y por eso se la llamó “española”.

La mala alimentación de los combatientes y el hacinamiento contribuyó a la diseminación del virus que causaba fiebre, irritación de garganta y dolor de cabeza. Era una gripe más, hasta que de pronto, a mediados de agosto, el virus mutó y se convirtió en uno de los más agresivos que haya conocido la Humanidad.

Los pacientes se asfixiaban, sangraban por la nariz y la boca, y unas manchas negras se extendían por su cara y sus manos. La agonía duraba entre horas y un par de días. Pero no todos presentaban síntomas: algunos solo se desplomaban y morían, y esta silenciosa manera le permitió al virus extenderse veloz y masivamente.

El armisticio puso fin a la Primera Guerra en noviembre y hubo festejos en el mundo; pero la tragedia recién empezaba, porque la paz diseminó la gripe por los cinco continentes, llevada por los soldados que regresaban a sus hogares. Se cerraron las escuelas, teatros y templos, se prohibieron las reuniones masivas y escupir en el piso. En EE.UU. se hizo obligatorio llevar mascarillas, so pena de una fuerte multa. Pero así y todo, uno de cada tres habitantes del planeta se enfermó.

Entre octubre y diciembre de 1918 -apenas tres meses- exterminó a millones de personas en el planeta, cerca del 5% de la población. En los cementerios de las ciudades los cadáveres se acumulaban porque no había gente suficiente para enterrarlos. En zonas rurales distantes como Alaska y Gambia desaparecieron poblaciones enteras.

Solamente en la India, uno de los países más afectados, murieron entre 13 y 18 millones de personas. En China fueron 30 millones, 300.000 en España, 225.000 en Gran Bretaña, 660.000 en Estados Unidos. En África 2 millones. El número total de víctimas en el mundo se estima entre 70 y 100 millones.

En aquella época ni siquiera se había descubierto que la gripe era causada por un virus, lo que sucedió en los años 40, cuando los microscopios mejoraron los suficiente para ver algo tan pequeño.

Por eso es que tampoco se sabía cómo combatirla: los médicos -y los charlatanes- recetaban quinina, whisky, arsénico, mercurio, aceite de ricino y aspirina. Los antivirales no se inventaron hasta medio siglo más tarde, pero finalmente y tras dar tres veces la vuelta al mundo, la pandemia se debilitó y desapareció.

Hubo otros dos brotes mundiales de influenza en 1957 y 1968 pero no alcanzaron el contagio extremo de la gripe española. (I) 

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