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Lo imperfecto posibilitó la vida

27 de abril de 2014 00:00

Nadie sabe aún qué pasó antes del Big Bang, ni por qué se produjo. Por entonces no existían el espacio y el tiempo. Pero sí se sabe que al principio toda la materia estaba comprimida en un espacio del tamaño de una moneda terriblemente caliente a quintillones de grados centígrados. Tan caliente que la materia estaba derretida en una especie de sopa muy densa y ni siquiera la luz podía atravesarla. La explosión fue tan poderosa que en menos de lo que dura un pestañeo alcanzó el tamaño de la Vía Láctea.

En los primeros tres minutos se enfrió lo suficiente para permitir que los átomos no se fundieran. Un año después, a medida que iba expandiéndose, la temperatura del universo ya había bajado a 15 millones de grados centígrados. Pasaron 380.000 años de expansión cada vez más lenta para que ese plasma hirviente se enfriara lo suficiente como para que los átomos formaran la materia y dejaran escapar la luz.

De esa época data la radiación cósmica de fondo que descubrieron Penzias y Wilson y que permite trazar un mapa de cómo era el universo. A la izquierda se muestra la infancia del cosmos: hay  regiones más calientes y otras más frías, zonas vacías y otras llenas de materia que son las semillas de las actuales galaxias.

En El gran diseño, Stephen Hawking dice que gracias a esas irregularidades del universo primitivo, nosotros  existimos. Si la expansión hubiese sido pareja, el cosmos sería un espacio vacío y muerto. De hecho el 95% es así. Pero hubo regiones que por tener mayor densidad de materia se expandieron más lentamente y la fuerza de su gravedad agrupó la materia, hasta formar galaxias y estrellas que condujeron a planetas, y al menos en una ocasión, a humanos. La vida se deriva de un universo imperfecto.

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