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El televisor, el teléfono e incluso las proteínas que ingerimos, todo esto se lo debemos a los investigadores

La ciencia, engañada en más de 2 ocasiones

Los Tasaday fueron una tribu descubierta en 1972. Supuestamente vivían en las mismas condiciones en las que del ser humano durante la Edad de Piedra. Cortesía: southernfriedscience.com
Los Tasaday fueron una tribu descubierta en 1972. Supuestamente vivían en las mismas condiciones en las que del ser humano durante la Edad de Piedra. Cortesía: southernfriedscience.com
25 de enero de 2015 - 00:00 - María Eulalia Silva

Le debemos mucho a la ciencia y a los científicos. Casi todo lo que sabemos y lo que usted tiene en su casa, aparatos como el teléfono y el televisor, las medicinas que usa para curarse, la tecnología para conservar los alimentos y todo lo que utilizamos en la vida cotidiana, son producto de la ciencia.

El enorme prestigio que ha logrado en este último siglo se debe a que la ciencia se controla a sí misma para confirmar y para seguir mejorando los inventos y descubrimientos. También ha sido engañada muchas veces. Estos son solo 2 de los más sonados casos.

Los increíbles Tasaday

Para los antropólogos encontrar una tribu primitiva es como dar con el Santo Grial de la evolución humana. Piensan que así podrían estudiar al hombre en su estado natural para lograr entender cómo fue naciendo la sociedad humana.

En 1972, desde un remoto rincón selvático de la isla de Mindanao, en Filipinas, un antropólogo anunciaba un descubrimiento fabuloso: una tribu primitiva que había permanecido aislada de la sociedad moderna durante 2.000 años. Fueron bautizados como Tasaday. Los primeros informes sostenían que eran cazadores recolectores, no conocían la agricultura, se creían los únicos seres humanos del planeta y su estilo de vida se asemejaba mucho al que se pensaba que predominaba en la Edad de Piedra.  

Ellos vivían  en cuevas remotas, hablaban un dialecto desconocido, cazaban y recolectaban para sobrevivir. Se los presentaba como los “buenos salvajes” de los que hablaba Rousseau; era  gente que vivía en tal armonía que no tenían una palabra para “guerra”, no había división en clases sociales y sus modestas necesidades eran provistas por la generosidad de la selva.  

La tribu había sido descubierta por Manuel Elizalde, un millonario filipino cercano al círculo del exdictador Ferdinand Marcos. Muy pronto Elizalde estaba dirigiendo un organismo gubernamental para proteger a los Tasaday, se cercó la entrada a su territorio y se puso un pelotón de soldados armados para controlar el ingreso de curiosos. El propio Elizalde decidía qué antropólogos y periodistas podían entrar a conocerlos. Es que el acontecimiento había llamado la atención mundial, fueron portada en prestigiosas publicaciones científicas y se filmaron documentales como el de National Geographic titulado ‘Las últimas tribus de Mindanao’. Parecía demasiado bueno para ser verdad.

Pero pronto aparecieron numerosas dudas y el propio presidente Marcos prohibió toda visita. Algunos científicos se preguntaban cómo los Tasaday habían podido permanecer aislados y sin contacto en un país que tenía 40 millones de habitantes, cómo sobrevivían con una dieta de raíces, plantas y hojas, dónde estaban los restos de sus muertos o por qué, a pesar de ser un pueblo tan antiguo, nunca habían desarrollado instrumentos musicales y su propia cerámica. (...Continúa).

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