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Las reglas sociales de convivencia frenan el impulso de ofender o faltar el respeto a los demás

La agresividad es un instinto natural, pero el ejercicio de la violencia es controlable

Las reglas sociales de convivencia frenan el impulso de ofender o faltar el respeto a los demás
17 de agosto de 2014 00:00

Corría el año 1971 cuando el psicólogo Philip Zimbardo, de la prestigiosa universidad estadounidense de Stanford, diseñó un experimento sencillo pero que terminaría causando una enorme polémica y pasando a la historia.

Participaban 24 estudiantes voluntarios: un grupo actuaría como presos y el otro como guardias cuya única misión era evitar que se escapen. Todos los participantes eran jóvenes pacíficos y de familias acomodadas que debían permanecer encerrados durante 2 semanas.

En el primer día no hubo novedades, todos parecían tomárselo con humor. Pero al día siguiente todo cambió: algunos presos comenzaron a protestar por las condiciones del encierro y, en represalia, los guardias tomaron medidas de castigo.

Desde ese momento las agresiones físicas y verbales no cesaron y algunos de los presos sufrieron graves afectaciones psicológicas. Tales fueron los abusos de los guardias que el experimento fue interrumpido al sexto día. La investigación fue luego conocida como ‘Efecto Lucifer’, porque gente buena cayó en la tentación de la maldad y la violencia. Los guardias terminaron corrompiéndose con el poder y llegaron a cometer actos tan inhumanos como hacer desfilar encadenados a sus propios compañeros e incluso colocarles bolsas en la cabeza.

Extrañamente, esa escena se volvería una realidad 3 décadas más tarde, cuando se divulgaron fotografías tomadas en la cárcel iraquí de Abu Ghraib. Vejámenes, torturas y humillaciones causadas por jóvenes guardias norteamericanos a los prisioneros iraquíes. Para Zimbardo, estaban influenciados por actitudes permisivas de sus superiores que autorizaron los abusos: “dar a la gente el poder sin supervisión es un abuso anunciado”.

Es decir, es el sistema el que crea situaciones que corrompen a los individuos entregándoles poder. Y cuanto más jerarquizada y más dictatorial es una sociedad, más violencia se ejerce.

¿Stanford y Abú Ghraib fueron casos aislados?

No. En todas las sociedades, en mayor o menor grado, hay expresiones de violencia que intentan justificarse detrás de ideologías. El racismo y la xenofobia no son más que una manera de lograr poder sobre las minorías para mantener privilegios.

Eso fue lo que hicieron los nazis en buena parte de Europa, con el apoyo o el silencio de la sociedad alemana. Y lo vimos en el conflicto de los Balcanes; en las calles de ciudades europeas donde se maltrata a los inmigrantes africanos o latinos; o en los territorios palestinos donde los soldados del ejército israelí disparan a todo lo que se mueve.

Descalificar al otro, deshumanizarlo y atribuirle todos los defectos posibles, denigrar sus ideas: todas son maneras de justificar la violencia y de seguir usando el poder para oprimir.

En 1971 se llevó a cabo un experimento en la Universidad de Stanford. Se demostró que el poder ilimitado lleva al ejercicio de la violencia. FOTO: CORTESÍA: UNIVERSIDAD DE STANFORD.
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