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Voltaire y la libertad de expresión

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11 de noviembre de 2015 00:00

Ha transcurrido una decena de meses desde aquel atentando en la redacción del semanario satírico ‘Charlie Hebdo’, ocurrido en los albores de este año, y este hecho que ya es parte de la memoria contemporánea del mundo sigue dando que pensar y reflexionar, sobre todo desde ese lugar tan polémico para la opinión pública y tan incómodo para los poderes fácticos como es la libertad de expresión.

Y nada más elocuente que convocar a un filósofo preocupado por el dilema de estos tiempos como es el francés Voltaire, que en el siglo XVIII, en pleno auge de la razón iluminista y la inquietud, defendió los derechos individuales del hombre. Prolegómenos de lo que será la Revolución Francesa en 1789, cuya inspiración e influencia intelectual será sin duda la pluma del filósofo parisino.

Pero aludir a Voltaire no es una simple pretensión para discutir una cuestión como es la libertad de expresión, sino que su imagen y su memoria ya fueron traídas a este presente en los días posteriores al acto terrorista, cuando las calles de París estuvieron empapeladas con el rostro del autor del ‘Cándido’ y la leyenda ‘Je Suis Charlie’. Por eso nuestro periplo reflexivo encuentra sus huellas en esas intervenciones que despertaron y siguen despertando una discusión sobre la libertad de expresarnos y sus límites, transgredidos de una u otra manera.

El número del semanario que satirizó la figura de Mahoma desataría la ira de los musulmanes, generando la reacción de un grupo terrorista que perpetró ese atentado. Y aquí es donde aparece Voltaire y la noción de tolerancia, cuya idea fundamental es que no existe una verdad absoluta. De ahí surge el espíritu de la libertad que tanto pregona el filósofo y que se encarna en su brillante máxima: “No estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero defenderé hasta la muerte su derecho a decirlo”.

Asimismo, Voltaire separa la moral de la religión, sobre todo cuando esta última lleva al fanatismo, la intolerancia y la superstición. El filósofo francés consideraba que la intolerancia impedía un futuro de convivencia y pluralismo, pues causa, a su juicio, enfrentamientos y desventuras de todo tipo. La libertad para Voltaire radica en “atreverse a pensar por sí mismo”, con la cual inició una cruzada para combatir la superstición y el fanatismo de su época. Sobre este último aseveraba en el ‘Diccionario filosófico’ lo siguiente: “Creo con vos que el fanatismo es un monstruo mil veces más peligroso que el ateísmo filosófico. Por fanatismo se entiende hoy una locura religiosa, sombría y cruel. Es una enfermedad del espíritu”. No hay definición más precisa y acertada para pensar este tiempo que nos atraviesa.

En el mismo sentido, la libertad de expresión para Voltaire tiene una importancia más que significativa, porque con ella surgen responsabilidades. Ergo, a mayor libertad, mayor responsabilidad. Esa quizás sea una de sus mayores enseñanzas, porque del otro lado existe un ‘otro’ que jamás debemos perder de vista. (O)

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