¿En qué consiste la paradoja de Easterlin en la economía?

01 de abril de 2013 - 00:00

La paradoja de Easterlin es un postulado económico planteado por el economista Richard Easterling, quien desarrolló este concepto en un artículo publicado en 1974, cuyo título fue: Does economic growth improve the human lot? Some empirical evidence. Este concepto ha sido empleado en una corriente del pensamiento heterodoxo denominada la Economía de la Felicidad, que pone en tensión a la teoría tradicional económica del Bienestar, que afirma que cuanto mayor es el nivel de ingresos monetarios de un individuo, mayor será su nivel de satisfacción, traducido en lo que se conoce como felicidad.

Aunque para varias personas resulte un campo complejo y subjetivo de definir, la felicidad ha sido reflexionada desde los tiempos más remotos. Aristóteles la trabajó desde la noción de la eudaimonía, es decir, la felicidad como el bien supremo del hombre. En este sentido, la consideraba como aquello que acompaña a la realización del fin propio que se plantea cada ser vivo, y que sobreviene cuando cada individuo realiza la actividad que le sea más propia.

Por otra parte, para filósofos como Sócrates, no existía felicidad sin valores éticos como la virtud, que proviene del griego “areté” o modo en que se perfecciona cada individuo a través de la excelencia. Mientras que para Epicuro, la felicidad devenía de vivir en un continuo placer, pero un placer que atienda necesidades físicas básicas, como la alimentación; innecesarias, como la conversación, la gratificación sexual y las artes; y superfluas, como el reconocimiento o el poder político. Para Platón por ejemplo, la felicidad solo es posible en el mundo inteligible, cuando el hombre puede contemplar las esencias de las cosas que, para este filósofo, son las ideas de “Dios”, y tiene que ver con el intelecto y el conocimiento, más allá de la ilusión que nos ofrecen nuestros sentidos.

En este marco, las ciencias sociales heterodoxas se nutrieron de varios principios sobre la felicidad postulados por estos pensadores que contraponían la idea de un “bienestar general”, asociado a la acumulación de capital y bienes materiales, por uno de orden más simbólico, espiritual e intelectual. Así, la paradoja de Easterlin mostraba que la gente, en un país con mayores ingresos, tenía una mayor tendencia a afirmar que es más feliz, sin embargo, comparando los resultados de varios países en los que las necesidades básicas aún no están completamente cubiertas, el nivel medio de felicidad no variaba, pues en ellos, la aproximación a la felicidad estaba vinculada a principios como la buena vecindad y compañía, la solidaridad y el respeto integral de las diferentes formas y manifestaciones de vida.

Es hora de reconsiderar los factores esenciales de la felicidad en nuestra vida económica. Esa idea de que solo con la acumulación excesiva de ingresos se garantiza el bienestar, está generando mayores niveles de desigualdad. El crecimiento económico es importante, siempre y cuando esté acompañado de una redistribución de la riqueza que mejore la calidad de vida de todos y todas.

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