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Un dulce cuento: el cacao ecuatoriano ‘feo’ conquista al mercado

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19 de mayo de 2014 00:00

Fue el ‘patito feo’ de su especie. En un mundo de exquisitos aromas y sabores, el CCN-51, cacao clonado de origen ecuatoriano, fue rechazado en principio por su acidez, pero a la larga conquistó a los chocolateros del mundo y está emergiendo como estrella en los mercados del grano.

“¡Ya es apetecido en el mundo!”, exclama, victorioso Freddy Bustamante, un empresario de esta variedad de grano que ejemplifica bien el nuevo boom cacaotero, no exento de críticas, en los campos de la costa ecuatoriana.

Bustamante, quien dejó la ganadería para cultivar cacao clonado, compara el CCN-51 con la historia del patito feo que, tras el rechazo, se transformó en un cisne envidiado. Con 170 hectáreas de CCN-51 en su hacienda Denise, en Las Mercedes, población ubicada al sureste de la provincia del Guayas, este empresario resume el milagro: “Hoy es el cisne del cacao por calidad y productividad”.

Los mercados respaldan su optimismo: la producción de esta especie de cacao se quintuplicó entre 2005 y 2013, al pasar de 20 mil a 100 mil toneladas anuales. En 2013, de las 205 mil toneladas de cacao que exportó Ecuador, uno de los líderes mundiales del sector, la mitad correspondió a CCN-51, según cifras oficiales.

 

Una historia insospechada

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Esas cifras muestran una expansión inimaginable cuando, en 1965, el agrónomo ecuatoriano Homero Castro hizo un injerto de varias cepas de cacao para combatir las plagas que azotaban los cultivos de cacao tradicional.

El resultado fue el CCN-51 (Colección Castro Naranjal), un clon resistente a los males, creado a partir de cepas Iquitos (ecuatoriano-peruana, 45,4%), Criollo (Amazonía, 22,2%) y Amelonado (Ghana y Centroamérica, 21,5%). Pero la industria internacional marginó a esa variedad por su acidez y astringencia, unas características que reñían con la fama mundial del cacao fino y de aroma, que en el caso del Ecuador tiene denominación de origen como cacao “de arriba”, reconocido por el Instituto Ecuatoriano de Propiedad Intelectual (IEPI).

Desde hace más de 2 siglos Ecuador exporta este tipo de grano, principalmente a Europa, donde se fabrica el mejor chocolate del mundo. Aunque cada vez más apetecido por un mercado en expansión por la demanda de China e India, el cacao clonado todavía genera muecas de reprobación entre los cacaoteros tradicionales, pese a que los cultivadores descubrieron la forma para contrarrestar su acidez. “No tiene los sabores secundarios: florales, frutales, a nuez que tiene el cacao viejo. Es un tema de calidad”, dijo a la agencia AFP, Santiago Peralta, chocolatero ecuatoriano que ha obtenido premios en el exterior con su marca Pacari. “Hemos ganado 2 años seguidos el premio al mejor chocolate del mundo, no podemos utilizar cacao de baja calidad. Simplemente, no compramos del CCN porque no tiene las características icónicas” del cacao ecuatoriano, añadió.

La especie considerada ‘salvadora’ de la industria chocolatera

 

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Pero los productores de la variedad clonada desestiman esas críticas y, sobre todo, la consideran tabla salvadora de un mercado que busca cubrir el déficit mundial, que fue de 174 mil toneladas en 2013, según la Organización Internacional del Cacao (ICCO, por sus siglas en inglés).

“El CCN-51 se está convirtiendo en el salvador de la industria del chocolate y va a generar un boom para el desarrollo agropecuario ecuatoriano”, afirmó Vincent Zeller, el tercer exportador de cacao del Ecuador, detrás de la multinacional Nestlé y la estadounidense Transmar.

De origen alemán, este exportador sale al cruce de los detractores del fruto clonado. “Es el único sostenible en el mundo y en una década” va a dominar la producción local, señaló. En el puerto de Guayaquil, Zeller, gerente de la exportadora Inmobiliaria Guangala, explicó a la AFP que el CCN-51 era ácido porque la técnica de fermentación que se utilizaba era la misma que para el “nacional”.

“Si un cacao tiene mal sabor no es porque es genéticamente malo; sino porque el proceso postcosecha es malo”, añadió Zeller. Ahora, agregó, el CCN-51 tiene un “sabor elegante y más manteca que se derrite bien en la boca”. En su oficina, desde donde se divisa a trabajadores paleando el cacao que se seca bajo el sol y guardando grano en sacos que irán a Estados Unidos y Japón, Zeller resalta que con buenas técnicas se pueden desarrollar gustos florales, frutales y de especies como los de cualquier cacao fino y de aroma.

 

Una receta contra la pobreza

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Actualmente la tonelada de CCN-51 se cotiza en $ 2.900 y, según los datos, su productividad es mucho más alta que la del cacao tradicional. 

Por otro lado, el consumo de chocolate crece más rápido que la producción de cacao, por ello Costa de Marfil y Ghana, principales exportadores del planeta, buscan aumentar el rendimiento de 400 a 600 kilogramos por hectárea al año, según los exportadores ecuatorianos.

De acuerdo con expertos internacionales, la creciente demanda de cacao en el continente asiático, especialmente en China, llevaría a que en 2020 no haya suficientes semillas, si no se encuentran alternativas. La producción mundial de cacao en la temporada 2013-2014 alcanzó los 4.104 millones de toneladas, de acuerdo con datos de la ICCO.

El CCN-51 “permite una producción de 2 mil a 3 mil kilogramos por hectárea al año, lo que contrasta con la del ‘nacional’, que fluctúa entre 300 a 500 kilogramos”, explicó Zeller, para quien esta variedad también ofrece mayores posibilidades de trabajo a los cultivadores.

Ecuador, con su variedad clonada que está siendo sembrada en Perú y Colombia, tiene cómo cubrir el déficit que se prevé habrá en los próximos años y así volvería a ser el mayor exportador de cacao en el mundo.

“El CCN-51 llegó para quedarse y la industria debería gritar ‘¡bingo!”, exclamó por su parte Bustamante.

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