REFLEXIÓN

Sustitución de importaciones: alcances y límites

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30 de junio de 2014 00:00

Con la implementación reciente de varias medidas tendientes a sustituir importaciones, se ha reavivado el debate sobre esta política económica. Algunos analistas han manifestado que se trata de una política cepalina anticuada, con un sesgo antiexportador, que ya fracasó en el pasado. En tal contexto, es preciso recordar algunos aspectos históricos, sus alcances y sus límites.

Contraria a la creencia común de que fue la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) la que formuló inicialmente la política de sustitución de importaciones, varios expertos señalan que esta surgió en la región como una reacción natural a choques externos como la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial. La Cepal, bajo la influencia del pensamiento del economista argentino Raúl Prebisch, observó esta realidad e intentó racionalizarla, y ello derivó en lo que después se conocería como estrategia de industrialización por sustitución de importaciones (ISI).

Luego de la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de países en desarrollo, incluidos los denominados Tigres Asiáticos, implementaban políticas proteccionistas y de sustitución de importaciones. Posteriormente, en la década del sesenta, los Tigres del Asia Oriental combinaron la sustitución de importaciones con la promoción de exportaciones, mientras que estas últimas no eran ampliamente suscitadas en América Latina. 

Las políticas de protección comercial y sustitución de importaciones no son malas per se, pero tampoco son suficientes por sí solas. No implican autarquía ni un sesgo antiexportador.

La economista heterodoxa Alice Ams-den (1943-2012) señaló en sus estudios que las políticas de sustitución de importaciones tuvieron resultados pobres cuando no se complementaron con políticas de promoción de exportaciones y cuando no había mecanismos de competencia externa o interna que incentivaran la eficiencia. En el caso de los Tigres Asiáticos, las empresas recibían subsidios y se beneficiaban de la protección del mercado doméstico pero tenían el compromiso de exportar, para lo cual se fijaban metas que eran monitoreadas. La ausencia de estos mecanismos ‘disciplinarios’ y políticas económicas mal diseñadas, como la sobrevaluación del tipo de cambio, habrían sido algunas de las razones del deficiente desempeño de las políticas de protección y sustitución de importaciones en América Latina.

Amsden en el artículo ‘La sustitución de importaciones en las industrias de alta tecnología: Prebisch renace en Asia’, publicado en la Revista de la Cepal 82, muestra cómo los países asiáticos (Corea del Sur, Taiwán, China e India) reinventaron la sustitución de importaciones para las industrias de alta tecnología. Por ejemplo, Taiwán en 1992 aprobó la ley de desarrollo de componentes y productos críticos con el fin de sustituir importaciones. Esto le permitió producir artículos como CD-ROM (gráfico), pantallas de cristal líquido TFT y circuitos integrados.

  

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Por tanto, las políticas de protección comercial y sustitución de importaciones no son malas per se, pero tampoco son suficientes por sí solas. No implican autarquía ni un sesgo antiexportador. Deben acompañarse de otras políticas como la promoción de exportaciones y las políticas de innovación y tecnológicas que permitan la emulación, imitación, copia e ingeniería inversa.

De hecho, según Amsden, Raúl Prebisch en 1968 recomendaba al gobierno argentino que combinara la sustitución de las importaciones con la actividad exportadora. Igualmente, para la CEPAL, la integración regional era clave en la ISI para ganar escala en los mercados.

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