Hay otros mundos, pero están dentro de este.
Paul Èluard
Matrioska uno:
Las matrioskas o muñecas rusas, vistas individualmente, son entidades similares que podrían contenerse la una en la otra, o no podrían, eso queda a elección de quien las arma. Las más grandes sirven para albergar a las más pequeñas y pese a que también son apreciables por separado, están diseñadas para terminar todas dentro del caparazón hueco de una muñeca de mayor tamaño, que devora a las más pequeñas. Las matrioskas son una multiplicación de seres que permiten cuestionarnos por los ejercicios de deconstrucción y de construcción, pero toda esta imaginería acerca de su identidad se realiza en otro nivel de conciencia, lejos de lo que verdaderamente hacemos con las Matrioskas en cuanto las tenemos en las manos. Armar matrioskas se parece mucho a jugar a ser arquitectos, es una tarea de habilidad y de paciencia.
La joven escritora quiteña Marcela Ribadeneira (Quito, 1982) construyó la suya sobre la base de historias que empezó a documentar hace 3 años en su blog personal y que, en abril de 2014, por medio de la colección Hora cero de la editorial Cadáver exquisito, dieron forma a un tomo con 24 relatos. Este texto que presento es un intento por ver lo que sus criaturas, que se concatenan entre sí, tienen dentro.
Si decidimos tomar estrictamente la posibilidad del diseño y edificación de universos que pueden rehacerse y deshacerse en las matrioskas, podríamos considerarla como punto de partida para el cuento, ‘La constelación de la clepsidra’ —uno de los de mayor extensión en el libro—, donde Nataniel, un joven estudiante, arma castillos de cartas porque ha descubierto que mientras permanecen levantados tienen la habilidad de detener el tiempo. Deduce esto observando las partículas de polvo que se sostienen inmóviles en un rayo de luz próximo a su mesa de trabajo. En pos de perfeccionar su habilidad como creador de mundos donde se interrumpen las leyes de la lógica, decide realizar varios intentos hasta llegar a un ambicioso plan en la construcción del castillo número 26 que será mucho más complejo que los anteriores. Sin embargo, no es el único que interviene en este proyecto, existe un espía que documenta sus planes y los derriba, enseñándole otra manera mucho más efectiva para retener el instante.
Como mencioné anteriormente, una de las líneas de interpretación de Matrioskas se encuentra en la tensión construcción-destrucción, que es un pilar temático en el cual pueden encajar varias historias de este libro. Y así como los mundos de barajas de Nataniel se edifican y derriban teniendo entre esas pausas momentos de esplendor, en historias como ‘La cicatriz invisible’, un planeta sufre su aniquilación real. Esta historia cuenta cómo los elementos que han creado a 40’075.721 (aire, tierra, agua y fuego), emprenden una batalla entre sí para establecer su dominio y soberanía en este espacio. Las criaturas de tierra han asumido que son, de entre todas, las que ameritan ser tratadas con privilegios, por lo que el resto de habitantes las aleccionan con catástrofes hasta lograr extinguirlas. Junto con los seres terrestres se acaban también todas las formas de existencia sobre ese planeta, pero aun cuando el paso de los siglos ha disminuido la dimensión de la herida de la batalla, esta persiste como un recordatorio en el horizonte.
A los mundos que sobreviven explotando y recomponiéndose se suma también la historia ‘Ordenanza municipal’, en la que aquello que se derriba es un puente elevado dejando consecuencias terribles para quienes habitan bajo su sombra. Pero las estructuras físicas: castillos, mundos, puentes, no son lo único que se descalabra en Matrioskas, la identidad de los individuos también sufre mutaciones, cambios y cuestionamientos acerca de su estabilidad y su permanencia.
Matrioska dos:
“Las matrioskas se acoplan a los seres que las contienen. Son similares y no lo son”, podría afirmar la doctora Elena Blum, quien asiste por medio de sus sentencias el proceso de despojamiento físico y espiritual del personaje femenino que protagoniza el cuento ‘Matrioskas’, homónimo al libro —una matrioska dentro de otra matrioska—. La historia cuenta cómo una mujer va deshaciéndose de su cobertura, de afuera hacia adentro para poder llegar a la ‘matrioska alfa’, que es su esencia. Como al momento de cualquier aseo, la limpieza de identidades se realiza en el baño de su departamento e implica buscar la autenticidad hasta hurgar en su propia sangre si es preciso. La mujer se asea, se lastima, va usando las uñas para escarbar dentro de sí misma, pero concluye que lo impuesto por los otros será lo realmente difícil de ser removido. Entonces recurre al Propranolol, medicamento que según los consejos de Blum, le ayudarían a reducir sus recuerdos y volverse muy ligera, hasta disolverse en el aire.
Sumados a los de ‘Matrioskas’, varios personajes femeninos también viven experiencias de búsqueda de una identidad diferente a la que poseen. El personaje de ‘Velorio’, por ejemplo, se asombra de que luego de una aventura sexual aparentemente intrascendente se encuentre emocionalmente cercana a su reciente compañero de cama, “el maldito hombre se vuelve un compañero” —afirma contrariada— pero sabe que esa sensación se le pasará luego de la primera ducha del día. La mujer de ‘Velorio Dos’, en cambio, está convencida de ser vista como una criminal ante los ojos de las amigas de su madre recién fallecida. La niña que aparece en ‘Sal marina’ recibe el primer desencanto de su existencia a partir del cual verá el mar con otras expectativas, y la protagonista de ‘Comer en silencio sin mirar a los ojos’ comprende, a través de la agonía que está sufriendo su relación, que todo se termina descomponiendo en el universo: “La oxidación es inevitable. Lo que cambia es el repertorio de intentos inútiles que hacemos para esquivarla”, sentencia llena de desencanto.
Otra de las líneas de cuestionamiento acerca de lo que existe detrás de las apariencias, hace que nos preguntemos por el proceso de construcción de una obra de arte: cuán involucrados están sus creadores y hasta dónde están dispuestos a llegar por sus creaciones. El personaje de ‘Rotring’, por ejemplo, llena una libreta empleando su propia sangre y el de ‘La memoria está casi agotada. Elimine algunos mensajes’, ha optado por elegir la fantasía que ha fabricado con base en los textos que están en su ordenador: al hombre real. Gran parte de los habitantes de las matrioskas se encuentran incómodos y prefieren las mudanzas constantes a la estabilidad. El juego de contenedor y contenido grafica muy bien esta idea: las identidades interiores no son consistentes, las matrioskas están llenas de agujeros, no importa cuántas veces vuelvan a armarse.
Matrioska tres
Además de los oficios de escritora, cronista, editora, crítica de cine y artista visual, Marcela Ribadeneira tiene dos gatos.