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Napo, tierra de imponentes escenarios naturales

20 de septiembre de 2015 00:00

Cuando escuchamos acerca de la región amazónica lo primero que viene a nuestra mente son bosques, animales salvajes, ríos, grupos indígenas, etc. Y es correcto, estos elementos la conforman. Pero el Oriente ecuatoriano posee algo más a lo largo de su extensa vegetación se conserva una enorme biodiversidad que oxigena al planeta. Además, sus escenarios naturales son ideales tanto para la práctica de deportes extremos como para lograr la armonía espiritual.

Esta provincia, conocida como la tierra de la canela y la guayusa, tiene una extensión de 13.271 km², posee elevaciones que superan los 5.000 metros y desciende hasta llegar a planicies de 200 metros sobre el nivel del mar.

Una de las paradas más coloridas de esta zona es Papallacta, parroquia perteneciente al cantón Quijos, ubicada a 67 km de Quito. Las cálidas aguas que emergen del subsuelo volcánico son uno de los atractivos naturales de este pueblo.

Édgar Palacios, gerente de operaciones del Spa & Resort Termas de Papallacta, sostiene que los bañistas se benefician de estas aguas por su alto contenido de sodio y potasio, entre otros minerales. Turistas como Eduardo Bueno llegan hasta este lugar para sumergirse en las calientes piscinas y relajarse. “Esta es una terapia para renovar energías y vivir una experiencia intensa”, menciona.

Si después del baño se te abre el apetito, la trucha asada o frita deleitará tu paladar. Quienes deseen pernoctar en este rincón amazónico, pueden hacerlo en confortables cabañas que proporcionarán un ambiente cálido para defenderse del frío característico de la zona.

Paraíso oculto

Siguiendo la vía Quito-Tena, podrás admirar cerros, quebradas y ríos que cobijan la exuberante vegetación. Los letreros advierten la llegada al cantón Archidona, en donde es obligatorio detenerse a la entrada de las míticas Cavernas del guerrero Jumandy.

De repente surgen ansias por adentrarse a este oculto paraíso, pero no se puede hacer el recorrido solo. El guía nativo Luis Chacha, encargado de conducirnos hacia el interior de la cueva, provee al equipo de linternas y aconseja llevar ropa cómoda y botas. “Se van a ensuciar, se van a mojar, es mejor que dejen sus celulares y solo disfruten de esta experiencia”, sentencia.

El enigmático lugar toma la apariencia de un oasis, quién podría imaginar que en su interior hay cascadas y lagunas. El camino no es tan accesible, pero eso es lo que vuelve interesante el recorrido. Hay tramos en que los visitantes deben cruzar de lado, mientras rozan las formaciones rocosas doradas, en las cuales se pueden observar figuras de santos, animales, aves o lo que la imaginación dibuje.

El trayecto guiado dura alrededor de 45 minutos. Una de las singularidades dentro del sitio es la representación de un miembro viril, al que los nativos definen como un símbolo de fertilidad. Chacha manifiesta que existe el mito de que cuando las mujeres infértiles lo tocan pueden quedar embarazadas.

Cuenta la leyenda que en este sitio se refugiaban los indígenas en época de la colonización española. Prueba de ello es que se han hallado herramientas para la caza y la pesca.

Los simpáticos anfitriones en Misahuallí

Visitar Tena es descubrir un destino que armoniza la modernidad citadina con la rústica naturaleza.

Varios turistas que recorren la provincia, indican que el mejor recibimiento en la localidad se los han dado los monos capuchinos en el Parque Central de Misahuallí. Es que estos inquietos primates no pasan desapercibidos pues conviven con la comunidad.

“Son un poco traviesos, pero adorables”, añade Laura Fernández después que uno de los pequeños le arrebatara su bebida. José prefiere tomarles fotografías a unos metros de distancia, su rostro fácilmente muestra la algarabía que experimenta mientras registra las ocurrencias de los mamíferos.

Puerto Misahuallí, está ubicado a 30 minutos del suroriente del Tena. Es una urbe cálida, donde la geografía diseñó un balneario de río con arena blanca. Desde el mencionado punto puedes tomar una canoa para cruzar estas mansas aguas y llegar hasta el Centro de Turismo Comunitario de Shiripuno, en tan solo 5 minutos.

Miembros de la comunidad kichwa aguardan en tierra firme y saludan efusivamente a los visitantes, quienes con precaución bajan de la canoa y se lanzan al descubrimiento de una cultura ancestral.

Las jóvenes kichwas muestran la riqueza de sus costumbres a través de la danza, lucen trajes hechos con hojas de paja toquilla, fibras naturales de pita y adornados con semillas de huayruro para conservar la identidad de sus antepasados que datan de mucho antes del imperio inca.

El ritual con el shamán es parte de la visita guiada a Shiripuno. Es el momento perfecto para eliminar la mala vibra, liberar tensiones, purificar el alma y renovar fuerzas. “Necesitaba una limpia, y sé que este contacto con la Pachamama me permite reconfortar el espíritu”, menciona Carlos Insuaste, quien llegó desde Guayaquil.

Soledad Chimbo, presidenta de la Comunidad Kichwa Shiripuno, comenta que el proyecto de turismo comunitario busca rescatar las costumbres de esta cultura y compartirla con los visitantes a través de la convivencia en medio de la selva.

A vencer en aguas rápidas

‘De las aguas mansas líbrame Señor, que de las turbias me libro yo’, reza un popular refrán que encaja perfectamente entre los practicantes del rafting.

Napo posee un río perfecto para la ejecución de deportes extremos, el Jatunyacu, al menos así lo asegura Roberto Rueda, guía de Torrent Duck, empresa certificada por el Ministerio de Turismo para la práctica de rafting y canotaje.

Un contraste de emociones se pone a prueba a la hora de ponerse el chaleco salvavidas, colocarse el casco, tomar el remo y subir al bote. El instructor da las indicaciones y recuerda la importancia de trabajar en equipo, sobre todo para evitar caer al río, pero si esto llegara a suceder, el rescatista cercano actuaría de inmediato.

El agitar de las aguas llena de adrenalina a los aventureros, se traga agua, se grita, se rema fuertemente para esquivar las rocas y atravesar pequeños remolinos. La sensación al término de la práctica es de victoria, de satisfacción porque se domó al torrentoso Jatunyacu.

El embarque a los botes se hace a 45 minutos de la ciudad de Tena, en el sector de Waysa Yacu.

¿Cómo llegar?

Desde Quito puedes tomar los buses de las cooperativas Amazonas, Expreso Baños, Flota Pelileo y Transportes Baños que tienen esta ruta. Si estás en Guayaquil puedes coger los buses de las cooperativas San Francisco Oriental y Transportes Baños.

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