El Telégrafo
El Telégrafo
Ecuador/Sáb.23/Oct/2021

Actualidad

Tendencias
Historias relacionadas

Historia, paisajes y cacao en Un, dos, tren

27 de septiembre de 2015 00:00

Era evidente la nostalgia que tenía Atilio Wong un miércoles por la mañana, cuando el ferrocarril que partía a las 08:30 de la estación de Durán tocó el claxon y se movía muy despacio sobre los rieles. Iba con su hija, Simuy, de 47 años, sentado junto a la ventana y moviendo los brazos en señal de despedida a quienes estaban cerca de la parada.

La última vez que Atilio viajó en el ferrocarril fue hace 55 años, cuando obligatoriamente debía viajar en ese medio de transporte, desde Milagro hasta Durán, para llegar a su colegio en Guayaquil. Pese a que ha transcurrido más de medio siglo desde su último periplo, recordaba lúcidamente el trayecto por donde pasaba la maquinaria.

“Ya vamos a llegar a Casiguana, luego a Yaguachi, Chobo, Milagro, Supaipungo, Venecia, San Carlos, Naranjito, Lolita y Bucay”, decía Atilio cuando el ferrocarril pasaba en medio de un paisaje con sembríos de caña de azúcar y arroz, ya alejados del cantón Durán.

A diferencia de los antiguos viajes en tren, recordados por el septuagenario Atilio, el ferrocarril de ahora ya no lleva a las personas encima de los vagones, ni transporta las cargas de comerciantes, como combustibles. Desde la rehabilitación del tren en Ecuador, a cargo de la Empresa Pública de Ferrocarriles, el proyecto es concebido netamente para fines turísticos.

“Antes el tren era fundamental para movilizar pasajeros porque no habían buses ni camiones. En ese entonces era el mejor medio de movilización que tenía el país”, dice Atilio, luego de enfatizar que en la presidencia del general Eloy Alfaro se retomó la construcción de las rutas del tren. En el gobierno de Gabriel García Moreno, en 1873, ya se habían puesto al servicio 41 km de vía, desde Yaguachi hasta Milagro, en la Costa.

Mientras el trayecto continúa, en cada uno de los 3 vagones un guía explica el panorama del recorrido y por qué el trayecto en la provincia del Guayas, que llega hasta Bucay, se llama Ruta de la dulzura. La música nacional que se escucha de fondo se detiene y una de las guías relata que la característica de este camino es estar rodeado de una variedad de arrozales, cañaverales y cacaotales. La Costa se encuentra con la cordillera de Los Andes en este recorrido.

Pero en aquella ocasión el destino era otro. La mayoría de las personas que iban a bordo del tren eran empresarios hoteleros y operadores turísticos que estaban reconociendo una nueva ruta llamada Un, dos, tren. Este trayecto llega hasta Milagro, en donde los pasajeros se bajan para tomar un bus acondicionado y dirigirse a la Finca El Chaparral, ubicada a 30 minutos de la estación.

Un lugar con aroma a chocolate

Un gran árbol de tamarindo del que cuelga el nombre de la finca da la bienvenida a los turistas que bajan de las unidades de transporte. A pocos metros está un patio rodeado de vegetación, con un espacio para acampar; hay un mantel blanco con cuadros rojos, una canasta frutal en el centro y 4 cojines rojos para sentarse alrededor.

Sara Medina es la propietaria y también guía del lugar. Luego de dirigirse a los turistas invita al grupo a reconocer el área, no sin antes, hacer una parada en la que se explaya dando una explicación sobre el cacao.

En una mesa, en medio de algunas plantaciones de cacao, tiene a la fruta en diferentes presentaciones: en su forma natural, seca, tostada, molida y en pasta. Doña Sarita, como es conocida en el sitio, asegura que la tradición de elaborar chocolate proviene de sus abuelitos. Ella más que nadie conoce las diferentes variedades de cacao, tanto del tradicional, como el CCN-51, que es producido con un injerto en rama.

“Cuando ya está nacida la pepa se corta el tallo y también una rama de las mejores matas. Luego se hace un corte en forma de cuña, se lo amarra en una cinta plástica y la nueva rama da los brotes”, dice Doña Sarita, y agrega que el cacao nacional se pone a nacer de una pepa sembrada y se desarrolla como los demás árboles.

En su mano sostiene al cacao partido de manera transversal. Ágilmente saca la cáscara gruesa y pide la degustación de la pepa blanca a los presentes. “Tiene un sabor muy dulce, similar a la guaba”, dice una de las turistas y los demás, que incluso repiten, le dan la razón.

Esa gran semilla seca es la que se cocina en una gran paila, tal como se hace con el maní. En la sartén se vuelve dorada como el sol. Doña Sarita revela que cuando la cáscara empieza a despegarse ya está en su punto y se la retira para que no se desbarate.

“Cuando ya está limpia la pepa, se lo ventea para que no haya impurezas y si lo muele caliente va a obtener una pasta grasosa. Se puede hacer en forma redonda, de hojas y de estrella. Si se deja enfriar se puede moler y hacer polvo. Con eso se hace el chocolate casero y con la cáscara se puede hacer café de cacao y prepararlo en forma de té”, dice la mujer con arrugas en la frente que detonan su experiencia en el agro.

Luego de la ilustración, el recorrido continúa en las plantaciones donde se conocen detalles sobre el cultivo y cosecha de la planta. Minutos más tarde, hay que decir adiós, pero un vaso de chocolate caliente con una tortilla de verde y un mousse de cacao es el mejor premio a los visitantes. Ellos también pueden comprar el chocolate en pasta para llevarlo a casa, y al saborearlo quizás recordar el aroma a chocolate.

El gerente de la filial Litoral del Tren Ecuador, Raúl Díaz, indica que además del Tren de la dulzura que parte de jueves a domingo a Bucay, ahora se están abriendo a campos corporativos. El producto Un, dos, tren está diseñado para escuelas y colegios por tener un contenido más corto. “Salimos de la estación de Durán, hacemos parada técnica de 20 minutos en Yaguachi, desembarcamos en el andén de Milagro y ahí nos reciben buses y nos vamos a la finca El Chaparral”.

En este espacio también se pueden realizar juegos didácticos, pintura sobre el cacao y otras actividades que también pueden realizar trabajadores de las empresas.

Según Díaz, hasta ahora la meta de socialización sobre el patrimonio de Ecuador a través de los viajes en tren se ha cumplido a cabalidad.

Un recorrido para no olvidar

El viaje casi llega a su fin. Atilio lo sabe y quizás Simuy también. Ella creció escuchando de su padre y familiares cómo había sido el tren de antes, y en esta ocasión pudo vivir por primera vez la experiencia del viaje en ferrocarril. “Era típico escuchar que viajaban en la parte superior del tren. Pero ahora el tren está muy bien, con aire acondicionado y los asientos más cómodos”, expresa.

Asegura que la experiencia es única. Ya había viajado en tren en el exterior, pero en países donde es usado como medio de transporte masivo y no como atractivo turístico.

En eso coincide Somono Kawakami, quien lleva 10 meses en Ecuador. Llegó a Guayaquil por un intercambio universitario desde su natal Osaka, en Japón, pero ya tiene planes de permanecer más tiempo en el país. “En Japón hay trenes pero es más para transporte. Aquí lo utilizan para turismo y es muy chévere”, dice risueña.

También era la primera vez que viajaba en un ferrocarril ecuatoriano y su trabajo en una agencia de viajes le ha permitido “enamorarse” de algunos sitios del país y sobre todo de su gente.

Antes de partir de la finca milagreña, Atilio canta y hace unos pasos de baile luego del desayuno tradicional. Dice que para quienes vivieron en la época del auge del ferrocarril esto es una añoranza y tiene la esperanza de que más personas inviten a sus familias a ser parte de una experiencia que trae consigo momentos de tranquilidad y de unión.

Otros servicios

Además del recorrido Un, dos, tren, en la Costa, puedes acceder al Tren de la Dulzura. Este sale de Durán a las 08:30 de jueves a domingo. Recorre Yaguachi, en donde se realiza una parada de 20 minutos en la iglesia San Jacinto para conocer la historia del lugar. De ahí se dirige hasta Bucay, a las 11:30.

Una presentación cultural recibe a los visitantes, quienes también pueden visitar la plaza artesanal y hacer turismo interno en este cantón de Guayas. El retorno se realiza en bus a las 16:00. El costo para adultos es $ 28 y para estudiantes es $ 18.04. Incluye un snack, el sistema de guía a bordo y el retorno en un bus confortable.

En el campo corporativo hay un nuevo producto que se llama San Rafael. Se realizan paradas en Yaguachi y Naranjito. Los turistas conocerán la finca San Rafael donde pueden almorzar y hacer turismo. También hay espacios para conferencias y juegos internos. El retorno es a las 16:00 y el costo del paquete es de $ 45 por persona.

En 1895, con el triunfo de la Revolución Liberal, la construcción del ferrocarril continuó a cargo de Eloy Alfaro. Foto: William Orellana/El Telégrafo
Lectura estimada:
Contiene: palabras
Tags:

Contenido externo patrocinado