La alemana fue sentenciada a la silla eléctrica, sin perdón, en ohio, EE.UU.

Anna Marie Hahn, primera mujer condenada a muerte

- 13 de mayo de 2016 - 00:00

La mujer, nacida en Münich, Bavaria, cuidaba ancianos en Cincinati. A todos los envenenó con arsénico.

Era 1929 cuando la alemana Anna Marie Filser se asentó en Cincinnati, ciudad sede del condado de Hamilton, estado de Ohio, Estados Unidos. Durante su estancia terminó con la vida de 5 hombres que le dejaron propiedades y dinero. Ella se convertiría en la primera mujer en ser sentenciada a muerte.

La partida de nacimiento de Anna se inscribió en la zona de Bavaria, en Alemania, el 7 de julio de 1906. Era la menor de 12 hermanos y en su infancia no hubo nada que dañe su mente. Anna Marie se convirtió en una joven atractiva y con varios pretendientes. En una de esas relaciones fugaces quedó embarazada de un médico vienés que ejercía en Munich. Esta situación provocó escándalo en la familia y apenas nació el niño, la enviaron de viaje sin su vástago, en 1929, a Estados Unidos.

Ella se radicó en Cincinnati, donde se casó con Felipe Hahn, un operador de telégrafo. Tras la boda el matrimonio fue a la casa paterna de Anna Marie para presentar a su marido y hacerse cargo de su hijo, a quien habían puesto el nombre de Oskar.

En los primeros años de su matrimonio, Felipe vio quebrantada su salud con una enfermedad misteriosa y pese a las fuertes protestas de Anna, su madre lo trasladó al hospital. El hombre sobrevivió a la misteriosa enfermedad, pero su matrimonio se deshizo.

En esta época Anna comenzó a sentir atracción por el juego, lo que la llevó a quedarse prácticamente en la ruina. En 1932 Anna renunció a su pequeña panadería y empezó una nueva profesión como asistente de hogar de ancianos y de mujeres solteras.

Víctimas de envenenamiento

En marzo de 1933 Anna se encarga del cuidado de Ernst Kohler, de 72 años, y rápidamente se vuelve su amiga. El hombre falleció el 6 de mayo de ese año y le dejó como herencia su casa.
Albert Parker, también de 72 años, vecino de los Hahn, fue víctima de Anna, que lo empezó a cuidar después de que se quedó viudo y estaba enfermo. Albert le había prestado $ 1.000 a la asistente, y ambos habían firmado un pagaré ante un notario. Sin embargo, tres meses después murió el hombre y el pagaré desapareció.

Otro vecino, Jacob Wagner, de 78 años, que también estuvo al cuidado de Anna, murió súbitamente el 3 de junio de 1937, y dejó en su testamento un legado de $ 17.000 “a su querida sobrina Anna Hahn”. Los parientes directos de Wagner se escandalizaron ante esto, puesto que ella no tenía nada que ver con su familia y era una pequeña fortuna para aquella época.

Clientes no le faltaban a Anna, inmediatamente comenzó a cuidar a George Gsellman, un viudo de aproximadamente 67 años. Él falleció el 6 de julio de 1937 y le dejó $ 15.000 de herencia. Después de la muerte de Gsellman, la familia Hahn viajó a Colorado Springs, donde conocieron a Georg Obendoerfer, un zapatero que también estaba de visita. El hombre murió el 1 de agosto de 1937 y le dejó $ 5.000.

Un hombre logró escapar del destino que le tenía preparado Anna Marie. George Heiss comenzó a sospechar cuando las moscas que bebieron de su cerveza se desplomaron y murieron. Llamó a Anna y le ordenó tomar un trago de esa bebida, ella se rehusó y la despidió.

Descubren arsénico en cuerpos

El hijo de Obendoerfer calificó su fallecimiento como “una fatal agonía”. Tanto se sorprendió de su inesperada muerte que denunció el hecho en la Policía y puso como sospechosa a Anna. Ante la denuncia, el juez ordenó que se le practicase una autopsia al cadáver. Una vez realizada, se descubrió que Obendoerfer había fallecido por una intoxicación de arsénico. Ante la alarma que generó este descubrimiento, se decidió examinar también los cadáveres de las personas a las que Anna cuidó y habían dejado, misteriosamente, propiedades y grandes sumas de dinero en sus respectivos testamentos.

Detención y sentencia

Anna fue detenida en cuanto finalizó la primera de las autopsias, al ser detectado arsénico en el segundo cadáver examinado. Después de allanar la casa de Anna, los detectives de Cincinnati hallaron “veneno suficiente para matar a la mitad de Cincinnati”, por lo que formularon cargos en contra de ella, que se declaró, en primera instancia, inocente de las acusaciones.

Las pruebas en contra de la detenida fueron contundentes y la llevaron a juicio por asesinato en el otoño de 1937. Finalmente fue acusada formalmente de 5 asesinatos en primer grado y se inició su juicio en medio de una gran expectativa. El jurado tardó menos de 3 horas para decidir su culpabilidad, sin recomendar la misericordia.

No ofrecer la recomendación para la piedad significaba que automáticamente sería condenada a la muerte, por lo que Anna Marie Hahn sería la primera mujer ejecutada en el estado de Ohio. El 10 de noviembre de 1937 Anna fue llevada ante el juez Bell, que formalmente la condenó a morir en la silla eléctrica. Ella mantuvo su inocencia aún cuando el juez anunció su ejecución.

Proceso de ejecución

Durante todo el camino hasta el final de su ejecución, programada el 7 de diciembre de 1938, Anna creyó que el estado de Ohio no pondría a una mujer en la silla eléctrica y la condena sería conmutada. Ella estaba equivocada. Mientras la ataban a la silla, cayó en cuenta de que iba a morir y en sus últimas palabras llamó al director para salvar su vida. “Woodward, no me hagas esto. Alguien ayúdeme?”.

Anna Hahn dejó cartas escritas a su abogado, en las que confesó plenamente sus crímenes y su profunda preocupación por el destino de su hijo, Oskar. Los detectives y muchas otras personas mostraron satisfacción por la confesión. Las misivas fueron vendidas al Cincinnati Enquirer bajo la condición de que el dinero sirva como fondo fiduciario para Oskar. La promesa se cumplió. Oskar finalmente se estableció en una familia de cuidado de crianza en el Medio Oeste, vivía una vida normal y sirvió en la Marina durante la Segunda Guerra Mundial. (I)

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