Laura dejó a su esposo y aún es víctima de maltrato

- 04 de mayo de 2019 - 00:00

La mujer tiene una boleta de auxilio, pero su agresor la demandó y consiguió una orden para ir a su vivienda y recoger a sus hijos.

Laura soportó 11 años de los maltratos de su esposo y les puso un fin cuando sintió que moriría.

El 21 de octubre de 2018  Iván S. la puso de rodillas en el piso, mientras le rodeaba y presionaba el cuello con un brazo.

Ella relata que se quedaba sin aire y su cuerpo perdía fuerzas. “Me dijo que me mataría y luego se suicidaría. No le importaba dejar huérfanos a nuestros hijos”.

De repente, uno de sus tres hijos salió del cuarto y se quedó paralizado al ver la escena. Su conviviente asustado dejó caer a Laura.

El niño, dos días después, intentó quitarse la vida con un cuchillo, pensaba que todo era su culpa.

Iván fue sentenciado a cinco días de privación de libertad, pero pasó dos días encarcelado. El hecho fue calificado como contravención.

En la audiencia, el juzgado especializado en violencia contra la mujer o miembros del núcleo familiar le otorgó a Laura medidas de protección que constan en el artículo 558 del Código Orgánico Integral Penal (COIP).

Entre estas constan que Iván no puede acercarse a ciertos lugares o reuniones donde se encuentre Laura y los miembros del núcleo familiar, tampoco intimidarla a través de terceros. Además tiene activado un botón de auxilio para que los agentes de la Unidad de Policía Comunitaria (UPC) la ayuden en caso de emergencia.

Sin embargo, una contradicción en el sistema de justicia mantiene en vilo a la mujer, de 38 años.

Pese a las disposiciones citadas a favor de Laura y que, además, tiene una boleta de auxilio, un juez de la Familia, Mujer, Niñez y Adolescencia aceptó -el 6 de febrero- una demanda presentada por Iván para visitar a sus hijos.

En el documento consta que el padre debe recoger a sus vástagos en el hogar que habita la madre y retornarlos al mismo sitio.

Con esa orden, Iván llega a la vivienda de Laura. Según la mujer, su expareja la amenaza hasta con quitarle a sus hijos, pese a que no debería acercarse por las medidas de protección que tiene a su favor.

“¿Cómo voy a dejar que vea a los niños? Tengo miedo de que me los quite, que se los lleve al extranjero porque los padres (de Iván) son de Colombia”, indica.

Annabelle Arévalo, psicóloga clínica del Centro Ecuatoriano para la Promoción y Acción de la Mujer (Cepam), lamenta la contradicción del  sistema de justicia e indica que debería existir un cruce de información entre jueces.

“Él no debe acercarse porque la violencia contra la madre también es violencia en contra de los niños, además los ha maltratado”, aclara la psicóloga.

Arévalo explica que como parte de la dinámica de la violencia contra las mujeres, cuando están separados, los hombres las siguen agrediendo a través de los hijos “y el Juzgado no logra identificar la situación”.

Laura manifiesta que está dispuesta a que Iván vea a sus hijos, pero con presencia policial. “Es su padre y es su derecho, pero él también maltrató a mis hijos y ellos están mal psicológicamente. Tengo miedo de que les haga algo por venganza”.

Gabriela Junco, jueza especializada en Familia, Mujer, Niñez y Adolescencia, detalla que la regulación de visitas es apelable y que el hecho de que la incumpla no es causal para perder la tenencia de sus hijos.

Agrega que en el caso de que los niños no quieren estar con el progenitor, tampoco se los puede obligar.

Violencia normalizada
La víctima narra que no se separó desde un principio porque su padre le dijo que “todo matrimonio era así y que una mujer tenía que sobrellevar las cosas con su esposo. Tenía que esperar a que cambiara”.

La psicóloga Arévalo arguye que esas son las concepciones con las que vivimos en la sociedad. Son mitos y creencias de nuestra cultura, que han pasado por generaciones.

“La familia no logra identificar el peligro que corre la mujer y que esto puede terminar en femicidio. Ella sufrió todo tipo de violencia, pero empezó con la psicológica”, indica la profesional.

Laura menciona que los maltratos empezaron con gritos, insultos. “Durante mi primer embarazo tuve que esconderme en el baño para que no me golpeara”.

A Iván no le gustaba que ella trabajara y la hacía renunciar cada vez que estaba cerca de cumplir un año de labores. La hacia elegir entre él y el trabajo.

“De ahí empezó a golpearme, cada vez era más agresivo”, según indicó la mujer. (I)

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