Un minuto para reaccionar en una casa de caña

19 de marzo de 2014 00:00

Julián tiene 9 años y vive en la cooperativa Los Ángeles de la Isla Trinitaria, en el sur de Guayaquil. Este sector, de la parroquia Febres Cordero, se caracteriza porque nació hace más de tres décadas como una invasión y aún tiene muchas casas de caña o de construcción mixta.

El niño está sentado entre más de 15 otros pequeños y no se avergüenza de participar de todas las dramatizaciones que realizan los voluntarios del Cuerpo de Bomberos, quienes les enseñan cómo deben actuar en caso de incendio.

El menor eleva su mano, se levanta de la silla sin esperar que lo llamen y se ubica junto a los bomberos, que pretendían convencer a otros niños para que actúen en los ejemplos.

Julián ya sabe que en caso de que las llamas invadan su vivienda no debe salir de pie sino reptar, pues “el fuego sube y el oxígeno queda en la parte baja”, explica a los pequeños participantes uno de los capacitadores.

Además, recuerda que si hay alguien más en casa debe alertarlo de lo que sucede y si sale no debe volver a ingresar, así se queden dentro sus juguetes favoritos, pues puede quemarse.

El niño sorprende a los uniformados cuando se lanza al suelo y empieza a girar de izquierda a derecha con sus brazos junto al pecho. Esa es la respuesta precisa a lo que debería hacer en caso de que su ropa empezara a incendiarse.

“Si su camiseta se prende en llamas, nunca intenten quitársela, pues eso les provocaría quemaduras en los brazos y sobre todo en el rostro”, detalla otro agente.

Bomberos voluntarios de la Quinta Brigada acudieron el fin de semana a la Isla Trinitaria para instruir a niños y adultos en cómo reaccionar ante una emergencia y cuáles son las medidas que deben tomar para evitar que se originen incendios.

Los menores conocieron también los peligros del uso de fósforos, de acercarse a las cocinas mientras sus padres preparan los alimentos y de manipular otros elementos inflamables. A los adultos les recordaron los riesgos que conlleva dejar a sus hijos encerrados en sus hogares.

También se les explicó el correcto uso del extintor, así como la adecuada disposición de conexiones eléctricas y de gas.

Martín Cucalón, comandante del Cuerpo de Bomberos de Guayaquil, informó que una casa de caña se demora máximo un minuto en incendiarse, y en caso de que explote el cilindro de gas, el tiempo de destrucción se reduce a segundos. Mientras que una vivienda de cemento o de construcción mixta se consume entre 3 y 5 minutos. "Es lamentable perder todos los bienes en un incendio, pero lo recomendable es que los ocupantes de una casa en llamas salgan de inmediato", agregó.

Cucalón detalló que en la Isla Trinitaria han construido muchas casas sin seguridades contra incendios y ese es un gran inconveniente. "No hay buenas instalaciones eléctricas, no hay cajas de breaker y eso definitivamente es un riesgo. Además hay muchos habitantes que aún acostumbran a dejar velas encendidas y no son conscientes de la desgracia que éstas pueden causar. También dejan a los niños encerrados en la casa, obviamente por protegerlos, pero es lamentable que infantes pierdan la vida o resulten con graves quemaduras en siniestros".

La Isla Trinitaria, dijo, no es una de las zonas de mayor peligro en cuanto a incendios, sino los sectores del noroeste de Guayaquil, donde los accesos a las viviendas son complicados por los cerros y las calles estrechas, algunas sin asfaltar.

Otras recomendaciones
En caso de sospechar que hay una fuga de gas en su domicilio, no debe encender la luz, ni fósforos, ni artefactos eléctricos. Una pequeña chispa provocaría la explosión. Ventile el lugar abriendo puertas y ventanas.

Si su vivienda tiene más de 20 años de construcción, haga revisar las instalaciones eléctricas por personal especializado. Cuando salga de su casa examine que no quede ningún artefacto conectado o en funcionamiento.

Miembros del Benemérito Cuerpo de Bomberos de Guayaquil (BCBG) instruyen a niños que habitan en la Isla Trinitaria, en el sur de Guayaquil, sobre cómo actuar en caso de un incendio. Foto: Lylibeth Coloma
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