Con títeres, la Policía Nacional aconseja a los menores

- 03 de enero de 2019 - 00:00
Los agentes de la Policía Comunitaria aprenden los libretos, pero también les ponen su “toque” durante los shows.

En Ecuador existen 42 grupos lúdicos en los que participan 150 agentes. Las tramas se relacionan con la seguridad ciudadana, violencia intrafamiliar, entre otras.

¿Raulito debería aceptar cosas de desconocidos? -¡No! gritan los niños que miran con atención el colorido teatrino.

Raulito, un títere que personifica a un niño de siete años, no hace caso al consejo del público y va detrás del señor “Cara de loco”, otro muñeco de ojos saltones, bigote desordenado y risa malévola.

El pequeño regresa asustado porque aceptó manipular explosivos y se lastimó. “Paquito”, el policía, entra en escena cuando los niños corean su nombre y con señas lo ayudan a buscar y capturar al adulto que le hizo daño a Raulito. Luego de detenerlo, regresa a decirles a los niños que no confíen en extraños.

En Ecuador hay 42 grupos lúdicos en los que participan 150 agentes. En la Zona 8, -Guayaquil, Durán y Samborondón- son cinco agrupaciones con 23 agentes que se presentaron 1.055 veces en 2018, en ferias ciudadanas, barrios, escuelas, parques, etc.

El mayor Édison Lima comanda la unidad, pero también ha hecho las veces de ventrílocuo. El rostro de emoción de su hijo al ver una obra lo motivó a hacerlo.

“El tema lúdico empezó en Quito en 2005 como una propuesta para llegar con un mensaje preventivo a lo más sensible de la familia: los niños”.

El oficial comentó que los primeros personajes fueron Paquito policía, Raulito y el “Cara de loco”, pero por la necesidad de tratar temas como violencia de género, delitos sexuales y respeto a los ancianos “nacieron” otros títeres como la policía Paquita, la niña Lolita, quien es hermana de Raulito (en Quito, Rosita); y un adulto mayor.

Además “La muerte”, empleado en temas de prevención de accidentes de tránsito. Adicionalmente hay otros Paquitos: el “Mashi” que habla en quichua y el “Ayoví” que es un afrodescendiente que vive en Esmeraldas.

También hay Paquitos bilingües que visitan lugares turísticos en Guayaquil y Quito, para que los extranjeros conozcan normas de seguridad y que en caso de emergencia deben llamar al 911.

Los libretos son redactados por personal de la Dirección Nacional de la Policía Comunitaria de Quito y revisados anualmente. El contenido es unificado.

Lima destacó que, por ejemplo, al tratar los temas sexuales el títere que representa a un niño o niña comenta con temor que un desconocido o conocido le hace cosquillas y se enfatiza que nadie debe tocarles sus partes íntimas. “El mensaje es claro y está adaptado para que los niños lo entiendan”.

Otras realidades que se exhiben en el teatrino son el consumo y venta de drogas a niños y la mendicidad.

Javier León es uno de los policías comunitarios que le da vida a Raulito. Él, quien además anima fiestas infantiles como payaso, dice que el arte es su pasión.

Aunque tiene 33 años habla como el niño malcriado; no se le dificulta, es más, le gusta el personaje que les hace ver a los niños que el mal comportamiento no los lleva a nada bueno.

“Lo que más te marca es que cuando termina una obra ellos se acercan y te abrazan”.

Jonathan Medina es el más nuevo del grupo. Tiene cinco meses interpretando a Paquito bilingüe.

Él empezó en Galápagos y aprendió lo que sabe de inglés al interactuar con los turistas. Ahí les pedía consejos y les daba el mensaje de preservación del medio ambiente. Ahora lo hace en lugares turísticos de Guayaquil.

La agente Silvia Chaguay también lleva poco tiempo manejando títeres debido a que Paquita nació en agosto de 2018.  “Yo ayudo a Paquito. Además doy consejos para evitar la violencia de género e intrafamiliar”.

Jairo León Peñaherrera personifica al malo de la “película”. “Antes de cada show armamos el teatrino y nos encomendamos a Dios, pues tratamos con niños. Es importante que ellos entiendan que no deben aceptar nada de desconocidos, pues así se evita que caigan en consumo de drogas y otros delitos”.

La anécdota que más recuerda el policía es que luego de una obra, un niño se les acercó a los muñecos y les dijo que un familiar le tocaba sus partes íntimas. “Por eso adaptamos los guiones y le ponemos mucho empeño a lo que hacemos”. (I) 

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