Fue condenado a 480 años de prisión

Predicador asesinó por odio a 48 mujeres

- 20 de marzo de 2015 - 00:00

Fue condenado a 480 años de prisión

Gary Ridgway, uno de los mayores criminales de Estados Unidos conocido como ‘El asesino de Río Verde’, tenía en mente liquidar a todas las mujeres posibles, porque las consideraba prostitutas. Cerca de 20 años burló a la Policía y consiguió matar a 48, pero quedó al descubierto a través de una prueba genética.

Gary nació en Salt Lake City el 18 de febrero de 1949. Fue el segundo de los 3 hijos de Thomas Ridgway y Mary Rita Steinman, esta última por lo que conoce era muy estricta con él y lo mantenía bajo dominio.

Por mucho tiempo fue objeto de burlas, porque hasta los 13 años se orinaba en los pantalones y Mary solía avergonzarlo bañándolo en público. Eso dio pie a que en sus primeros años cultive un sentimiento insano hacia ella de ira y también de atracción sexual, pues la señora era muy religiosa, pero solía vestirse como prostituta.

En la escuela no fue bueno, su rendimiento siempre fue inferior al de los demás y tuvo que repetir un grado 2 veces; los maestros dijeron que se debía a la dislexia (dificultad para leer) y a su coeficiente pobre intelectual. No obstante, sus compañeros lo describían como alguien agradable, pero fácil de olvidar ya que siempre  mantenía perfil bajo.

Su primer crimen

A los 16 años Gary cometió su primer crimen y fue atroz, pues llevó a un niño de 6 años al bosque para apuñalarlo solo porque quería saber qué se sentía matar, esto solo quedó al descubierto cuando lo confesó.

Después de graduarse de la secundaria entró a la Marina y se casó con Claudia Barrows, quien fue su novia de colegio; sin embargo durante su período de servicio en las Fuerzas Armadas se contagió de gonorrea y verrugas genitales, porque pasaba mucho tiempo con prostitutas y no usaba preservativo.

Cuando fue enviado a Vietnam, su joven esposa, de 19 años, no soportó la soledad y empezó a salir con otros hombres, causando con esto que el matrimonio terminara en menos de 2 años.

Luego se casó por segunda vez, con una dama llamada Marcia. También, se convirtió en un fanático religioso que predicaba de casa en casa; no obstante, eso contrastaba con su fervor por las trabajadoras sexuales.

Gary lloraba después de los sermones en la iglesia y le insistía a su esposa que siga de forma puntual los preceptos que el pastor pregonaba, aunque se comportaba como una persona insaciable que le pedía sexo varias veces al día y en ciertas ocasiones deseaba hacerlo en el cine, parque, etc.

Por ello, y porque la madre de Gary vivía con ellos las cosas no funcionaron y Marcia se separó. El hombre no se complicó y después consiguió otra esposa, Judith, quien lo vio como alguien amable, responsable y con estabilidad laboral, pues llevaba 15 años pintando camiones.

Las cosas marcharon bien por años, ya que Gary hábilmente cometió sus crímenes sin que su cónyuge sospeche. El método de Gary consistía en contratar a una prostituta, subirla al carro, mostrarle la foto de su hijo para que ella crea que estaba ante una persona buena, lo que aprovechaba para llevarlas a lugares apartados o a su casa y mientras tenían relaciones estrangularla. Una vez cometido el asesinato tomaba el cadáver de su víctima y lo abandonaba.

Asesino de Río Verde

En julio de 1982 fue encontrado el primer cuerpo flotando en las aguas del Río Verde, del condado de King, en el estado de Washington. La víctima, Wendy Lee Coffield, una adolescente, de 16 años, estrangulada con su propia ropa interior.

En ese momento no existían evidencias suficientes para encontrar al autor del delito, al que la gente apodó como ‘El asesino de Río Verde’. La Policía no imaginó que era el inicio de una serie de crímenes, la mayoría ocurrida durante 1982 y 1984.

Sus víctimas tenían entre 15 y 31 años. Las dejaba desnudas, con las uñas cortadas, con signos de abuso sexual y junto a ellas chicles, mapas de carreteras, restos de comida, colillas de cigarrillos.

Frente a este escenario se formó la Fuerza de Tareas de Río Verde  para investigar los crímenes y elaboró la lista de posibles sospechosos. El caso era difícil para la época, pues no había computadoras sofisticadas, sin embargo fue posible hacer un rastreo de ADN.

Otro criminal colaboró

En octubre de 1983, Ted Bundy, quien estaba condenado a muerte, se ofreció a colaborar con las investigaciones, pues él también fue asesino en serie de mujeres.

Ted manifestó que el responsable probablemente conocía a algunas de sus víctimas y que tal vez otras debían estar enterradas en las áreas cercanas. Los detectives encontraron la información como interesante, pero sin relevancia para dar con el criminal.

Pero gracias a las investigaciones se incluyó en la lista a Gary, pues la Policía encontró registros de que él fue acusado de intentar estrangular a una prostituta mientras tenía relaciones sexuales en su auto, y que en otra ocasión lo encontraron con otra que después desapareció.

El 8 de abril de 1987 la Policía registró la casa de Gary, la cual estaba llena de objetos que él y su esposa habían recogido de un basurero de buceo cercano a donde fueron encontradas algunas de las víctimas, entonces tomaron muestras de pelo y un hisopo con su saliva, pero lo soltaron.

No fue hasta 2001 cuando la Fuerza de Tareas de Río Verde contó con un equipo que analizó las muestras de las víctimas y de Gary, por fin obtuvieron las pruebas que necesitaban para capturarlo. En noviembre de ese año fue arrestado por los asesinatos de Marcia Chapman, Opal Mills, Cynthia Hinds y Carol Ann Christensen.

El número exacto de víctimas no se llegó a saber con certeza, pues dijo haber matado a 61 mujeres, luego a 71, sin embargo solo se lo responsabilizó de 48, todos en el condado de King.

En noviembre de 2003 fue declarado culpable y condenado a 480 años de prisión sin posibilidad de libertad condicional. Gary Ridgway aceptó las acusaciones y lloró por sus víctimas.

Actualmente, se encuentra en la Penitenciaría del Estado de Washington, donde ha recibido pedidos de entrevistas, sin embargo hay una política de la prisión de negar visitas a menos que sean sus familiares o abogados.

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