Menores infractores se instruyen en panadería

- 26 de septiembre de 2019 - 00:00
Los menores trabajan en la panadería del CAI de Guayaquil. Dependiendo de la necesidad y el material preparan entre 100 y 300 panes diarios.
Foto: Lylibeth Coloma / El Telégrafo

En Guayaquil hay aproximadamente 160 chicos aislados por diferentes hechos ilícitos. Ellos estudian, realizan actividades deportivas y espirituales.

Los menores aislados por cometer actos ilícitos aprenden oficios que los ayudarán a reinsertarse en la sociedad. En Ecuador hay 11 Centros de Adolescentes Infractores (CAI) y 674 chicos con medidas socioeducativas privativas de libertad.

En el CAI de Guayaquil, siete chicos trabajan en un salón adecuado como panadería, donde no solo preparan panes, sino también bocaditos, pasteles, tortas y dulces.

Andrés tiene 20 años y lleva cuatro dentro de las instalaciones, ubicadas en las calles Calicuchima y Babahoyo, en el sur de la ciudad. Él recibió una sanción de ocho años de internamiento por el delito de asesinato. Tenía 16 años y no había terminado la primaria, llevaba una vida desordenada y no obedecía a su madre.

Este año se graduará de bachiller y se ha involucrado en actividades como manualidades, ebanistería y, lo que más le gusta, panadería y repostería.

A este taller ingresó hace dos años y ahora -por ser uno de los más antiguos- capacita a los nuevos compañeros. “No sabía nada de esto. Al principio era difícil, pero descubrí que me gusta”, expresó el joven que trabaja a diario, con los demás chicos, desde las 08:00 hasta las 12:00.

Antes de iniciar la actividad arreglan la habitación y se asean, así es la rutina establecida.

Los chicos visten camisetas de colores gris o blanco y vino. En la panadería todos usan un gorro celeste -para evitar que caigan cabellos en los alimentos-, guantes de látex y algunos emplean mandil.

Andrés ya no necesita ver recetas, se sabe de memoria las medidas. Conoce cuántas tazas de harina, de agua, de manteca, levadura, la cantidad de huevos y otros ingredientes debe poner sobre la mesa de metal y cómo amasar y estirar la mezcla. “Afuera no sabía hacer nada. Cuando salga sé que tengo una opción para trabajar”, mencionó el joven.

panaderíaSegún la cantidad de material que tengan y la demanda, los menores elaboran entre 100 y 300 panes diarios en el CAI de Guayaquil. Foto: Lylibeth Coloma / El Telégrafo

Diversas actividades

Alejandra Paz, coordinadora del CAI en Guayaquil, manifestó que el modelo de atención socio-psicopedagógico contempla ejes de salud, educación, ocupacional, deportivo, autonomía y vínculos familiares. “En el eje ocupacional tenemos actividades como ebanistería, carpintería, sastrería, música, computación, cine y fotografía”, detalló.

Cuando un chico ingresa el primer abordaje es en salud para verificar el estado y comprobar si ha consumido sustancias, en ese caso pasa por desintoxicación. Luego un equipo técnico y de trabajo social lo ubica en las diferentes actividades. “Lo primero que se les enseña son las normas de seguridad y hasta ahora no hemos tenido inconvenientes”.

Luis Fernando, de 17 años, tiene nueve meses en el Centro de Adolescentes Infractores y hace cuatro semanas empezó a trabajar en panadería. “Para no seguir en lo malo tengo que aprender algo. Me parece que esta actividad es importante porque puedo pedir trabajo con experiencia o intentar tener un negocio”.

Él es venezolano y está en Ecuador hace más de un año; no tiene parientes en Guayaquil y fue aislado por robo. Aseguró que no quiere justificarse, pero contó que empezó a robar por necesidad y porque se juntó con gente que andaba en malos pasos. “Sé que puedo salir adelante. Antes de esto aprendí carpintería y costura. Mientras más aprenda será mejor para mí”, dijo.

Mientras sus compañeros alistan los panes enrollados, Luis Javier, de 17 años, pica cebolla colorada y cilantro para los pasteles con carne molida que tienen previsto preparar.

Él es quiteño y cumplía su sanción en el Centro de Adolescentes Infractores de esa ciudad. En abril de este año 2019 hubo un amotinamiento con incendio y por esta razón fue trasladado a Guayaquil. En la panadería tiene dos meses aprendiendo y trabajando. Antes estuvo en pintura.

Junto a él está Renny, de 21 años, quien contó que ya es experto preparando panes. Antes para darle la forma de pan enrollado se tomaba hasta dos minutos y ahora lo hace en menos de 20 segundos. “Es cuestión de práctica y paciencia. Estoy seguro de que esto me servirá para tener un ingreso cuando salga”, manifestó.

Él reveló un aspecto positivo del centro y que lo ha ayudado a mejorar. “Yo antes consumía drogas y aquí no hay consumo. Si no hubiera llegado a este lugar estuviera destruido o muerto”. (I)

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