46 mujeres y 15 varones terminan estudios en cárcel

- 28 de febrero de 2019 - 00:00
Las mujeres, mayoría en este evento, fueron las primeras bachilleres en graduarse del centro femenino.
Foto: Karly Torres / EL TELÉGRAFO

En la sala de espera de la Penitenciaría se realizó la incorporación de bachilleres. Los familiares no pudieron abrazar a los graduados, solo aplaudir y saludarlos de lejos

Daira L. culminó sus estudios como la mejor bachiller en ciencias del Centro de Rehabilitación Social (CRS) de Mujeres de Guayaquil. Su promedio fue de 8,8 sobre 10.

La joven, de 22 años, nacida en Colombia, está presa desde 2016.

Daira fue una de las 46 internas que se incorporaron como la primera promoción de mujeres bachilleres del colegio fiscal compensatorio Eugenio Espejo.

También se graduaron 15 privados de la libertad de la  conocida Penitenciaría del Litoral, en el norte de Guayaquil.

La incorporación se realizó en la sala de espera de visitas de la Penitenciaría. El espacio está justo antes de los filtros con escáneres por el que pasan las personas que ingresan a los pabellones.

Alrededor de 50 agentes, entre policías y guías penitenciarios, rodeaban el salón adornado con margaritas de globos.

Las mujeres y los hombres vestían de blanco. Ambos entraron en la sala ataviados con la típica capa y llevaban en sus manos la muceta y una rosa roja.

El interno Dennis, de 27 años, obtuvo el mejor puntaje en la prueba del Instituto Nacional de Evaluación Educativa (Ineval).

Él está en un régimen semiabierto (libertad controlada) desde diciembre pasado y en el discurso de agradecimiento lloró porque no volverá a ver a sus compañeros.

Para el joven, caer en la cárcel fue positivo, porque dejó de consumir droga.

“Yo consumía ‘h’ y me detuvieron porque tenía varias dosis, luego me sentenciaron a 30 meses. Estuve en un pabellón donde consumían, pero decidí no hacerlo y ahora estoy bien”.

Él quiere estudiar psicología. En cambio, su amigo Harry, prefiere ser abogado “para defender a los que están injustamente presos”.

A Mario, de 40 años, le gusta ingeniería. Él lleva ocho años preso, igual su hermano.

Rosa, la madre de ambos, sufre viviendo sola, pero sabe que su hijo se supera y eso le da ánimo. “Afuera tal vez nunca hubiera estudiado”.

El pastor Jaime Vásconez instó a los recién graduados a no detenerse pese a las dificultades y con un versículo cerró la ceremonia.

“Dios nos dijo: Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo (Mateo 28:20)”.

Cada interno recibió una Biblia y kits de aseo personal y con sus regalos regresaron a las celdas sin poder abrazar a sus familiares por cuestiones de seguridad. (I) 

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