Niñas y adultas practican técnicas para defenderse

- 26 de diciembre de 2019 - 00:00
Las clases de defensa personal se imparten en la sala de una vivienda en el sur de Guayaquil.
Foto: César Muñoz / El Telégrafo

En Ecuador se reportaron 62 casos de femicidio desde el 1 de enero hasta el 8 de diciembre de 2019, según informes de la Secretaría de Derechos Humanos.

La niña Jordana fue violada y asesinada por su padre en Los Ríos. Teresa, una adulta mayor, murió en su casa supuestamente a manos de su nieto, en Guayas. Flor, de 86 años, fue atacada sexualmente en Manabí y su vástago fue uno de los sospechosos.

Conocer estos casos motivaron a Ángela Valverde a llevar a sus hijas de 13 y 11 años a las clases de defensa personal que se imparten en una vivienda, ubicada en las calles Lizardo García y Argentina, en el sur de Guayaquil.

“Me gusta que ellas se involucren en deportes, pero es mejor que además aprendan a protegerse. Me preocupa el peligro que corren como mujeres en la calle por la inseguridad y con tantos casos de agresiones a niñas y adolescentes”, manifiesta Ángela.

De acuerdo con cifra de la Secretaría de Derechos Humanos de Ecuador, desde el 1 de enero al 8 de diciembre hubo 62 femicidios en el país.

Las hermanas, menudas y sonrientes, han recibido tres clases y aún se mueven con nerviosismo mientras la instructora Ruth Torellón Holguín les enseña técnicas de karate que fortalecerán su cuerpo para aplicar movimientos de defensa. Ellas sonríen y la maestra les aclara que lo que aprenderán no debe ser usado ni como juego en casa, ni en el colegio, ni para atacar a alguien que no les agrada.

Las menores asienten con la cabeza y siguen practicando. Una lanza un golpe o movimiento y la otra lo esquiva. Luego cambian de rol. “Yo no siempre podré estar junto con ellas para ayudarlas. Yo les digo que aprendan porque de cualquier emergencia podrán salir”.

Ruth observa que los movimientos sean los correctos. Luego les comunica que aprenderán cómo defenderse si un hombre les aprieta el cuello para obstruirles la respiración. Ellas ponen sus antebrazos sobre los de su atacante (dramatizado) y presionan hacia abajo obligándolo a agacharse.

Ruth Tolleró dijo que el fin del curso es darles seguridad a las mujeres para que puedan defenderse en la casa o en la calle y ante cualquier arma como palos, cuchillos, puños, sartenes, entre otros.

“Aquí vienen niñas desde los cinco años hasta de la tercera edad. Estos ejercicios no afectan y les da seguridad en sí mismas”. Ella contó que primero se trabaja en el físico de las alumnas y posteriormente en técnicas relacionada con el karate y boxeo.

Lo ideal es que las mujeres acudan como mínimo tres meses (de lunes a viernes) para tener una base y no hay un límite de tiempo máximo, pues lo pueden tomar como un deporte para toda la vida. “Antes de empezar nuestras clases, cuando ellas recién ingresaron, fui muy clara en decirles que es prohibido usar las artes marciales para agredir a las personas. Esto es para defenderse y adquirir disciplina”, dijo.

La instructora también destacó que las técnicas son para liberarse de un ataque y escapar para pedir ayuda, no para quedarse enfrentando al atacante. “Eso sería un error, porque el victimario podría ponerse aún más agresivo”.

Trabajo físico y mental

Jazmín Ochoa asiste hace tres días a las clases. Para ella significa una oportunidad para ejercitarse y estar lista ante alguna agresión. “No es difícil, pero es esforzado. Hay que tener bastante disciplina”, señala.

La mujer, de 37 años, comenta que conocer de defensa personal es una ayuda, pero no lo es todo. Ella expresó que las mujeres tienen que aprender a liberarse de los obstáculos mentales y las barreras creadas por la sociedad.

“El ejercicio físico es importante porque nos revela hasta dónde somos capaces de llegar y conocer nuestras fortalezas, pero la mayor fortaleza es la mental. Hay que saber detectar las alertas a tiempo para salvaguardar nuestra vida y la de los niños”.

Jazmín comentó que es común conocer casos de amigas que son maltratadas, sobre todo psicológicamente, por los esposos. “Muchas de ellas piensan que es normal que las insulten, que sean vulgares y groseros en el trato. Pero tienen que despavilarse y saber que son importantes y productivas”, puntualizó. (I)

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