Mauricio no pierde la fe de regresar a Estados Unidos

- 01 de mayo de 2019 - 00:00
Mauricio Ordóñez no ha dejado de pintar casas. Luego de regresar deportado, no descarta volverr a los EE.UU.
Fotos: Fernando Machado / EL TELÉGRAFO

Las cifras sobre el movimiento migratorio real hacia el país norteamericano son escasas, pero se cree que entre 1980 y 2008 se fueron más de 609.000 personas.

A Mauricio Ordóñez se le quiebra la voz y le brillan los ojos de tristeza cuando relata su paso por Estados Unidos, en calidad de ilegal.

Viajó al país norteamericano en 1999 y regresó al Ecuador deportado en 2007.  Al inicio su “sueño americano” parecía cumplirse. Viajó sin problema y consiguió un trabajo en una factoría de libros. Posteriormente se empleó en una fábrica de cosméticos, hasta que apareció su primo y se dedicaron a pintar viviendas “para un americano”, como él señala.

“Trabajé un año y medio con el señor y vi que era rentable e inicié mi negocio propio con todas las experiencias adquiridas”. Menciona que tuvo la oportunidad de llevar a su hermano y a su madre para que vivieran con él y trabajaran al mismo tiempo.

“Comencé con mi hermano, dos primos y tres compañeros el proyecto de pintar casas en el sector neoyorquino de Manhattan (EE.UU.)”, recuerda Ordóñez.

Dice que el negocio iba “viento en popa”, al punto de que con el fruto de las ganancias se endeudó y compró un departamento en esa nación. “Por cosas del destino terminé separándome de mi primera esposa y allí vino mi calvario”. Con su deportación y regreso a Ecuador, llegaron los problemas económicos.

Ordóñez aconseja que si una persona está fuera del país y  ahorra recursos, trate de invertir en Ecuador, ya que no hay seguridad en el extranjero. Así lo percibió cuando vivió en Estados Unidos.

Perdió todos los bienes que logró con su trabajo
“Yo cometí la locura o el error de comprar un departamento en Estados Unidos que me costó $ 200.000”, dice el hombre, mientras mueve sus dedos llenos de pintura.

Mauricio no quiere olvidar su labor y siempre está dedicado a pintar casas de sus conocidos o de familiares. Cuando lo deportaron mandó todos los poderes a su exesposa y ella vendió los bienes.

“Llegué a Cuenca sin nada, solo vine con mi ropa. Tenía tres carros, un departamento, las herramientas de trabajo, pero regresé peor de lo que me fui”, expresa mientras sus ojos brillan por la tristeza.

Indica que aún desconoce quién o quiénes fueron las personas que lo denunciaron a Migración para que lo sacaran de Estados Unidos.

Su primer año en Ecuador fue muy difícil, según relata, porque no podía tener los mismos ingresos que en Estados Unidos. “Caí en una depresión profunda, no tenía trabajo, intenté por varias ocasiones volver a mi labor de pintar casas, pero no podía”.

Añade que en Ecuador “la gente está mal acostumbrada a pagar sin mirar el esfuerzo de la tarea”.

Según Ordóñez, cuando llegó a Estados Unidos comenzó ganando $ 6,25 la hora; posteriormente y cuando trabajaba en la empresa del ciudadano americano ganaba $ 11,50 la hora, pero cuando él se puso su propio negocio, pintando una sola casa, en pocas horas ganaba $ 1.000.

Cuando el azuayo trabajaba en las factorías, solo en horas extras tenía un ingreso de $ 500 a $ 600, pero con su propio trabajo, pagando empleados y todos los gastos, le quedaba un líquido de $ 2.000 en una semana, dinero que le servía para pagar su departamento.

En su tierra se dedicó al alcohol durante un año. “Bebía todo el tiempo, dormía en las calles. Primero perdí mi hogar, perdí todos mis ahorros y volver a comenzar era muy difícil para mí”, rememora.

Tras su recuperación comenzó a trabajar en un vehículo repartiendo lácteos.

Ahora recuerda y agradece a Ricardo Cabrera y José Ochoa, quienes le dieron la oportunidad de trabajar en un bus del servicio urbano de Cuenca. “Ellos me dieron una mano para laborar en la cooperativa 10 de Agosto”.

Ordóñez no oculta su deseo de regresar a los Estados Unidos en cualquier momento.

Él cree que en Ecuador la situación es difícil como para recuperar todo lo que ha perdido. “Tengo que ver qué pasa en el futuro, aunque mi compañera (su actual pareja) está de acuerdo para ir nuevamente, ya que ella también regresó a Ecuador después de 14 años”, señala.

Recuerda que el viaje de los tres (hermano, madre y él) costó más o menos $ 50.000 que pudieron cancelar sin contratiempo y con la ayuda de la familia.

“En tres años ya estuvimos fuera de deudas”.

Ahora, con un poco más de suerte compró un bus en la Cooperativa de Transportes Girón, donde está trabaja hace seis años. Además es el representante legal de esta empresa.

“Nunca me gustó quedarme estancado y siempre me gustó tener un negocio propio”.

Los viajes y las estafas no se detienen
El abogado Reinaldo Ochoa, en el cantón Girón, señala que las estafas por viajes a los Estados Unidos no han cesado. Además, este sector de la provincia del Azuay no cuenta con un fiscal permanente.

“En ocho años han pasado no menos de seis fiscales”, indica Ochoa, lo que hace que se retrasen las instrucciones fiscales e incluso se corre el riesgo de que algunos delitos queden en la impunidad.

Por otra parte, las estadísticas sobre la migración son muy escasas.

Un informe realizado  por el Centro para Estudios Latinoamericanos, del Caribe y Latinos de la Universidad de la ciudad de Nueva York  (entre 1980 y 2008) indica que la emigración ecuatoriana a los Estados Unidos creció el 300% e involucró a más de 609.000 personas. (I)  

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