Maltrato fue el preámbulo de atroz crimen pasional

26 de agosto de 2011 - 00:00

Con llanto, dolor y lágrimas fueron velados ayer los restos de Narcisa Rocío Figueroa Muñoz,  quien pereció la mañana del miércoles último, apuñalada  de manos de su ex conviviente y padre de sus tres hijos, de 10, 8 y 5 años. 

Esos mismos sentimientos de aflicción fueron los que acompañaron a Narcisa durante aproximadamente 10 años, tiempo que convivió con el que se convertiría, sin imaginar, en su verdugo: Luis Alfonso Villamar Zambrano, quien se quitó la vida luego de apuñalarla.  

Según indicó Sofía Muñoz, prima muy allegada  de la fallecida, la vida de Narcisa, quien falleció a los 26 años,  fue un constante tormento, aún después de haberse separado.

La mujer relató que  Villamar bebía mucho y golpeaba a Narcisa en repetidas ocasiones, al igual que a sus hijos. “Siempre les pegaba y les insultaba groseramente, a ella la dejaba inconsciente en el piso”. 

Los golpes se alternaban con abusos y violaciones, puesto que, según relató la prima de la fallecida, Villamar, en estado de embriaguez, la agredía sexualmente, cuando ella se rehusaba a tener relaciones.   

Villamar empezó a consumir más drogas de lo habitual, lo que empeoraba su comportamiento y además no ‘andaba en buenos pasos’, lo que fue la gota que derramó el vaso para Narcisa, quien decidió dejar su casa,  ubicada en la  Balerio Estacio y mudarse  junto con sus hijos hasta la cooperativa 4 de Marzo, situada en el Km 8.5 de la vía a Daule, donde vive su padre y madrastra.   

En ese período, que comprendió aproximadamente 3 meses, conoció a  Manuel Ballesteros con quien inició una relación sentimental.  

Ballesteros indicó que decidieron vivir juntos y alquilaron una casa en la Flor de Bastión, donde esperaban la llegada de su primer hijo.  

Pero no todo era armonía, señaló Ballesteros. Él sabía que Villamar la llamaba todos los días y le exigía que volviera a su casa.  

Esa situación la confirmó Sofía Muñoz, quien manifestó que, curiosamente, Villamar  insultaba cuando la llamaba y de manera agresiva le exigía que regresara con él.

“Yo lo vi como dos veces y nunca me dijo nada, siempre se mostró callado, pero sabía lo que quería”, dijo Ballesteros, quien hizo que  Narcisa dejara su trabajo como empleada doméstica para evitar complicaciones con su embarazo.

Asimismo, la ayudó para que sus hijos se matricularan en una escuela particular y hasta contrató un expreso para que Narcisa no caminara sola ni tuviera contratiempos. 

Eso fue valorado por Narcisa, quien le había confesado a su prima lo agradecida que estaba por tener a Ballesteros a su lado. “Nada de lo que hizo su padre, lo estaba haciendo su nuevo compromiso”, le había comentado con lágrimas en los ojos.

Los familiares de Narcisa concluyeron  que Villamar llegó drogado y encolerizado porque se dio cuenta de que ella ya no iba a regresar con él, puesto que esperaba un hijo de su actual compromiso.

Narcisa Morán, vecina y amiga de la fallecida, comentó que las escenas de violencia intrafamiliar acompañaron a Narcisa hasta sus últimos instantes de vida y no le permitieron encontrar la felicidad. “Se hizo de marido a los 16 años y siempre fue maltratada”, finalizó.

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