El 88% de implicados en homicidios y asesinatos son hombres

- 27 de agosto de 2019 - 00:00

Al menos seis factores explican la violencia, delincuencia e inseguridad en el país, que tienen como protagonistas principalmente a los varones: pobreza, inequidad, desempleo, consumo de alcohol y drogas, narcotráfico y corrupción. Estadísticas oficiales y estudios revelan que los domingos son los días que más muertes se registran.

La cifra de homicidios (intencionales e inintencionales) bajó en Ecuador los últimos 5 años: de 1.311 casos en 2014 a 989 en 2018, mientras que en lo que va de 2019 llegan a 570.

Las estadísticas del Ministerio de Gobierno, en lo referente a indicadores de seguridad ciudadana, revelan que los hombres son las mayores víctimas o victimarios, y las edades de las personas que más se ven envueltas en hechos de este tipo oscilan entre los 20 a 64 años.

De las cifras también se desprende que los domingos son los días que más muertes ocurren.

En su orden, las provincias donde más se registran homicidios son: Guayas, Pichincha, Esmeraldas, Los Ríos y Manabí

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Por su parte, de enero a julio de 2019, el delito de asesinato (que es premeditado o planeado) se ha vuelto recurrente, seguido por los homicidios, femicidios y sicariato.

En todos esos delitos, los varones son quienes más engrosan el número de víctimas  (88%) con respecto a las mujeres (ver gráfico). Esto tiene explicación para los expertos.

¿Cuáles son los factores que influyen en este fenómeno?

Para el sociólogo Lautaro Ojeda, existen diversas causas y factores que llevan a una persona a cometer hechos que destruyen el bien más preciado: la vida.

A su criterio, y el de otros analistas, seis son los principales factores que contribuyen a la violencia, delincuencia e inseguridad: pobreza, inequidad, desempleo, consumo de alcohol y drogas, narcotráfico y corrupción.

Para Daniel Pontón, decano del Centro de Seguridad y Defensa del Instituto de Altos Estudios Nacionales (IAEN), la violencia es co-sustancial a la sociedad.

De acuerdo al contexto que vive actualmente Ecuador, cree que se maneja un promedio (estadístico) aceptable con relación a países como Colombia, Venezuela, Centroamérica y Brasil, que tienen una tasa más elevada.

En el país, desde 2010, la tasa de violencia ha bajado de 19 puntos a 5,7 en lo que va de 2019. “Se trata de un descenso significativo que habla bien de la política de seguridad, pero hay que tomar las previsiones para evitar que se incremente”, indicó Pontón.

Los principales protagonistas son los hombres

Según cifras del Ministerio de Gobierno, en 2014, 1.124 hombres fueron víctimas de homicidio, y 187, mujeres; mientras, en lo que va de 2019 suman 500 hombres y 70 mujeres víctimas de homicidio, especialmente de manera intencional.

Varios criterios explican por qué hay más víctimas masculinas. Según Ojeda, aquello se produce porque las mujeres son más cautas y se exponen menos, a pesar del fenómeno del femicidio.

Mientras que para Pontón, la naturaleza de la misma sociedad y los roles que se han construido a lo largo de los años, han hecho que existan más riesgos para los varones.

“Tiene mucho que ver con el machismo, el cual induce a la violencia y al desenlace fatal de la muerte. El homicidio es la extensión máxima de la violencia”.

Para Fernando Carrión, experto en seguridad, la relación de víctimas hombres con respecto a las mujeres se da porque la sociedad está organizada patriarcalmente.

“Las mujeres prácticamente no están en el espacio público y no están (por ejemplo) vinculadas estructuralmente al narcotráfico en los puestos de decisiones. Generalmente la mujer está más asociada a la labor de ‘mulas’ (contrabando de cantidades pequeñas de droga), por eso el porcentaje mayor de presas mujeres en las cárceles”.

En Ecuador, hasta diciembre de 2018, un total de  35.700 hombres se encontraban privados de la libertad, frente a 2.859 mujeres, de ellas, el 54,17% (1.634), por microtráfico de alcaloides.

En poblaciones fronterizas, el narcotráfico es uno de los factores de violencia y muerte, especialmente de jóvenes. “Estos lugares tienen indicadores bajos de educación, salud y empleo; la gente busca lo que sea y si alguien les ofrece algo fácil, la tentación es grande”, aclaró Ojeda.

Con este análisis coincidió Carrión: la droga y otros productos ilegales entran y salen, lo que motiva que, efectivamente, se registre un alto grado de asesinatos con violencia en zonas de frontera.

Y las cifras así lo corroboran. En Esmeraldas, en lo que va de 2019, el 96,97% de muertes producto de la violencia fueron hombres; en Manabí, 92,31%; y en Los Ríos, 90,91% (ver infografía).

Según los analistas, el problema del narcotráfico introduce otro delito igual de violento: el sicariato, donde una organización delictiva contrata a otra para eliminar a sus rivales o autoridades.

Aunque también se registra una especie de “sicariato social”, donde una persona, por diferentes motivos, contrata a un asesino a sueldo para acabar con su enemigo.

Otro factor que explica el fenómeno tiene que ver con las pandillas, en su mayoría lideradas por hombres. Pese a que las mujeres tienen fuerte presencia, no ocurre igual en la toma de decisiones y, por ende, en el nivel de riesgos.

Las armas de fuego y las armas blancas son los principales objetos utilizados. Los analistas coinciden con que es necesaria una política de control y porte de armas.

“En un contexto donde el 60% de homicidios en el país se ejecutan con arma de fuego, ameritan que tengan un asidero dentro de las políticas de control”, concluyó Pontón. (I)  

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