“Estuve cerca de morir tras sufrir el golpe”

28 de octubre de 2012 - 00:00

El policía Jefferson Burgos Bravo  viste su uniforme policial íntegro. Gesticula y habla con total normalidad, pese a que dentro en su cráneo tiene una placa de 10 cmx5 cm, al igual que en el pómulo y parte de la ceja izquierda.  

A quienes desconocen los antecedentes de su tragedia les resultaría increíble creer que durante 12 horas estuvo entre la vida y la muerte en la sala de un hospital.

Burgos es el oficial que resultó gravemente herido durante una riña protagonizada por   hinchas barcelonistas, hecho registrado  en los exteriores del estadio Monumental.

Tras realizar la captura de los  sospechosos de la agresión el mismo día del incidente (19 de mayo pasado),  13 de   los 14 detenidos     recuperaron su  libertad luego de  permanecer 41 días en la Penitenciaría del Litoral (29 de junio pasado). Coincidentemente, el mismo día, el uniformado se reintegraba a sus labores, tras una lenta recuperación de dos  cirugías por fracturas en el parietal derecho y maxilar superior izquierdo.

El agente cataloga como “una obra de arte”  lo que hicieron los cirujanos, puesto que no  muestra ninguna secuela o rastro de que fue  intervenido quirúrgicamente, incluso su recuperación ha sido óptima, tanto así que realiza los patrullajes rutinarios en el circuito asignado y cumple   las guardias (turnos) establecidas.

Para Jhonny Mora, jefe del Distrito  Portete, la rápida recuperación y los deseos de reintegrarse al  trabajo de Burgos  es   destacable, lo que evidencia la verdadera vocación de un agente del orden. 

Sin embargo, al final de cuentas, un sabor agridulce ronda en el ambiente en torno a este caso, pues  el pasado 15 de octubre el juez temporal Primero de Garantías Penales del Guayas, Enrique Rodríguez, levantó las medidas cautelares en contra de los aficionados y dictó auto de sobreseimiento definitivo a su favor. El judicial acogió el dictamen que emitió el fiscal Kléber Beltrán, quien se abstuvo de acusarlos al considerar que no existían méritos suficientes para promover el juicio contra los hinchas.

El policía Burgos relata que esa es una prueba más de cómo se   maneja  la justicia en el país y considera más saludable dejar que las cosas sigan su rumbo. Argumenta que   es cierto que  él no identifica  a los agresores, pero sus compañeros sí, puesto que   ellos  detuvieron   a los aficionados en delito flagrante, una vez que  cayera sobre el pavimento en completo estado de inconsciencia.

Burgos comenta que  “las cosas ya estaban para pasar”, ya que el grupo  de policías ese día se retiraba en un bus, cuando concluyó el encuentro deportivo, pero en el trayecto observaron que había un escándalo, en la  Av. Barcelona, entre   hinchas y otros miembros policiales. “Nos dijeron que bajemos a colaborar por lo que procedimos a descender del bus. Ya no teníamos puesto el equipo antimotines (casco, escudo y tolete). Fui uno de los primeros en  bajar.

Recuerdo que  di unos 3 ó 4 pasos en la vía y   no más, de ahí hasta cuando me vi en la cama del hospital... estuve cerca de  morir tras sufrir el golpe”, relata.

Fueron los compañeros quienes le  indicaron  que él intervino en la turba con la intención de   controlar el enfrentamiento, y que recibió, a corta distancia, un golpe con una piedra de mediano tamaño. El golpe le causó fracturas en el parietal derecho y  la caída le provocó heridas en buena parte del rostro.

Durante el litigio, Burgos, aún convaleciente, acudió una sola vez a la Fiscalía para rendir su versión  y, de ahí, dice,  se ha mantenido al margen del asunto y solo se ha enfocado a rehabilitarse por completo y retomar sus tareas.

Burgos está agradecido con la institución y las autoridades de Gobierno, como el ministro del Interior, José Serrano; y la gobernadora de la provincia, Viviana  Bonilla, que lo visitaron  en el Hospital de la Policía  de Guayaquil, en donde estuvo asilado  10 días, y en donde dijo que continuará con la labor de brindar seguridad.

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