Ecuador supera el hacinamiento carcelario, un mal de Latinoamérica

19 de diciembre de 2013 - 00:00

Tal como ocurrió en Guayas, para 2014 está previsto inaugurar en Azuay y Cotopaxi dos nuevos centros de rehabilitación en los que se garanticen la seguridad y reinserción en la sociedad de las personas privadas de libertad (PPL).

Según el Ministerio de Justicia, en Ecuador existen 22.029 internos y la capacidad de las cárceles es de 12.089. De este número, 7.123 ocupaban la Penitenciaría del Litoral, pese a las 2.533 plazas para las que fue construida en 1957.

Hace tres semanas, 3.680 presos pasaron a ocupar el espacio del nuevo Centro de Rehabilitación Regional edificado para unos 4.500 reos.

Esta sobrepoblación, según un estudio realizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) 2013-2014, es uno de los factores de la crisis carcelaria de varios países de Latinoamérica.

El Comité Europeo para los Problemas Criminales (1999) consideró que las cárceles con una densidad superior al 120% tienen problemas graves de sobrepoblación.

Muchos países latinoamericanos superan ese nivel. El Salvador presenta la sobrepoblación más grave: 298%. Ecuador registra un porcentaje poco menor al 150%, por debajo de República Dominicana, Guatemala, Nicaragua, Panámá y Brasil que no llegan a la línea del 200%.

“Con estos niveles de sobrepoblación, las cárceles en la región están funcionando al límite. Las huelgas, motines e incendios se han convertido en un factor de riesgo para la estabilidad operativa del sistema y para la seguridad de los guardias, de los internos y de quienes circulen en los recintos, como las visitas. Además, tanto el hacinamiento como la falta de control en las cárceles han permitido que en su interior crezcan y se fortalezcan redes criminales, desde las cuales se planean extorsiones secuestros y otros actos violentos”, dice el informe.

José Serrano, ministro de Justicia (e) y del Interior, mencionó en una entrevista en GamaTV, que esa misma circunstancia facilitó la fuga de 56 internos del Centro de Detención Provisional (CDP) de Quito.

“Las condiciones de hacinamiento exacerban el ánimo de cualquier persona, ni se diga de alguien que está asilado por más de 30 o 60 días en un espacio para 300 personas, peor en el que están 1.400, las condiciones se vuelven más críticas”.

El estudio comparativo de población carcelaria del PNUD (2013) permite ofrecer un panorama general sobre las condiciones en las que viven las personas en reclusión. En cuanto a las condiciones de seguridad, arroja resultados preocupantes. A excepción de El Salvador, en todos los países donde se realizaron encuestas, el porcentaje de internos que dice sentirse menos seguro al interior del penal que donde vivía antes supera el 60%, al igual que el porcentaje que reportó haber sido golpeado por el personal penitenciario supera el 60% en El Salvador, Chile y Argentina.

En este sondeo no se incluye a Ecuador. Sin embargo, semanas antes el ministro Serrano evidenció los maltratos y anunció que como parte de la reestructuración de las cárceles en el país se expulsará a los malos elementos que hayan abusado de su condición para maltratar, golpear o humillar a los reclusos.

“Estamos generando un plan de contingencia que durará unas cuatro semanas e incluye una recuperación inmediata de espacios a más de comenzar a ocupar las nuevas estructuras con garantías de seguridad”.

Hasta que todo esté listo, 1.100 policías se sumaron al control en las cárceles y se designó al general Claudio Guerra como director general de los centros de rehabilitación. Además, se les brindará una preparación a los agentes de tratamiento penitenciario (ATP).

El ministro mencionó que el cambio que se presentó en Guayaquil reveló el nivel de vulnerabilidad de algunos guías al tener una relación con las PPL a las que les hacen llegar mensajes y hasta droga.

Kléber Carrión, experto en seguridad y quien fue policía durante más de dos décadas, reconoció que se aprecian cambios, pero espera que se apliquen correctamente.

Insistió en que los guías deben ser mejor preparados, seleccionados (con polígrafo) y pagados, para evitar que los corrompan.

“Las fugas se planean por la convivencia que hay entre guías y presos. Al guía no podemos quitarle ese contacto diario, es difícil que no sean amigos si ambos pasan en el mismo lugar sin salir”, opinó.

Carrión también cuestionó la elección de las personas que dirigen los centros de rehabilitación y la sanción impuesta por el delito de evasión que, según el Código Penal vigente, puede alcanzar los 5 años.

Las cárceles más aterradoras
Según una publicación de un medio de comunicación argentino en Latinoamérica, las cárceles más aterradoras están en Perú, Brasil y Venezuela. El penal San Juan de Luringancho (Perú) es considerado uno de los más peligrosos con sobrepoblación de más de 7.000 presos.

Carandirú es una de las más recordadas cárceles del mundo. Ubicada en Sao Paulo (Brasil), cerró en 2002 por dos eventos traumáticos que ocurrieron allí: en 1992, al amanecer, 111 prisioneros fueron asesinados; y en 2002, 8.000 presos fueron contagiados con el virus del sida. Los presos de La Sabaneta (Venezuela), debido a las precarias condiciones de higiene, suelen contaminarse con enfermedades y constantemente hay motines que dejan varios muertos.

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