Asesinato de equipo periodístico recuerda a otros secuestrados muertos en cautiverio

- 19 de abril de 2018 - 00:00
Tras 18 días de una angustiosa espera se confirmó el fallecimiento de los secuestrados.
Ilustración

El pasado 26 de marzo, Javier Ortega, Efraín Segarra y Paúl Rivas, miembros del equipo periodístico de Diario El Comercio, fueron secuestrados en la frontera norte.

El asesinato de tres miembros del equipo periodístico de diario El Comercio, secuestrado por un grupo de disidentes de las FARC el pasado 26 de marzo, recuerda hoy a otras víctimas muertas en cautiverio.

Luego de 18 días de incertidumbre, el presidente de Ecuador, Lenín Moreno, aseguró este viernes que el periodista Javier Ortega, de 32 años; el fotógrafo Paúl Rivas, de 45, y el conductor Efraín Segarra, de 60 fueron asesinados.

Los ecuatorianos fueron secuestrados en Mataje por el grupo de disidentes de las FARC al mando de alias "Guacho".

La tragedia de los tres ecuatorianos, que se constituye en el primer secuestro perpetrado por las disidencias a cargo de "Guacho", trae a la memoria el calvario sufrido por varios civiles y miembros de las Fuerzas Armadas y de Policía de Colombia en los años más difíciles del conflicto con la antigua guerrilla de las FARC.

Uno de los casos más sonados es el de los 12 diputados de la Asamblea Departamental del Valle del Cauca, en el suroeste de Colombia, ocurrido el 11 de abril de 2002.

Ese día, un comando de las FARC simuló ser parte del Ejército y realizar una operación antiterrorista para dirigir a los diputados hacia un vehículo en el que posteriormente se les informó que estaban secuestrados.

"Señoras y señores, nosotros somos las FARC. Nos los llevamos del centro de Cali", escucharon con sorpresa los políticos mientras el vehículo era escoltado por guerrilleros en moto con rumbo desconocido.

Cinco años después, el 28 de junio de 2007, el mando central de las FARC señaló que 11 de los 12 diputados "murieron en medio del fuego cruzado cuando un grupo militar sin identificar atacó el campamento donde se encontraban".

El único sobreviviente fue Sigifredo López, liberado el 6 de febrero de 2009 y quien confirmó que sus compañeros fueron masacrados por la guerrilla.

Otras víctimas fueron el gobernador del departamento de Antioquia (noroeste), Guillermo Gaviria Correa, y el entonces asesor regional de paz, Gilberto Echeverry Mejía, secuestrados el 21 de abril de 2002 durante una marcha contra la violencia.

Los dos funcionarios fueron asesinados por las FARC el 5 de mayo de 2003 junto a ocho soldados como represalia por una operación militar sobre el campamento guerrillero.

En una situación similar perdió la vida en 2001 la exministra de Cultura Consuelo Araújo Noguera, conocida como "La Cacica".

El cuerpo de Araújo, esposa del actual contralor de Colombia, Edgardo Maya Villazón, fue hallado el 30 de septiembre de ese año en estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta (norte), después de solo una semana del secuestro cometido por las FARC que la asesinó con disparos de fusil a corta distancia.

De la "lista negra" de secuestrados muertos en cautiverio también hacen parte el mayor de la Policía Julián Ernesto Guevara, quien permaneció ocho años en poder de esa misma guerrilla.

Guevara fue capturado el 1 de noviembre de 1998 durante la toma guerrillera a la ciudad de Mitú, en el sureste del país, que dejó 37 muertos y 61 policías y militares secuestrados.

El oficial murió el 28 de enero de 2006, producto de una enfermedad tropical, según las FARC, y tras la gestión de una misión humanitaria, en la que participó el Gobierno brasileño y el Comité Internacional de la Cruz Roja, la madre del policía, Emperatriz de Guevara, recuperó sus restos en 2010.

Otro caso que enlutó al país fue el del sargento mayor del Ejército José Libio Martínez Estrada, secuestrado el 21 de diciembre de 1997 en la base militar de Patascoy (suroeste) junto a otros 18 compañeros.

El suboficial falleció en 2011 durante una operación de rescate y se convirtió en el rehén que pasó más años secuestrado por las FARC, con casi 14 años "enterrado en vida" como solían describir su situación otros cautivos.

El hijo del sargento Martínez, Johan Steven, que nació seis meses después del secuestro de su padre y tenía 13 años cuando terminó trágicamente su cautiverio, fue considerado un símbolo nacional contra este crimen por sus constantes apariciones en los medios de comunicación en los que pidió la liberación de su papá, a quien solo pudo conocer el día de su sepelio. (I)

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