Dos mujeres lo dejan todo por convertirse en comandos del GOE

Joselyn y Johana serán las primeras mujeres que ingresen al GOE, luego de aprobar el décimo noveno curso de tácticas policiales. Se cortaron el cabello para su entrenamiento.
11 de diciembre de 2016 00:00

Guano (Chimborazo).-

De forma súbita, Johana Almeida y Joselyn García se despiertan y se levantan simultáneamente a las 03:45. Su cuerpo se acostumbró a no estirarse en la cama ni sentir pereza, saben que a las 04:00 deben estar en fila para iniciar su jornada de entrenamiento.

Toman su overol negro, sus botas, su gorra —en la cual resalta la sigla GOE—, realizan su limpieza mañanera y apresuradamente recorren el pasillo blanco de su dormitorio.

Saltan las amplias veredas y en 2 pasos están paradas al lado de sus 22 compañeros varones, de los cuales 4 son de nacionalidad panameña, quienes prefieren venir a Ecuador para entrenarse en técnicas y tácticas de seguridad.

Su primer ejercicio es correr por los alrededores de las 6 hectáreas donde se levantan las instalaciones del Grupo de Operaciones Especiales (GOE) en el cantón Guano, provincia de Chimborazo, que fueron inauguradas en septiembre de 2010.

Ambas se caracterizaban físicamente por la larga cabellera que les llegaba hasta cerca de la cintura; hoy ya no pasan minutos arreglándola, al ingresar al 19º curso de comandos del GOE se la cortaron y por último terminaron rapándose la cabeza.

De 120 a 22 aspirantes

Johana y Joselyn finalizaron el curso de especialistas en operaciones y tácticas policiales, que por primera vez registra féminas en sus filas. Un trabajo que se inició hace 7 meses con 120 aspirantes, 6 de las cuales eran mujeres.

Poco a poco la cantidad inicial fue mermando, el aislamiento, el fuerte entrenamiento que en muchos días alcanzaba hasta 16 horas de ejercicios físicos y mentales, hizo que la mayoría desertara con la esperanza de volver a inscribirse.

“Muchas eran madres de familia que al dejar a sus hijos sufrían, otros no avanzaron con la rigurosidad del entrenamiento y voluntariamente lo abandonaron”, dijo Roberto Santamaría, comandante del GOE.

A la voz de “alto, alinee, ¡ar!”, los aspirantes se mueven de forma sincronizada según van escuchando las órdenes emitidas por su guía de turno.

Cada mes reciben diferente instrucción que abarca cielo, tierra y mar; técnicas de asalto e incursión (toma de objetivos), búsqueda y rescate en aguas vivas y confinadas, en montañas, nevados, practican buceo, paracaidismo, defensa personal. Esta última basada en el arte marcial japonés jiu-jitsu.

“Los formamos en todo, nuestro trabajo es a escala nacional, si tenemos que estar un día en una montaña rescatando a un turista, al siguiente podemos estar en un río caudaloso ayudando a la gente”, añadió Santamaría.

Mujeres a la defensiva

La primera en realizar ejercicios de defensa es Joselyn, tiene 23 años, mide 1,70 m y pesa 120 libras, es soltera, no usa aretes ni otro ornamento que la haga verse distinta del resto, tampoco la diferencian en los ejercicios, debe hacerlo igual que sus compañeros.

El instructor simula un ataque y ella utiliza las maniobras y tácticas aprendidas, toma al intruso por la pierna derecha, cuando este intenta patearla, lo arroja por los aires y aplica una llave que lo paraliza.

En segundos, revisa que no tenga armas y le coloca las esposas para finalmente decirle que está arrestado.

Al terminar su práctica se sienta junto a sus compañeros, quienes por meses le han demostrado que el machismo pierde fuerza en algunas instituciones, donde se creía que este era imprescindible.

Rolando Caisatoa es uno de los instructores que aplaude la determinación de estas mujeres por alcanzar su objetivo. “Seremos más fuertes físicamente pero en capacidades somos iguales, la palabra GOE lo explica, todos somos un grupo y trabajamos por igual sin diferenciar sexo, religión, creencias; nos cuidamos unos a otros, estas mujeres dejan las puertas abiertas a sus futuras generaciones”.

Joselyn, motivada por su padre

Al practicar este ejercicio, Joselyn revive en su mente los años de infancia en su tierra El Carmen, en Chone, provincia de Manabí, donde observaba a los policías y siempre les llamaba “primos”. Soñaba con formar parte de las filas apenas cumpliera su mayoría de edad.

Su principal motivación es la memoria de su padre, quien falleció hace 2 años. Él solía esperarla después de su trabajo con frutas diciéndole que “ser policía es un privilegio”.

Ahora, “desde el cielo él debe sentirse más orgulloso de mí al ver que estoy culminando una meta que me ha costado lágrimas y mucho sacrificio”, destacó la comando.

Johana, de Inteligencia al GOE

Estas palabras son corroboradas por Johana. Ella tiene 25 años, mide 1,60 m y pesa 120 libras. Asiente con la cabeza como muestra de respaldo a las palabras de su compañera y ahora amiga. Ella llegó motivada por su deseo de servir desde otra perspectiva a la sociedad.

Reconoce que el trabajo no ha sido sencillo, pero le llena de satisfacción saber que alcanzó otra de sus metas. La joven se desempeñaba en el área de Inteligencia de la Dirección Especializada en Niños, Niñas y Adolescentes (Dinapen).

Sus compañeros se opusieron de forma drástica que ingresara al curso; sienten gran afecto por ella, incluso demostraron su osadía al llegar a casa de los padres de Johana para convencerlos de que impidan que ella se postule.

“Pensaron que no iba a poder y aparte hacíamos un buen equipo, pero lo logré, fue muy sacrificado. Hubo días en los que sentí que me doblegaba, pero entre compañeras nos animábamos a no renunciar y valió la pena”, expresó emocionada.

Durante este tiempo han aprendido a trabajar más en equipo y a demostrar que el servicio a la ciudadanía es lo primordial. Aunque dejaron la comodidad de sus viviendas, la compañía de sus padres y un trabajo que también amaban, dicen que todo valió la pena.

Durante sus primeros meses de entrenamiento durmieron en carpas, soportando el frío de la Sierra —que en muchas ocasiones puede alcanzar hasta los 5 °C (grados Celsius)—, se privan del acceso a internet, a televisión y hasta celulares, los únicos momentos que pasan con la familia es cuando salen francas, lo que no se presenta tan seguido.

Las horas de sueño y la comida son algunas de las cosas que extrañan, pero las han reemplazado con largas caminatas y trotes al son de las palabras: “¡Sí, mi mayor!”.

Pese a todo este sacrificio, estas 2 mujeres se miran y una sonrisa de evidente satisfacción se dibuja en sus rostros, no solo porque pertenecen al Grupo de Operaciones Especiales, un equipo de élite de reacción inmediata en la prevención del delito y en situaciones de alto riesgo, sino porque son las primeras mujeres en recibir la distinción.

El curso culminará en enero de 2017 y la clausura se efectuará en Quito. (I)

Fotos: Roberto Chávez / El Telégrafo
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