Búsqueda de droga bajo el agua, tarea compleja

Los buzos del Grupo Especial Móvil Antinarcóticos (GEMA) inspeccionan los cascos de los buques para evitar que salgan con estructuras adheridas.
27 de agosto de 2019 00:00

Los narcos pueden traficar droga adhiriéndola a los cascos de las embarcaciones. Por eso, el Grupo Especial Móvil Antinarcóticos (GEMA) de Ecuador tiene un equipo de 30 buzos que inspeccionan los buques acoderados en los puertos marítimos del país.

En Guayaquil, hay ocho especialistas que realizan un promedio de cuatro inspecciones semanales. No lo hacen en todos los barcos que zarpan, pero sí en los que -según un análisis previo- son vulnerables, por el destino o tipo de viaje (directo o con escalas). Es la mañana del jueves 22 de agosto de 2019 en el puerto marítimo de Guayaquil.

Wilmer Panoluisa, uno de los buzos, sube a una embarcación rusa y habla con el capitán para darle las instrucciones de seguridad antes de la revisión.

El agente le detalla que debe izar la bandera internacional de buzos (roja con una franja blanca cruzada en diagonal) para que las demás embarcaciones sepan que hay personal buceando.

También que debe detener las operaciones de carga o descarga de productos, paralizar las máquinas (hélices) y el funcionamiento del sistema de lastre que equilibra al buque. “Si hay algún motor funcionando puede provocar cortes o succionar al buzo. Hay rejillas que absorben o expulsan agua”.

Este proceso puede tomar entre 15 o 20 minutos. Mientras tanto Wilmer y su compañero Óscar Guzmán se alistan para sumergirse en las aguas del río Guayas.

Primero se cubren con un traje de neopreno que los protege de las temperaturas y de algún corte por las conchillas pegadas en el buque. Luego se ponen los escarpines y guantes; posteriormente, en su espalda, un chaleco que pesa unos 20 kilos. En este va sujeto el tanque de aire comprimido que les permite estar bajo el agua de 40 a 45 minutos.

Al cilindro está conectado el regulador que facilita la respiración y la consola para controlar la cantidad de aire, la profundidad y las direcciones. En cuatro bolsillos con broches llevan pastillas de plomo que los ayudan a descender.

Wilmer y Óscar, quienes bucean hace diez años, se acercan al filo del muelle y se lanzan al agua uno por uno. Un compañero que los acompaña ata a una soga azul los demás instrumentos necesarios: aletas, linternas de buceo, visores, una cámara de acción resistente al agua, un cuchillo y una cuerda a la que se la conoce como línea de vida, la cual evita que se separen el uno del otro.

buzosLos buzos Óscar Guzmán y Wilmer Panoluisa, del Grupo Especial Móvil de Antinarcóticos, alistándose para empezar el control.Foto: William Orellana / El Telégrafo

Los agentes se ponen los visores. Luego flotan por la parte posterior del barco y se preparan para la revisión. Mientras ellos se pierden de vista y dejan solo burbujas, el capitán Ramiro Mullo, jefe del GEMA en Guayas, cuenta que los buzos se capacitan durante tres meses en piscina y mar.

Primero deben ser agentes activos de la Policía Nacional, hacer el curso del GEMA y luego postular para ser especialistas en buceo.

El trabajo se coordina con la Unidad de Investigación en Puertos y Aeropuertos (UIPA), que proporciona el tráfico de buques para verificar el perfil de riesgo, por ejemplo, por su lugar de destino.

El personal verifica los puntos vulnerables del casco de la embarcación: rejillas en babor y estribor, estabilizador, impulsadores y cerca de las hélices. “Si no hay novedad se da luz blanca a la embarcación para que continúe sus actividades”.

La modalidad de contaminación no es frecuente, pero no por eso cesan los controles. El último caso en Guayaquil ocurrió en 2015: 20 kilos de droga se encontraban en un cilindro de gas industrial adherido a la bandeja de flotabilidad del buque.

Mullo reconoce que en el río Guayas es muy complejo realizar una inspección debido a que el agua es oscura. “Pero el personal tiene experiencia y puede cumplir con la misión”.

El rango de visión depende de si la marea está subiendo o bajando, de las corrientes, o si alguna gabarra está removiendo la arena.

El jueves 22 de agosto de 2019 Wilmer y Óscar estuvieron bajo el agua desde las 10:48 hasta las 11:39. Al subir por una base que cumple funciones de amortiguación en el puerto manifestaron que no fue un buen día. Solo podían ver a 10 centímetros de distancia; ni siquiera la linterna ampliaba el rango de visión.

En caso de emergencia, cuenta, halan la soga línea de vida para alertar al otro. Si no pueden ver las señas por turbiedad, “se tocan las manos para saber si todo está bien”, dice Wilmer.

Los buzos no solo cumplen funciones bajo el agua, también realizan patrullajes fluviales y colaboran en operativos de antinarcóticos en tierra. (I)

Los buzos ingresaron por la parte posterior del barco (popa). Su trabajo bajo el agua empezó a las 10:48 y concluyó a las 11:39.
Foto: William Orellana / El Telégrafo
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