Inés cumplió su pena, pero volvió a la cárcel para estudiar

- 12 de abril de 2018 - 00:00
La felicidad embargó a las privadas de la libertad que se abrazaron con sus familiares y compañeras de celda.
Foto: Lylibeth Coloma / El Telégrafo

Treinta y dos privadas de la libertad se convirtieron en la primera promoción de bachilleres del Centro de Rehabilitación Social (CRS) Femenino de Guayaquil.

Inés terminó de cumplir su condena por tráfico de estupefacientes, pero de lunes a viernes regresaba a la cárcel para estudiar.

Ayer, la joven, de 24 años, se graduó como bachiller en Ciencias con otras 31 personas privadas de la libertad del Centro de Rehabilitación Social (CRS) Femenino de Guayaquil. Una interna no asistió al evento, porque a esa hora comparecía en una audiencia.

Inés contó que fue más difícil estudiar en casa que en la celda, pues en su domicilio a veces la pereza era más poderosa que las ganas. Su madre, su esposo y su hijo fueron las motivaciones para seguir adelante y no se arrepiente del esfuerzo.

“Muchas veces las puertas se cierran por no tener un título de bachiller, pero eso no lo veía cuando era más muchacha. Ahora estoy trabajando como comerciante en la Bahía y sé que me irá mejor”, expresó la recién graduada, que anhela estudiar en la universidad para convertirse en parvularia.

La joven cumplió un año y ocho meses de privación de libertad por microtráfico. “Pensé que era una manera fácil de vivir, ni siquiera tenía que salir de casa para conseguir dinero fácil, pero hice mal. Quiero ser un buen ejemplo para mi hijo”.  

La ceremonia de incorporación se ofició en el patio del recinto penitenciario, donde funciona una cancha múltiple. Tres carpas eran el refugio para cubrirse del fuerte sol que calentó la ciudad a 32 grados centígrados.

Las chicas salieron de cinco en cinco de la edificación donde funciona la escuela. Todas vestían de blanco y llevaban una capa de color negro brillante.

Detrás de ellas, otras dos internas lucían camisetas con la foto de Gavis Moreno, quien fue la directora del centro y falleció el 27 de marzo cuando motorizados le dispararon. Hubo un minuto de silencio en su honor.

“Ella nos motivó a estudiar. Le dedico mi incorporación”, dijo Leticia, la primera estudiante transexual del centro.

La más sonriente era Marisol P., de 35 años. Ella, madre de un adolescente, de 15 años, fue condecorada como la mejor bachiller al obtener un promedio de 9,4.

“Mi nombre se conoció a nivel nacional, pero para mal. Ahora quiero que mi nombre resuene en el país, pero como ejemplo de superación”.

Marisol estuvo implicada en el caso conocido como “Barbie del sur”, ocurrido en la zona rosa, en el centro de Guayaquil, en 2015. En aquel entonces Angie S. fue atacada con picos de botellas, tacones de zapatos, navajas y golpes. Todo quedó grabado.

Ella está condenada a 12 años de privación de la libertad como coautora del delito de tentativa de asesinato.

“Muchas personas dicen que este es un lugar maldito, pero yo le digo bendito porque aquí conocí a Dios y aprendí lo que es necesidad, que de los errores se aprende, que se puede empezar una nueva vida”.

La hermana mayor de Marisol llegó al recinto penitenciario para acompañarla. “Desde que por un error cayó presa nunca le di la espalda, no me avergüenzo de ella. La admiro por lo que ha logrado, pese a estar aquí”. Apenas se vieron se abrazaron y lloraron. “Estoy orgullosa de ti”, le dijo al oído.

Liliana Guzmán, viceministra de Justicia, indicó que la cartera de Educación maneja un proyecto intensivo de estudio para que en 15 meses de estudios las personas privadas de la libertad que no concluyeron el bachillerato obtengan su título. (I)

Detalles
Aún hay director encargado
Liliana Guzmán, viceministra de Justicia, informó que por ahora la dirección del centro de rehabilitación de mujeres está como figura de encargo en las manos de Johnny García, quien además dirige el Centro de Detención Provisional (CDP).  

72 internas empezaron los estudios en 2016, de las cuales 52 lo culminaron y 32 se incorporaron ayer.

255 mujeres estudian
Otras 255 privadas de la libertad estudian en la escuela fiscal Alejo Lascano que tiene una extensión en el penal. (I)

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