Hombre robaba y mataba para mantener sus vicios

‘Asesino de la vía férrea’ recibió inyección letal

Hombre robaba y mataba para mantener sus vicios
14 de noviembre de 2014 00:00

Aunque se le atribuyeron 13 asesinatos de manera oficial, bastó el juicio por uno de ellos para que una corte de Estados Unidos condene a Ángel Marturino Resendiz a la pena de muerte con inyección letal.

Resendiz recibió el apelativo del ‘asesino de las vías’, pues casi todos sus crímenes los cometió cerca de las rutas de diversos trenes en Norteamérica, entre 1997 y 1999. Hay quienes afirman que en realidad les quitó la vida a más de 15 personas.

Resendiz nació en Puebla (México) el 1 de agosto de 1959. Su infancia careció de la unidad familiar, porque no vivió con sus padres sino con otras personas, pero la mayoría del tiempo la pasaba en las calles, expuesto a peligros y a crecer en un ambiente violento al punto que, según testimonios, fue ultrajado por homosexuales de Puebla.

Perfil del asesino

Según el especialista John Douglas, el perfil de Resendiz corresponde al tipo de los desorganizados y a pesar de que debía ser fácil de atrapar por su poca inteligencia, evadió a la ley por mucho tiempo.

El hombre le sacaba ventaja a la oscuridad y soledad de vecindarios cercanos a las vías férreas y entraba en la casa de cualquier persona para robar objetos de valor y dinero.

Lo que llama la atención es que en lugar de irse, esperaba a los dueños de las viviendas para atacarlos con cualquier cosa que estuviera a mano, como herramientas o rocas.

A pesar de que él no era de gran complexión física, los cuerpos quedaban con rastros de un enorme ataque, como si los hubiera cometido un gigante.

Resendiz no seguía un patrón criminal, solo aprovechaba el momento. Atacó desde jóvenes parejas universitarias hasta adultos mayores, de 80 años. Algunas de las víctimas fueron violadas antes de ser asesinadas, pero ese no era su principal objetivo, pues lo que quería era obtener dinero para comprar y consumir drogas y alcohol.

En más de una ocasión escapó en los vehículos de los afectados, incluso viajó en ellos, esto finalmente fue un indicio clave para la Policía, porque así pudieron relacionar los crímenes.

Los registros criminales de Resendiz en los Estados Unidos inician a sus 16 años, cuando fue deportado desde Bronxville, Texas, donde llegó falsificando su identidad, hasta participó 2 veces en elecciones locales.

En 1979 fue sentenciado a 20 años de prisión, en Florida, por robo y asalto, pero lo liberaron a los 6 años y enviaron a México.

En 1986 pagó una pena de 18 meses por pretender nacionalizarse como estadounidense. En Nueva Orleans, en 1988, también fue encarcelado por posesión de arma de fuego, pero fue liberado después de un año. Meses más tarde fue condenado a 30 meses de cárcel por intentar defraudar al sistema de seguridad social.

Con el cometimiento de los asesinatos se convirtió en uno de los hombres más buscados por el FBI. Un día fue detenido por agentes de migración, pero increíblemente el sistema de identificación falló y no lo reconocieron, por lo que fue deportado una vez más.

Algunas de las víctimas

El 28 de agosto de 1997 Christopher Maier, de 21 años, fue atacado cuando caminaba con su novia junto a las vías del tren, ella fue violada, pero sobrevivió para identificar a Resendiz como el asesino.

El 4 de octubre de 1998 Leafie Mason, de 87 años, fue golpeada con un objeto contundente en la cabeza. Entró por la ventana de su departamento, junto a las vías férreas.

El 17 de diciembre de 1998 Claudia Benton, de 39 años, al llegar a su casa fue violada, apuñalada y golpeada hasta morir. Mediante las huellas digitales halladas en el carro de la víctima lo identificaron.

El 4 de junio de 1999 Noemí Domínguez, maestra de 26 años, recibió golpes con un tubo hasta fallecer. Después de 7 días su carro fue hallado cerca del puente internacional en Del Río, Texas.

El 15 de junio de 1999 George Morber, de 80 años, fue asesinado por un disparo en la cabeza, también su hija Carolyn Frederick, de 52 años; la casa de ellos estaba a  90 metros de los rieles. Un día después un vecino reconoció la camioneta de esa familia cuando la manejaba un  individuo con la descripción de él.

Búsqueda y captura

Una mujer que al parecer tuvo una relación amorosa con Resendiz llamó a la Policía norteamericana y les entregó joyas que él le había regalado. Posteriormente, los objetos fueron reclamados por familiares de las víctimas.

Con esto ya se tenía claro quién era el criminal, solo era cuestión de tiempo para atraparlo. Drew Carter, un joven agente de Texas, entró en contacto con la familia de Resendiz, quien tenía varios parientes en Estados Unidos.

Una hermana le prometió a Carter darle información a cambio de que no le hagan daño. El trato consistía en mantenerlo a salvo y aplicarle una prueba sicológica, pero nunca negociaron que después  del juicio la corte no le impusiera la pena capital.

Lo curioso del asunto es que todos sabían que Texas era uno de los lugares donde más ejecuciones se habían efectuado contra criminales de ese tipo, así que prácticamente estaba asegurada una condena a muerte.

Fue difícil encontrarlo, pero eso cambió el 13 de julio de 1999, cuando Resendiz, fuera de todo pronóstico, se entregó a la Policía en el puente internacional de El Paso.

Pasaron 7 años hasta que recibió una sentencia. El 12 de abril de 2006 la policía de San Antonio resolvió el caso de Michael White, hombre que murió de un tiro, en 1991. Habían pruebas contundentes sobre el crimen, pero sus abogados afirmaban que estaba loco y que se entregó porque pensó que si lo mataban resucitaría después de 3 días.

Su ejecución fue programada para el 27 de junio de 2006, no obstante apeló ante la Junta de Amnistía y Libertad bajo Palabra del estado de Texas, alegando enfermedad mental y tratando de sustituir la pena de muerte por cadena perpetua, así como un aplazamiento de 180 días. Todo le fue negado.

Finalmente, el mexicano fue ejecutado con inyección letal en la cámara de muerte del estado de Texas, por uno de los asesinatos a los que fue vinculado.

“Dejé que el diablo manejara mi vida”, manifestó Resendiz antes de morir.