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Adiós a mi padre, a mi maestro, a mi gran amigo...

10 de agosto de 2011 00:00

oda su vida la dedicó al fútbol. Desde muy niño tuvo claro lo que quería ser de grande. Con un foco quemado y un par de medias nylon se inventó un micrófono inalámbrico. Con apenas seis años, en su imaginación relataba grandes victorias y cantaba los golazos de la selección nacional.

Fue un defensor aguerrido con las camisetas del Crack, Atahualpa y España en la época romántica del fútbol quiteño.  En 1961, con la divisa del Politécnico, colgó los botines.

Sus primeros pasos en el periodismo deportivo los dio en el Sistema de Emisoras Gran Colombia, Radio Nacional Espejo; también laboró en algunos diarios, incursionó en la televisión en el recordado canal 6 de Quito, también lo hizo en Telesistema. Desde 1965 y durante 10 años, con su programa Mundo Deportivo, en Radio Tarqui, se consolidó profesionalmente. En enero de 1974 fundó Nueva Emisora Central y constituyó así la primera emisora deportiva del país. 

Aquellos partidos imaginarios de su niñez, en los cuales Ecuador era protagonista,  los transformó en  realidad en el Mundial de Corea y Japón 2002, cuando en Yokohama cantó el gol de Édison Méndez,  escribiendo así  la historia del primer triunfo “tricolor”  en un campeonato mundial. Cientos de partidos, miles de goles relatados con la misma pasión. Transitó por las canchas del planeta con equipos y selecciones nacionales, siempre orgulloso con su bandera nacional como  inseparable compañera.  Profesionalmente cubrió los mundiales de Argentina 78 hasta Corea y Japón en  2002, exceptuando el de Italia 90, al que no asistió por sus funciones de Alcalde encargado de la ciudad de Quito.

Desde muy pequeño y de su mano recorrí los diferentes escenarios deportivos, crecí orgulloso y admirando su personalidad y trabajo.  Me formé con su ejemplo. Dios, con su infinita bondad, me permitió la maravillosa posibilidad de trabajar junto a él, y durante más de 30 años compartimos por  igual las alegrías y tristezas que depara esta hermosa tarea del periodismo deportivo.  Teniendo como marco innumerables  historias y anécdotas, construimos una entrañable amistad.

Me guió en esta profesión con amor y responsabilidad, nunca me privilegió por ser su hijo, al contrario, mayores fueron las exigencias, y eso se lo agradezco de corazón, ya que todo lo que soy, lo poco o mucho que he logrado en la vida, como persona y  profesional, se lo debo a Carlos Efraín Machado. La mayor satisfacción fue haber trabajado junto a mi maestro en la final de la Copa del Mundo en Francia 98.

Una mañana de agosto, la pelota se quedó quieta, su voz se silenció. Partió de este mundo dejando un legado de amor y respeto, de honestidad y afán de superación. Abrió sus puertas a todos quienes las golpearon pidiendo una oportunidad. Junto a él se formó una gran cantidad de comunicadores que hoy laboran en distintos medios.

Generoso y solidario, llevó adelante innumerables campañas para ayudar a la gente del pueblo que reclamó su apoyo. “Solo el pueblo salva al pueblo”, solía manifestar. Con originalidad, ingenio y chispa se ganó el corazón de los aficionados al fútbol.  Fue el relator del pueblo.

El pasado 5 de agosto se adelantó en el último viaje, el  que tarde o temprano todos debemos emprender. 

Seguramente,  en el cielo, Dios tenía lista la cabina para que siga cantando goles ecuatorianos.

Seguramente allá arriba estará reunido con otros grandes profesionales del periodismo deportivo, se habrá reencontrado ya con Blasco Moscoso, Carlos Rodríguez Coll, Petronio Salazar, Pepe Murillo, Jacinto Landázuri, Rosendo Benalcázar, y muchos otros, que en su oportunidad dejaron  su sello y aporte al deporte y al periodismo ecuatoriano.

Me queda de recuerdo su ejemplo, su labor incansable, su frontalidad y verdad... Me heredó un periodismo sin compromiso, sin temor ni favor, el que siempre inculcó. 

Me deja una valija enorme de valores y principios, conceptos claros y simples para trabajar con sentido nacional.

Que Dios me ilumine para continuar con su camino.

Gracias papá, gracias maestro; gracias, mi gran amigo...

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