“Si ustedes no toman en serio lo que aquí se trata...”

08 de febrero de 2012 - 00:00

“Jodido, hermano. Conociendo a estos alcaldes, la sesión empezará a las 16:00”, se lamenta agriamente un colaborador de la Prefectura del Guayas mientras el reducido ascensor -con capacidad para solo cuatro personas- sube hasta el quinto piso del edificio de la entidad.

El refunfuño tiene bases en qué sostenerse. Es conocido por quienes laboran en la corporación provincial  que la puntualidad no es virtud de los burgomaestres del Guayas. Por ejemplo, el lunes pasado la  sesión estuvo convocada para las 15:00, pero el secretario de la Prefectura recién empezó a tomar lista a las 15:30.

En ese momento ya hay  quórum. Es comprensible si se toma en cuenta que como parte del orden del día hay  un tema polémico y, sobre todo, coyuntural: los problemas limítrofes de Guayas.

Después de pasar rápidamente   tres puntos, el tema caliente se pone en escena. El alcalde de Balao, Luis Castro, había solicitado la semana anterior tratar la situación en el Consejo, debido a que “hemos dejado pasar mucho tiempo para reaccionar por las invasiones que estamos sufriendo de otras provincias”.

Una extensa explicación domina los parlantes por los siguientes diez minutos. Con notoria preocupación, Castro denuncia que funcionarios de la Prefectura del Azuay “meten máquinas a trabajar casi hasta el principio de la cabecera cantonal”.

Luego es el turno de Enrique Ríos, vicealcade de Bucay, quien se apresta a relatar cómo “en 1907 el cantón Yaguachi  declaró suya la parroquia El Carmen, donde está el recinto La Victoria que pertenece a la provincia del Chimborazo...”.

“Puta, madre, arrancó la clase de historia”, suelta descuidadamente  uno de los alcaldes en la sala, con un tono de voz que le permitirá mantenerse en el anonimato en lo que resta de la sesión.   

El turno ahora es de Marcos Chica, alcalde de Naranjal, quien afirma que se siente “impotente” ante las “invasiones” de autoridades azuayas a su jurisdicción. Las primeras carcajadas de la tarde comienzan a escucharse con más fuerza. Chica  aún no se desconcentra y continúa con su denuncia. Reitera que su administración está “impotente” ante este problema.

Mala selección de palabras de Chica, sobre todo para la creatividad  del alcalde de Santa Lucía, Edson Alvarado. “Se siente impotente el señor consejero”, espeta entre risas el burgomaestre, lo que desata más burlas entre los consejeros. “Para eso está el caldo de tronquito”, grita otro, lo que deriva en  la aguda risa de Jacqueline Ordóñez, alcaldesa de Colimes.

A este jolgorio se sumará el saludo de Alvarado a Jairala. Cuando  toma la palabra  le confiesa “su alegría por tenerlo de vuelta”, lo que provoca chiflidos y besos volados. 

A estas alturas  -las 16:30- la sesión entra en su punto más polémico. Dos bandos en la sala concuerdan en redactar un texto en el que se critiquen las “invasiones”.

Unos quieren que la resolución se apruebe en ese  momento, mientras que los otros apoyan que se lo escriba con mayor calma y se lo publique la semana entrante.

Jairala -al ver que su propuesta  de convocar una consulta popular en las zonas en conflicto no prosperó- decide plantear que sea el departamento jurídico de la institución que dirige el que elabore el documento.

Alvarado reclama. Lamenta que su propuesta de que se redacte un rechazo esa misma tarde no se acoja. Critica al Prefecto, al asegurar que eso sería dilatar el tema, “por lo que deje nomás, retiro mi moción”.

Jairala busca la reconciliación,  pero Alvarado no entiende de razones. “No, deje nomás. Si vamos a seguir más días, disculpen compañeros, pero eso es seguir tonteando. Yo retiro mi moción y no pasemos más tiempo”, grita el molesto consejero  en el auditorio.

Jairala, desistiendo de hacer comprender a Alvarado, ahora intenta explicar al resto de la sala sobre lo que se votará. El plenario  se vuelve un caos, todos hablan al mismo tiempo, aunque una vez más la voz aguda de Ordóñez predomina. 

Luego de la votación, ya todos están relajados. Un alcalde más quiere hablar del tema de los límites, pero está tan distendido el ambiente que las risas y las chácharas no se lo permiten. El burgomaestre Castro se pone de pie y hace callar al salón con sus gritos: “Si ustedes no van a tomar en serio lo que aquí se trata, lo que aqueja a mi población, me retiro”, exclama indignado, mientras  se va y azota la puerta.

El regaño hace que la calma retorne. Todos comienzan a salir y como se lo dice el alcalde de Yaguachi, Daniel Avecilla, a  su homólogo de Jujan, Jorge Herrera, “nos acaban de enviar a todos a la casita de...”.

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