Para empresarios, el proyecto de ley es un “desincentivo”

31 de octubre de 2012 - 00:00

De uno en uno llegaban los asambleístas e invitados a la Comisión de Régimen Económico para tratar el proyecto de Ley de Redistribución del Gasto Social.

Los comentarios sobre la tarde lluviosa en la capital fueron la antesala del debate, en donde el documento fue duramente criticado por los sectores productivos del país, representados por Pablo Dávila, presidente de la Cámara de Industrias de Pichincha; Blasco Peñaherrera Solah, presidente de la Federación de Cámaras de Comercio; Roberto Azpiazu, director ejecutivo del Comité Empresarial Ecuatoriano y Gino Descalzi, presidente del Comité Empresarial Ecuatoriano.

La comisión contó con la mayoría de sus integrantes -algunos llegaron tarde por el temporal- y la sesión, prevista para las 14:30 inició con 15 minutos de retraso.

Con la sesión ya instalada, Dávila fue el primero en exponer. Explicó que la ley afectaría la liquidez, rentabilidad y el nivel de capitalización del sector financiero, y enfatizó que la banca depende de la capitalización para su actividad crediticia. Mencionó que eliminar los beneficios tributarios y fijar techos a los salarios de los ejecutivos de la banca  generaría una restricción a las actividades económicas y no permitiría la libre contratación. “Pedimos que este tema sea analizado con responsabilidad y se considere los aspectos que hemos planteado”.

Un ejecutivo de la banca gana $900 mil anuales, es decir $ 70 mil al mes o 2.000 dólares al día, denunció el Primer Mandatario el sábado anterior en el enlace ciudadano. Y las ganancias de la banca en lo que va del año superan los 300 millones de dólares. Con esos antecedentes, el incremento del Bono de Desarrollo Humano sería financiado en un 54% por la banca (el Gobierno espera recaudar 164 millones con el proyecto de ley) y lo demás por el Estado.

El debate continuaba y algunos asambleístas salían al pasillo para dar declaraciones a los periodistas, que insistían en obtener sus testimonios. Otros miraban con atención a sus computadoras o chateaban desde sus móviles. Francisco Velasco, presidente de la Comisión, con su mirada increpaba y escuchaba las exposiciones de sus invitados. “Ubícate” fue la palabra con la que Blasco Peñaherrera inició su discurso, no tuvo diapositivas como Dávila, pero sí una hoja de papel con varios apuntes.

El empresario pidió al Gobierno y a la Comisión que se ubiquen, evocando la sabiduría de las nuevas generaciones y afirmó que la ley es un nuevo paquete tributario, disfrazado de bono. “Al Presidente creo que le gusta el Halloween porque envía nuevos impuestos disfrazados de bono, pues hace un año que estuvimos acá,  se presentó un paquete tributario, pero disfrazado de ecológico”. Y para concluir, recomendó que es necesario que la ley se archive para no inestabilizar al país.

Las galletitas se terminaban en la mesa de la Comisión y una hora de debate había transcurrido. La prensa, alrededor de la mesa legislativa -ya rendida- ahora atendía a Roberto Azpiazu, quien dijo que el proyecto era una pésima reforma tributaria, lo que motivó los susurros de asambleístas como Juan Carlos Cassinelli y Christian Viteri. Aspiazu comentó que la reforma de ley desestimularía la inversión nacional y extranjera y deja en evidencia que entre el sector financiero y el Gobierno no existe un  acuerdo. “El régimen de la revolución ciudadana sigue con el discurso de que la carga tributaria es baja e insuficiente”.

El nuevo proyecto de ley plantea el incremento del 0,25% y 0,35% al Impuesto a los Activos en el Exterior; la aplicación del Impuesto del Valor Agregado (IVA) a los servicios financieros y se plantea que las instituciones financieras  privadas cancelen el 23% del Impuesto a la Renta como hace el resto de ciudadanos, pues la banca no está considerada como un sector productivo sino de intermediación (acumula dinero para prestarlo con intereses).

Gino Descalzi -más conciliador- propuso que el Gobierno  sea más creativo en el tema de tributos y recomendó que el debate en la Comisión sea tratado con mesura y con tino. “Quisiera que la próxima reunión sea para tener la noticia de que eliminaremos este bono y ojalá en la mitad o en un 100% y aplaudiendo que mi país tenga empleo”. La sesión continuará hoy.

Lectura estimada:
Contiene: palabras
Visitas:
Enlace corto: