El abogado manabita que se convirtió en amazónico

14 de octubre de 2012 - 00:00

Fue una guerra desigual, pero al final ganó el que  parecía  más débil: los habitantes de las comunidades en las provincias de Sucumbíos y Orellana.  Este triunfo tiene un responsable:  Pablo Fajardo, un abogado que se apropió de una lucha a favor no solo de los habitantes de la zona, “sino también del entorno amazónico que es un tesoro irreparable”. Así lo explica él mismo.

Este jurista  lideró el equipo defensor de la causa de los 30 mil indígenas y campesinos que, en 1993, iniciaron en Nueva York una demanda  en contra de la petrolera Texaco por haber ocasionado severos daños  durante la extracción del hidrocarburo.

La  lucha de Fajardo ahora parece terminar cuando la Corte Suprema de Estados Unidos rechazó  el pedido de la petrolera Chevron (antes Texaco) de bloquear el fallo ecuatoriano emitido por la Corte de Sucumbíos, la cual  dispuso el pago de más de $ 19.000 millones a las comunidades amazónicas por daño ambiental causado por la transnacional.

El proceso llegó al máximo tribunal norteamericano porque un juzgado inferior levantó una orden que bloqueaba la aplicación del fallo ecuatoriano en contra de Chevron. Finalmente  la Corte Suprema revocó esa decisión.

Pese a eso,  James Craig, asesor de comunicación de Chevron Corporation para América Latina, dijo que la compañía continuará defendiéndose contra los intentos de los demandantes.

Este pronunciamiento lo hizo a pesar de que a  inicios de agosto pasado la Corte de Sucumbíos emitió una providencia indicando que Chevron tenía 24 horas para cancelar a los  afectados  o, en su defecto, dimitir (en ese mismo plazo) bienes equivalentes a dicho monto libres de gravámenes.  La tarea no se cumplió y los demandantes pidieron a la Corte órdenes de embargo que aún no tienen respuesta.

Fajardo  se mostró satisfecho por la resolución de la Corte.  “La lucha recién empezó y no nos daremos por vencidos hasta que se haga justicia y que la sociedad conozca la atrocidad que cometen las petroleras”, afirma este abogado que ahora es conocido mundialmente.

¿Quién es este ciudadano que se enfrentó a una de las transnacionales más poderosas del planeta? Fajardo es costeño. Nació en El Carmen, en Manabí, en 1972. Ese mismo  año Texaco extrajo el primer barril de petróleo en Ecuador.

Tiene 10  hermanos: nueve varones y una mujer. Él es el quinto.
Viene de una humilde familia de agricultores. El abogado recuerda esa época  con cariño: “Pasábamos de un lugar a otro, escapando de la sequía. Cuando yo estaba en primer curso viajamos  al Oriente. Empecé a trabajar”. Durante el día laboraba en la empresa  Palmeras del Ecuador. En la tarde y noche  estudiaba.

De ahí nace su relación con la Amazonía ecuatoriana, la cual se acrecentaría con los años.
Su título de bachiller lo obtuvo gracias a una  beca entregada por  la comunidad de los padres capuchinos. Su formación superior, como abogado, la hizo  en la Universidad Técnica Particular de Loja. 

Quienes conocen al   jurista lo describen  como una persona muy tranquila, pero  convencido de su lucha.   Su padre, José Fajardo Pincay, en cambio lo califica de emprendedor, es el orgullo de la familia.
Su madre, María Auxiliadora Mendoza, ex curandera y partera de El Carmen, lo define como el más extrovertido del hogar.

Silvia Chasi, integrante de la organización Verde Azul, destaca la paciencia de Fajardo. “La pelea fue como la de David contra Goliat. Pero él y su equipo demostraron que es posible lidiar una batalla”, comentó la activista.

Su familia también celebra la victoria conseguida contra Chevron. Sin embargo, la madre está  muy preocupada, puesto que durante casi 20 años de pelea su hijo ha enfrentado momentos muy duros, no solo por las permanentes amenazas, sino, incluso, por  el asesinato de su hermano, ocurrido en 2004. “He tenido amenazas, amedrentamientos, no solo para mí, sino también para el equipo de trabajo, pero la lucha no se ha detenido porque esta batalla fue en equipo”, comentó el abogado. 

Fajardo labora junto a un grupo de abogados ecuatorianos y neoyorquinos. Recibe apoyo económico y profesional de un bufete en Filadelfia (Estados Unidos) y de organizaciones conservacionistas y ecológicas, como el Frente de Defensa de la Amazonía (Lago Agrio) y Amazon Watch (San Francisco, EE.UU.). También cuenta con el aporte de los propios amazónicos, compañeros financistas que han apoyado la causa desde el inicio.

Fajardo y el grupo de letrados no hablan de los montos económicos que han tenido que desembolsar para hacer frente a “Goliat”. Pero afirman que la inversión ha sido mínima si se toma en cuenta la millonaria inversión que ha realizado la empresa petrolera, con el objetivo de no cancelar la indemnización y poner a la opinión pública estadounidense y mundial de su parte. Hay un estimado de 200 a 300 millones de dólares al año. “Hay un gasto inmenso de Chevron por obstruir la justicia”, aclaró.

Mientras tanto en Ecuador están a la espera. Los afectados quieren que la Corte de Sucumbíos emita una orden de embargo para que los activos de Chevron en el país puedan ser tomados por las comunidades. Los demandantes buscan cobrar la indemnización mediante el embargo  de los activos que Chevron tiene en el Ecuador, que son algunas marcas como Havoline, Texaco, Ursa.

Después iniciarán los trámites para que  Ecuador no cancele a Chevron un monto de 96 millones de dólares por un arbitraje. “Creemos conveniente que la Corte de Sucumbíos ordene al Estado que pague a la comunidad amazónica los 96 millones como parte de la deuda de Chevron”.  Luego se seguirá la búsqueda de los activos de Chevron en otros Estados. Los primeros  en donde se localizaron fueron Brasil y Argentina; faltan otros 8 países más hasta completar la deuda. Pero también se plantearán otras acciones legales en América Latina.

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