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Un padre pide ayuda para su hijo torturado por los metropolitanos

Un padre pide ayuda para su hijo torturado por los metropolitanos
02 de abril de 2011 - 00:00

“Mi hijo está enfermo, trastornado, necesita urgentemente un tratamiento psiquiátrico”, menciona Miguel Salazar Torres tras comentar sobre el delicado estado de salud mental de su hijo Miguel Salazar Haro, quien hace dos años fue víctima de actos de tortura y violaciones a los Derechos Humanos por parte de policías metropolitanos.

El hecho ocurrió el 10 de junio de 2008 cuando Salazar Haro, de 40 años de edad, fue detenido por policías metropolitanos durante una manifestación de comerciantes informales, en los alrededores del Mercado Central, en Guayaquil. 

Según  Salazar, su hijo no participaba de la protesta, pero los policías lo agredieron cuando salió en defensa de una señora que era maltratada por los metropolitanos.

“Lo patearon y embarcaron en el balde de una camioneta y lo llevaron hasta el Palacio Municipal donde unos diez uniformados lo torturaron, le cubrieron la cabeza con una funda plástica y le echaron gas lacrimógeno”, expresa.

Luego fue trasladado hasta el Cuartel de  la Policía Metropolitana, al norte de la ciudad.

Salazar comenta que entonces su hijo sufría una discapacidad mental de un 60% como consecuencia de un accidente de tránsito que sufrió a los 22 años de edad.  También señala que el día del ataque su hijo portaba su  carnet del Consejo Nacional para la Discapacidad que lo identificaba como discapacitado, pero también tenía su carnet de afiliación al Partido Alianza PAIS.

Sin embargo,  “el alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot se presentó ante  los medios de comunicación diciendo que la manifestación fue provocada por grupos afines al Gobierno y acusó a mi hijo de ser responsable de la revuelta y presentó su carnet de afiliación a Alianza PAIS, pero nunca dijo que era discapacitado”, relata. 

Al día siguiente de los disturbios, Salazar visitó a su hijo en su celda, aún adolorido por los golpes, y luego se dirigió al Departamento de Justicia y Vigilancia del Municipio en donde le indicaron que en la tarde de ese día tenía que retirar el informe  sobre los cargos contra su vástago.  

Según relata Salazar, ese mismo día regresó, a las 16:00, al Cuartel donde  funcionarios  del Municipio le dijeron que no había ningún detenido con esas características. “Me dí cuenta de lo que estaban haciendo y  bajé corriendo  a la celda donde momentos antes había hablado con mi hijo y no lo encontré. Los otros detenidos  me dijeron que los metropolitanos acababan de sacarlo en una camioneta”, dice.

El detenido fue  abandonado cerca la Penitenciaría del Litoral y amenazado de muerte si denunciaba lo ocurrido. Cuatro días después fue encontrado por sus familiares,  al sur de la ciudad.

Salazar denunció este caso ante las autoridades de justicia, pero aún no ha sido sancionado y al momento todavía se encuentra en indagación previa en la Fiscalía del Guayas.

Pero lo que  más le preocupa a su familia   es que la salud mental de Salazar Haro ha empeorado y no tienen recursos para atender su tratamiento psiquiátrico.

Su padre comenta que desde hace dos años su hijo vaga por las calles de la ciudad como “un loco”. Recientemente uno de sus hermanos trató de ayudarlo y lo llevó a vivir a su casa, pero un día en medio de una crisis mental tomó un cuchillo e intentó matar a un pariente. Desde entonces, Salazar  regresó a las calles. “Se ha convertido en un peligro y me da pena su situación porque es mi hijo y no sé cómo ayudarlo”, menciona su padre en tono afligido.

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