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El Telégrafo
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Muerte de animales, eje de la polémica

Muerte de animales, eje de la polémica
25 de marzo de 2011 - 00:00

 

Redacción Actualidad
Guayaquil

 

La consulta popular que se realizará el próximo 7 de mayo ha despertado un intenso debate en torno a uno de los temas más polémicos, como es la prohibición de las corridas de toros en el país.
Diversas organizaciones  defensoras de los  animales, incluso ambientalistas, se han unido para expresar su  abierto apoyo  a la prohibición de esta actividad considerada por sus aficionados como una “práctica deportiva”.

En esta coalición se encuentra  Diabluma, una organización político cultural de izquierda radical con presencia en varios países, que realiza campaña  a favor de la pregunta 8 que dice: ¿Está usted de acuerdo que en el cantón de su domicilio se prohíban los espectáculos que tengan como finalidad dar muerte al animal?

El vocero de Diabluma en Ecuador, Felipe Ogaz, califica las corridas de toros como un “acto sanguinario innecesario”. Por ello, cree que  la consulta es una buena oportunidad para que la gente tome conciencia de su verdadera relación con la naturaleza y  se suspenda este tipo de prácticas en el país.

“Es fundamental que la gente conozca que la supervivencia de la especie humana no cambia la relación que hay entre el hombre y el medio ambiente.  Deben entender que podemos divertirnos de otras formas”, expresa.

El activista considera que  las  corridas de toros son  un “símbolo de la opresión española que debe ser erradicado de nuestras costumbres”. También critica que las ferias taurinas adopten nombres religiosos como la de  Jesús del Gran Poder, que se realiza en Quito.

Pero lo que le parece más preocupante es la violencia que se ejerce sobre los animales.  “El animal es un ser vivo y tan importante como el ser humano. Sin embargo, nos sentimos tan superiores y solo estamos concentrados en nuestro desarrollo sin velar por nada  más”, enfatiza.

En este sentido, el propósito de Diabluma -dice Ogaz- es abrir  un debate en torno al respeto por la vida de los animales. “Queremos romper con  el sello habitual de los que creen que porque somos la raza humana tenemos  derecho a destruir todo lo que nos rodea. Esa posición tan prepotente nos está arrastrando hacia nuestra propia destrucción”, asevera.

Alexis Carrasco, un activista chileno que visita nuestro país, también respalda la prohibición de las corridas de toros y resalta que  esta práctica fue abolida en su país, donde no tuvo gran  acogida.

Para Carrasco es “inmoral”  que haya personas que se lucren con este tipo de actos que conllevan al sacrificio público de animales. También defendió la postura de aquellos que están en defensa de los animales, aunque considera que esta no debe ir al extremo de anteponerlos sobre el bienestar de las personas.

Se estima que en Ecuador existen  400 ganaderías de toros bravos, ubicadas la mayor parte en  la serranía. Al menos  300 de ellas pertenecen a  comunidades indígenas.

Diabluma  resalta en su página digital una encuesta realizada  por la empresa  Cedatos, en 2010, en la que se señala que el 72% de los quiteños considera que las corridas de toros son una constante tortura y sufrimiento del toro, así como de los caballos que participan en la misma.

En la encuesta, que fue realizada en dos mil hogares, también se indica que el 57% de los habitantes de la capital está de acuerdo con que haya una ley que prohíba las corridas de toros, mientras que un 12% no se pronuncia al respecto. (MAP)

 

 

 

Redacción Actualidad
Quito

 

Para los amantes de la tauromaquia no hay sentido en que una corrida no incluya la muerte del animal en el centro de la plaza.

Entendidos en la materia sostienen que la muerte del toro es parte esencial del espectáculo. Por ello, consultar al pueblo si está de acuerdo con  que se prohiban los espectáculos que tengan como finalidad dar muerte al animal, es un tema que genera inquietud para quienes dedican su vida al arte taurino y viven de él.

Un estudio efectuado por la Asociación de Toreros del Ecuador detalla que 97 mil familias sobreviven gracias a la industria taurina. De la que además se benefician 80 sectores en forma directa e indirecta con la organización de espectáculos taurinos.

El área turística es una de ellas. En los últimos cinco años, los ingresos por turismo superaron los 500 millones de dólares durante las festividades de la capital.
Solo en el 2008 los ingresos hoteleros por los seis  primeros días de diciembre se ubicaron en 4 millones 300 mil dólares.

Efraín Moreno, más conocido como “El Vito”, es el sastre de la plaza de Iñaquito.

Veinte años le ha dedicado a esta actividad que la perfeccionó en Colombia. Ahora, trabaja junto a sus hermanos en el diseño de la vestimenta de toreros y banderilleros.
Con desánimo, “El Vito” espera que el 7 de mayo la gente reflexione su voto.

“Lamento mucho que no nos hayan escuchado”, dice, mientras relata que la confección de un traje de torero puede llegar a costar 2.500 dólares.

“Nos sentimos aludidos, el trabajo es por épocas, pero de eso sobrevivimos. La industria taurina es generadora de empleo y antes de tomar cualquier decisión se debió hacer un estudio”, manifiesta.
Augusto Barreiro, en cambio, dedicó 45 años de su vida al toreo y banderillero, y de su profesión alimentó a su familia. Él sobrevive de los aportes que por jubilación tramita la Asociación.

Milton Calahorrano, presidente de la organización y torero de profesión, señala que consultarle a la población sobre el tema es antidemocrático, porque no se piensa en las personas que trabajan en este arte.

“Pienso que no es democrático preguntarle al pueblo si mi trabajo debe seguirse o no realizando”, enfatiza, no sin antes destacar que existen cantones en el país en donde no se realizan corridas de toros.

Agrega que este tipo de decisiones “coarta también las libertades individuales”.

“Cada ser humano tiene la capacidad de decidir qué es lo que quier ver, a dónde quiere asistir y hasta en dónde quiere estar. Es un atentado a las libertades individuales de las personas, a la libertad cultural y al derecho al trabajo”, explica.

Calahorrano lleva 12 años ejerciendo su profesión, pero desde niño su mayor sueño siempre fue ser torero, como lo fue su padre.

A él, como al resto de sus compañeros, le preocupa qué vendrá después de la consulta popular.

“Estamos convencidos que el día de mañana  se erradicará la muerte del toro de forma pública, pero es mentira que el toro no va a morir. En Portugal se realizan corridas de toros y no se mata al animal públicamente, pero pasa la puerta y de inmediato se lo mata”, afirma.

Puso como ejemplo que un toro de engorde cumple su ciclo a los 2 años 8 meses; mientras que uno de lidia a los cuatro años, porque ya no tiene sentido alimentarlo.

Se conoce que a escala nacional existen 450 festejos taurinos en el año.

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