La prensa privada ya no informa en sus titulares

16 de junio de 2013 00:00

Los diarios nacionales han dado una clase de la peor forma de titular sobre un hecho relevante. No les importa la noticia ni el interés público, mucho menos si a sus lectores los pueden engañar. Asumieron como una bandera de lucha oponerse a un mandato popular y constitucional.

Por primera vez diario Hoy de Quito “mancha” su portada. En un acto de rechazo ilustra su portada como si fuese un cristal contra el que se ha lanzado algo y se rompe. Si hay un mensaje queda claro, pero también hay otro: se han manchado así mismo. Si en ese periódico, como en cualquier otro, hay una norma básica: la portada es como la entrada a la casa, esta vez hicieron que esa entrada quede sucia y manchada para que los lectores ingresen a sus páginas. ¿Con eso se impide leer e informar? Claro que sí, ese era el propósito. Igual les da: si se informa o no eso no es lo fundamental, lo de fondo es la reacción que aspiran a crear en el poder político.

La desinformación
es evidente al no destacar que se cumplió un mandato popular
¿Cuál era el titular de Hoy?: “El periodismo secuestrado por el poder”. ¿Cuáles son sus evidencias y pruebas? ¿Si es así por qué adentro no hay una sola mención a quienes sí apoyaron la ley? ¿Quiénes son los secuestrados por Hoy? ¿Quienes apoyan una ley?

¿Qué entiende diario Expreso por estupor? Su titular de ayer fue “Estupor en el periodismo por la Ley de Comunicación”. Si lo  usaron como sinónimo de sorpresa se miente porque se sabía que se iba a votar, que había mayoría para ello. Ese “estupor” solo es para escandalizar. Y por eso desinforman porque además de usar mal un sustantivo, al generalizar dan por hecho que todos los periodistas tenemos estupor sobre eso. Si se hace una encuesta verificaríamos todo lo contrario.

Y El Comercio, en la misma lógica, no titula sino que editorializa desinformando a sus lectores: “Tiempos oscuros para opinar e informar”. Con eso han colocado su tesis política: con la ley ya no hay periodismo. Sin embargo, cuando se observan las páginas interiores, ocurre todo lo contrario: en cada una de sus páginas se opina y se informa sin ninguna restricción. ¿Mienten? ¿Desinforman? ¿Se autoengañan para justificar una postura política e ideológica? Sí, y por eso ese periodismo pierde más credibilidad, no el que informe adecuadamente, con todos argumentos y los elementos para que la ciudadanía asuma sus propias opiniones.

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