El ministerio de ambiente estableció medidas de seguridad en el ingreso al puente

Dos horas de caminata para conocer la isla Santay

- 09 de junio de 2014 - 00:00
Las cocodrileras es uno de los puntos más visitados durante el recorrido de la ecoaldea. Foto: Lylibeth Coloma│El Telégrafo

El ministerio de ambiente estableció medidas de seguridad en el ingreso al puente

A las 09:00 hay poca actividad al pie del puente que une la ciudad con la isla Santay, zona protegida por el Ministerio del Ambiente (MAE) y a la que, hasta hace casi una semana, solo se podía acceder por vía fluvial.

En el sitio, donde termina la calle El Oro, en el sur de la ciudad, aproximadamente 50 personas hacen columna para pasar por una de las 2 garitas que se encargan de registrar a los visitantes.

Para ello, las personas deben dar su nombre y número de cédula. En ese momento del día, llegar hasta este punto toma aproximadamente 10 minutos.

Una persona con camiseta con el logo del MAE se encarga de poner a cada visitante una banda adhesiva (azul o verde). “Esto lo hacemos por su seguridad... ya ha entrado gente mala a robar”, afirma.

Con la cinta, acota, se busca saber quién entra y quién sale. Cada bolso es revisado a la entrada, aunque no se pide documento alguno. “Por eso hay policías arriba y en la isla”.

No todos usan el puente para llegar a la Santay. Manuel Tenecela, de Colinas de la Florida, por ejemplo, prefirió instalarse bajo una de las 8 toldas y comenzar a pescar junto a su nieto Phillip, de 10 años.

Varios metros de nylon envueltos en un pedazo de madera sirvieron como caña de pescar y un camarón pomada en el anzuelo sirvió como carnada. “Esto ayuda a uno a desestresarse, así no se pesque nada pero ojalá pique aunque sea un bagre”, dijo el adulto mayor.

Llegar al paso peatonal que conduce hasta la ecoaldea toma hasta 15 minutos a pie. La gente debe, obligadamente, tomar hacia la derecha porque el tramo de la izquierda, que en un futuro conducirá hasta Durán, está bloqueado.

La vía está construida en metal y con colores marrones. Durante todo el camino acompaña el trino de algunas aves que se ocultan entre los manglares. Pocas especies, como la garza azul y el cangrejo violinista, se deja ver sobre el lodo.

Desde aquí se comienza a observar un elemento inevitable en sitios de recreación: vasos y botellas de plástico yacen en medio de mangles aunque en una cantidad mínima. Apenas un par de tachos de basura se encuentran en esta parte del camino.

Incluso en las cocodrileras, hasta donde se llega tras casi hora y media de caminata, alguien se atrevió a lanzar una botella de plástico hacia los reptiles. El personal encargado del MAE no pudo ubicar al responsable.

Para retirarse del sitio las personas pueden optar por salir a pie o en lancha, aunque apenas existe una de estas naves con capacidad para 28 personas, con frecuencia cada 20 minutos, y los turistas deben esperar hasta una hora. Aquellos que optan por regresar a pie hasta Guayaquil deben repetir el trayecto de casi 45 minutos.

El MAE estableció horarios de visita para quienes deseen conocer la isla Santay: de lunes a domingo, desde las 06:00 hasta las 17:00. El acceso es totalmente gratuito.

Las cocodrileras es uno de los puntos más visitados durante el recorrido por la ecoaldea.

DATOS

En el 2000, la isla Santay fue declarada humedal Ramsar (de importancia ecológica internacional).

La construcción del paso peatonal que conecta Guayaquil-Santay representó una inversión de $ 14’269.825.

En julio se concluirá el tramo Durán-Santay.

A las 16:00 del sábado anterior se cerró el acceso hacia la isla Santay. Este Diario intentó contactar vía telefónica a las autoridades del MAE para conocer las razones, pero hasta el cierre de la edición no hubo respuesta.

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