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El Telégrafo
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“Creo en la integración como en Dios”

“Creo en la integración como en Dios”
08 de junio de 2013 - 00:00

Según el expresidente brasileño Luiz Inácio Lula Da Silva, la sociedad debe participar en política, afuera no hay solución, dijo en el Teatro de la Casa de la Cultura. Foto: API

El exmandatario brasileño Luiz Inácio Lula Da Silva es frontal. No tuvo reparos en decir lo que piensa y cree. Su esperado discurso lo ofreció sin grandilocuencias, con un lenguaje coloquial, que a ratos provocó más de una carcajada de los asistentes, a quienes mantuvo cautivos por más de dos horas en el Teatro de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, que se llenó.

Se lo ve un poco más delgado que antes. Su rostro ya no presenta la espesa barba que usó en los ocho años que gobernó Brasil. Ahora luce un bigote de estilo mostacho y unos pequeños lentes que se los puso justo en el filo de su nariz cada vez que los necesitó.

Su vitalidad contagió y esa energía se canalizó en sus brazos, los que movió constantemente mientras conversaba con el público. Esa gesticulación  se volvió un torbellino, al igual que sus palabras. Del cáncer a la laringe, que superó en  2011, no quedan vestigios.

“Las personas deben creer en la democracia como la única solución para resolver los problemas en sus países”, dijo. Dentro de los procesos democráticos se debe escuchar a todos, tanto a los que simpatizan con el régimen  como a los que están en contra de los preceptos ideológicos de los gobiernos de turno, prosiguió.

“Hoy América Latina es la región que más crece y enfrenta la pobreza”, sostuvo y puso como ejemplo a su país, el cual, según su criterio, tardó 10 años en consolidar el proceso democrático. Para lograrlo se reunió con líderes sindicales, sociales, ciudadanos de la calle, mujeres, indios, “pero no fue fácil, hubo varias reuniones tensas”.

“No van ayudar a Rafael (Correa) siendo lamebotas del Presidente  y diciéndole mentiras, lo mejor es ser honestos con nosotros mismos, por eso hay que decirle siempre la verdad”Recordó sus inicios y detalló que fue el primero en llegar a la presidencia de Brasil sin un título universitario, pero que paradójicamente fue el primero que construyó más universidades en ese país. “En 100 años, las élites diplomáticas construyeron 214 centros educativos, yo construí 14 universidades, 126 campus universitarios y más de 1’300.000 personas retomaron sus estudios”.

Cuando mira los cambios en Ecuador, Bolivia y Argentina, piensa que valió la pena creer en la política. Confesó que mantuvo reuniones tensas con mandatarios como Hugo Chávez, de Venezuela, a quien en muchas ocasiones le sugirió “dale suave compañero”. Tuvo que entender mucho la concepción de Néstor Kirchner, de Argentina, que buscaba industrializar a ese país.

Ocho años después eligió a una mujer, Dilma Rousseff, para que sea su sucesora. “Los países grandes deben ayudar a los chicos, para que todos crezcan. América Latina es una región más biodiversa, que más cantidad de bosques tiene, fuentes de agua dulce y más juventud creativa posee”, describió.

Para él,  los países suramericanos “deben  ser soberanos y hacer crecer nuestras economías, no hay nada más barato que invertir en los pobres”.

“Tomé la decisión de no deberle al FMI y me dijeron que no tenía que  pagarles en ese momento, yo tuve el coraje y les pagué. Ellos deben 14.000 millones ahora al Brasil”¿Por qué invertir en los pobres?, se preguntó y tuvo su propia respuesta: “Porque ayudas a los pobres para que pasen a ser consumidores y la economía gira y todos empiezan a trabajar”.  “Los pobres no quieren ser toda la vida albañiles, y por ello apoyamos la educación”, detalló, al referirse a la Universidad Latinoamericana que funciona en Iguazú, en la frontera entre Paraguay y Argentina, como un apoyo a la juventud latinoamericana.

“Creo en la integración como en Dios”, acotó. “No veo una solución fuera de ello, si no nos comprendemos y ayudamos, pasaremos el siglo XXI tan pobres como fuimos antes”. Su filosofía es parte de lo que llama doctrina latinoamericana de la integración, que está trabajando con varios intelectuales de la región. “La relación entre los Estados exige habilidades políticas”, dijo, a la vez que apoyó la iniciativa ecuatoriana de crear instancias para resolver los problemas fuera de la OEA y de La Haya.

ENCUENTRO CON EMPRESARIOS

Ayer Lula Da Silva dictó una conferencia sobre desarrollo económico, en el hotel Marriott, en Quito y luego la Universidad Andina Simón Bolívar le entregó el doctorado honoris causa.

Lula dijo a los empresarios que deben trabajar en conjunto con el Gobierno. “La democracia no es un pacto de silencio, es la búsqueda permanente del bien común, que está  siempre en perfección”, afirmó y resaltó la integración. ”Los empresarios deben y pueden poner en práctica todos los acuerdos que hacen los políticos”, manifestó.

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