Grandes plumas: Gonzalo Zaldumbide Gómez

- 11 de agosto de 2019 - 00:00
Edición diario EL TELÉGRAFO, jueves 26 de junio de 1919, página 4, sección Los Jueves Literarios.

Nació el mismo año en que se fundo diario EL TELÉGRAFO, el 25 de diciembre de 1884 en Quito. Hijo de Julio Zaldumbide y de la señora Rosario Gómez de la Torre. Inició su aprendizaje en Ibarra y luego en el colegio San Gabriel de los jesuitas en la capital, culminando sus estudios en la Universidad Central en la Facultad de Jurisprudencia. El gobierno de Leonidas Plaza le concedió una beca para que continúe en París. Falleció el 30 de noviembre de 1965.

EL DILEMA DE LA GUERRA

El último libro de Francisco García Calderón es uno de los tres o cuatro grandes libros de ideas sobre la guerra. No me sorprendería el verlo calificado por los competentes como el mejor y más fuerte de entre ellos. En ninguno quizá como en este, palpita, viviente y sangrante, la filosofía de la catástrofe. En esas páginas densas, cargadas de lo inevitable, se siente pesar en verdad la invisible lógica fatídica, el sino de la tragedia, desde sus orígenes subterráneos y su milenaria acumulación hasta su concomitancia con estadísticas implacables.

Mas si siente el ánimo opreso todo el agobio, la angustia crepuscular de este ocaso de siglos, al terminar la lectura percibiese la distante, la planetaria gravitación de las ideas que van rigiendo en el caos el advenimiento de un “novus saeclorum ordo”.

En este libro ingente y sostenido, el autor donde no lo sobrepasa de fuerza lúcida y rauda, va por lo menos de par con los Ferrero y los Benda, vale decir con los maestros mejor preparados y más soberanamente inteligentes. Extraordinaria cosa que un intelectual sudamericano haya podido llegar a este domicilio de Europa y del mundo moderno a esta resonancia como de cúpula excelsa en que repercuten las voces universales.

Algo más del personaje

En 1911 empezó su carrera diplomática hasta llegar a ser Ministro de Relaciones Exteriores de Ecuador.

Roma (1922), Francia (1923), aqui mantuvo amistad con Charles Maurras, idealista ferviente de la Unidad francesa, europea y la la unificación de América; Washington (1927), Ginebra y Perú (1937, Colombia (1940), Brasil (1942), Londres (1950) y Chile (1951).

Sus obras literarias empezaron en 1909, con su obra Égloga trágica y más adelante los siguientes textos:

El Significado de España en América (1928), Elogio de Bolívar (1933), Carlos Montúfar (1943), De Ávila a la Pampa (1949), Homenaje a Carlos V (1958) y José Enrique Rodó (1959).

Fue Miembro de Número y Director de la Academia Ecuatoriana de la Lengua, Miembro de la Academia Argentina de Letras y de la Real Academia de la Lengua Española.

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